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Guns N' Roses emocionó a Medellín

La historia empezó 36 horas antes, cuando los Guns N’ Roses llegaron a Rionegro. Luego, ocho horas antes del concierto, un tuit: “Acabamos de esconder púas de #GnFnR en Plaza Botero. Buena suerte...”: 1.866 likes y 569 retweets.

Aunque muchos seguidores no pudieron ir a buscarlas porque estaban haciendo fila desde el martes en el Estadio Atanasio Girardot. No solo era la primera vez que los Guns N’ Roses venían a Medellín, también se habían demorado en volver al país: hace seis años había estado Axl en Tocancipá, y hace 24 años, el grupo completo en Bogotá.

Las emociones estaban al máximo, y hasta el clima les ayudó y no hubo November rain esta vez, aunque sí era parte del setlist: “But lovers always come and lovers always go” (pero los amantes siempre vienen y los amantes siempre van). Sí hubo, en cambio, un atardecer rojo, que acompañó a los asistentes en la espera.

El concierto empezó puntual. A las 7:45 de la noche Marky Ramone hizo sonar la guitarra. Aún entraba gente a general, con el corazón full: faltaban menos de dos horas para que los Guns se pararan en el escenario, que a veces era azul. Fue preparando el ambiente con las clásicas de Los Ramones, y se escuchó en coro: “Sheena is a punk rocker/ Sheena is a punk rocker now”. Terminaron 8:20.

Los Guns N’ Roses aparecieron a las 9:04. Sonó It’s to easy, y entonces se escucharon las voces de los asistentes, rockeras, felices, eclécticas. Era verdad. Axl y Slash estaban allá en el escenario, como dos punticos con guitarras. El título de la gira, Not in this lifetime, no fue preciso esta vez: Sí fue en esta vida que Medellín los escuchó.



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