Los espectáculos públicos

07 de enero de 2013 12:00 AM

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Año tras año, desde hace al menos una década, los empresarios de espectáculos de música electrónica han sostenido una batalla con las autoridades para realizarlos, muchas veces pasándose por alto las normas que en teoría los regulan, causando molestias y perjuicios grandes a las comunidades vecinas por el ruido descomunal y creando verdaderos nudos de tráfico.
Durante la administración de Judith Pinedo se logró frenar en parte los abusos de quienes se creían con derecho a pasar por encima no sólo las normas que regulan la ejecución de eventos masivos, sino el derecho de la ciudadanía a que no se perturbe su tranquilidad ni se obstaculice la movilidad.
Una de las estrategias exitosas que permitió no sólo tramitar los permisos en condiciones equitativas y que redujo notablemente la acción de los intermediarios y el tráfico de influencias fue la llamada “ventanilla única virtual”, a través de la cual los empresarios podían orientarse sobre los trámites y documentos que debían presentar y podían cumplirlos allí mismo, agilizando el proceso y dando igual tratamiento a los solicitantes.
Pocas semanas después de iniciarse la administración de Campo Elías Terán, y tras una polémica por el alquiler de la Plaza de Toros o del estadio 11 de Noviembre para un concierto, la ventanilla única virtual dejó de funcionar y todos los permisos volvieron a tramitarse en forma presencial, como en los viejos tiempos, haciendo más demorado y complicado el proceso, pero sobre todo, abriendo la puerta para que regresaran los tramitadores y la expedición de autorizaciones a espectáculos fuera objeto de corrupción.
Por eso debemos aplaudir la decisión del Secretario del Interior de reactivar la ventanilla única virtual y publicar un manual para la solicitud de permisos de espectáculos públicos, ojalá de forma inmediata, para que los empresarios y organizadores de eventos sepan a qué atenerse y para que a todos se les trate igual.
Y especial atención debe ponérseles a los bailes públicos con picós que tienen una connotación adicional al ruido, como escenarios proclives a la violencia y la agresión.
Además de eso, es preciso que la Administración distrital sea coherente en sus acciones, porque en el caso reciente de la Plaza de Toros, mientras el Secretario del Interior expresaba que solo podría definir el permiso cuando terminaran las reparaciones, el director del IDER afirmaba que el escenario siempre estuvo adecuado.
La coherencia es imprescindible para que un gobierno tenga credibilidad, y esa contradicción entre dos funcionarios alimenta las sospechas de que existen irregularidades en el proceso de obtener permisos.
Estaremos atentos al cumplimiento de las dos medidas anunciadas por la Secretaría del Interior y lamentamos que en 2013 la mezcla entre ineptitud, irresponsabilidad y falta de coordinación entre los entes responsables sacrificó la tranquilidad de cientos de habitantes, víctimas de los distintos chiringuitos y fuentes de ruido que nunca debieron permitirse.

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