Dunkerque: Un manifiesto contra Netflix

05 de agosto de 2017 02:30 PM

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Por Rodrigo Martínez.

Twitter: @jeavybreathing

Un fantasma recorre el viejo continente: el fantasma de Netflix. Todas las fuerzas de la trasnochada Europa se han unido en santa cruzada para acosar a ese espectro californiano; los púberes hackers británicos que intentan filtrar los new releases semana tras semana; los alemanes insensibles que no empatizaron con Hannah Baker en 13 Reasons Why; los gorditos holandeses que encontraron irritantes los dilemas de Eli en To the Bone; los fachos del mediterráneo que negaron sentirse atraídos por Nomi Marks en Sense8; los radicales franceses del Festival de Cannes que casi deshuesan a Okja para hacer embutidos, y Christopher Nolan.

A comienzos del siglo XX el cine todavía era un “invento” reciente. Por aquellos días la Motion Picture Patents Company se encargaba de regular todos los adelantos tecnológicos relacionados al séptimo arte en Estados Unidos. En 1909, la MPPC determinó que 35 milímetros sería el estándar a utilizar para imágenes fijas y películas. Con el paso del tiempo la MPPC desapareció y la industria cinematográfica empezó a sentirse amenazada por el home entertainment, Dunkirk fue rodada en su totalidad en 70 milímetros utilizando cámaras IMAX.

Las escenas de combate aéreo son de una espectacularidad solo comparable a las de la saga Star Wars, el soundtrack es inmersivo, casi claustrofóbico, y como en toda película de Nolan la tensión está garantizada, a pesar de esto, queda la sensación de que a Dunkirk le hicieron falta personajes femeninos, unos cuantos nazis y algo más de acción. Duele ver cómo Nolan invisibiliza de manera grosera el rol que tuvo la mujer durante la Segunda Guerra Mundial, reduciéndolo a dos o tres enfermeras que no alcanzan a tener ni un minuto de parlamentos.

El estreno de Dunkirk coincide con las declaraciones de Nolan a Indiewire en las que asegura que las políticas de distribución de Netflix “no tienen sentido, y no las entiende”. Nolan encuentra en Netflix un enemigo del séptimo arte: una compañía que invierte fuertes sumas de dinero en producir películas que nunca serán proyectadas en una sala de cine.

Mientras Nolan siga craneando experiencias como la que brinda Dunkirk, que solo pueden apreciarse en una pantalla IMAX, las salas de cine seguirán existiendo. Aceptémoslo, el problema no es que LG diseñe un televisor OLED de 1.200 pulgadas, el problema es meterlo en el cuarto.

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