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María Jimena Duzán: Lo peor de la violencia es que la gente se acostumbre a ella

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“Los inconvenientes de la verdad: periodismo e investigación” se llamó la charla en donde la periodista colombiana María Jimena Duzán; y el periodista argentino Cristian Alarcón hablaron sobre la situación de orden público de sus respectivos países.

Al mismo tiempo, Duzán causó la mayor expectativa entre el público que acudió a la cita en el Claustro de Santo Domingo, por la reciente publicación de su libro “Mi viaje al infierno”, en donde relata los pormenores de la muerte de su hermana, la también periodista Silvia Duzán, quien cayó asesinada por los paramilitares hace 20 años.

Con la moderación del periodista español Pablo Ordaz, Jimena Duzán contó que “este libro es una historia que tenía aplazada. A mi hermana la mataron hace 20 años en una masacre pública, a las 8:00 de la noche, en un bar de un pueblo del Magdalena Medio llamado Simitarra. Silvia estaba haciendo un documental para una cadena  televisiva inglesa. La mataron junto a tres miembros de la ‘Asociación de Campesinos del Carare’, quienes estaban tratando de montar una especie de laboratorio de paz en el momento en que la guerra (que aún no termina en Colombia) comenzaba. Y ni Silvia, ni yo, que estaba investigando para El Espectador; ni los campesinos sabíamos en qué no estábamos metiendo. Demoré para escribir el libro, porque me costaba mucho trabajo retomar el tema, pero hubo muchas luces que me decían que tenía que escribirlo. En ese proceso siempre me preguntaba y todavía me pregunto, ¿quiénes son, dónde están, cómo son los asesinos de mi hermana? Descubrí cosas horribles durante el proceso, cosas que no sabía. Y a partir de eso empecé una reflexión sobre lo que es ser una víctima en Colombia y cómo uno tiene que ir develando las cosas como cuando está pelando una cebolla. Es un libro corto, pero me costó los cojones que no tengo”.

Retrato en el Perú

Cristian Alarcón es el autor del libro “Si me querés, quereme transa”, en donde relata la vida de un grupo de narcotraficantes peruanos, “que no tienen tanto poder ni tanto éxito como los narcos colombianos de la década del 80. Quizás se parezcan un poco más a las nuevas bandas del crimen organizado en Colombia.

Son clanes familiares que vienen de la selva, de las zonas cocaleras de Perú, quienes en los 80 emigraron hacia la ciudad de Lima y construyeron sus barrios en los cerros.

Algunos pasaron por la guerrilla de ‘Sendero Luminoso’, que es la más intensa y loca de América Latina, quizás muchos más que las Farc, porque eran profundamente maoistas.

Fracasada esa experiencia, emigraron hacia Buenos Aires y pasaron 11 años peleándose por un barrio, que todavía controlan y que en mi libro se llama ‘Villa del Peñón’.

Esos fundadores se fueron muriendo en distintas masacres, y yo lo que hice fue reconstruir esa historia y pegarme a un solo personaje, que es Alcira, la protagonista, quien controla un negocio familiar en el que se vende cocaína, marihuana, pasta básica, comida, perros de raza, perfumes importados, ropa, etc.

Pero a la vez formó a su alrededor una red de solidaridad impresionante, donde convive con la violencia y las estrategias de supervivencia de una Latinoamérica que intenta desesperadamente dejar de ser pobre”. 

El problema de investigar

Respecto a las dificultades de emprender una investigación periodística en Colombia, María Jimena Duzán expresó que “creo que una de las cosas que nos pasan a los periodistas colombianos es que hemos tenido que aprender a hacer periodismo en medio de una violencia que todavía no entendemos.

Esta es una cosa que hasta ahora los periodistas mexicanos van a empezar a entender. Nosotros llevamos casi 30 años. Es un tema bastante pesado en la realidad que nos toca vivir a los periodistas, pero también a los ciudadanos en Colombia. Y creo que uno de los efectos más grandes de haber tenido esa cantidad de violencia, es que la sociedad se acostumbra a ella.

Por eso, recuerdo mucho a Guillermo Cano cuando decía en las salas de redacción: ‘ojo, que cuando nosotros perdamos la capacidad de asombrarnos por un asesinato o una masacre, ellos  habrán ganado’. Se refería a los violentos, a los que están en el poder o a los que tienen los tentáculos de la mafia local.

Yo creo que ese es uno de los grandes inconvenientes. Pero el gran inconveniente también es que la verdad cada día está menos de moda. Esa fue otra de las razones por las cuales escribí el libro: quería publicar una historia que conmoviera, para ver si dejamos de seguir en esta especie de película de Disneylandia, en donde todo está perfecto, todo está bien, aunque tengamos una sociedad tremendamente violenta sin solucionar.

Entonces, creo que la verdad en el periodismo cada vez está más desueta. Me siento mal ubicada siempre, porque lo que se hace ahora es menos este tipo de periodismo, ya que la mejor manera de poder sobrevivir es no mirando las cosas. Yo misma lo hice como unos 20 años.

Yo misma evité publicar una historia y revelar que los asesinos eran estos y estos y que tenían mucho que ver con la policía y el ejército de mi país.”

  

Hay que poner la cara

Complementando el comentario de Duzán, Pablo Ordaz trajo a colación que en cierta ocasión “en México, en Ciudad Juárez, habían asesinado a 17 jóvenes, pero el gobierno venía sosteniendo el argumento de que se trataba de ajustes de cuentas entre narcos.

En ese momento es cuando el periodista tiene que decir, ‘me creo lo que dice el gobierno o voy a Ciudad Juárez a jugarme el pellejo e investigo quiénes son esos muchachos’. Se investigó y se supo que eran buenos deportistas, buenos muchachos a los que no se les podía meter en el saco de los narcos contra narcos.

Hay que ponerle nombres y apellidos a las víctimas para que no nos acostumbremos a que todo quede en una página más o en una columna más de un periódico”.

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