Vinokurov se retirará tras colgarse el oro olímpico a los 38 años

AFP | Londres | Publicado el 28 Julio 2012

Vinokurov se retirará tras colgarse el oro olímpico "Es magnífico parar de esta forma!. Es un bonito final de carrera. Jalabert, Virenque, pararon de forma bonita. Yo quería hacer lo mismo. Haré la contrarreloj pero será sólo para rodar las piernas" Vinokurov AP Christophe Ena

El oro olímpico es más que un consuelo para el kazajo, símbolo del ciclismo en su país y llamado a desempeñar un papel en su formación, debido a que por sí mismo simboliza una época.

A los 38 años y en su última temporada en el  pelotón, el kazajo Alexandre Vinokurov vivió el sábado la apoteosis tras ganar el oro olímpico en la prueba en línea del ciclismo en ruta de Londres-2012, una consagración para un corredor de legendario valor, pero de polémica reputación.

"¡Es magnífico parar de esta forma!. Es un bonito final de carrera. Jalabert, Virenque, pararon de forma bonita. Yo quería hacer lo mismo. Haré la contrarreloj pero será sólo para rodar las piernas", declaró el ciclista kazajo en una de sus tardes más especiales.

Doce años después de colgarse la plata en los Juegos Olímpicos de Sídney (por detrás de Jan Ullrich), que le valió los más altos honores en su país, "Vino" amplió su registro. Temperamento ofensivo, inteligencia de carrera y también sentido del cálculo dejó ver el kazajo en la fuga con el colombiano Rigoberto Urán, a quien superó en el sprint.
Desde su control antidopaje positivo del Tour de Francia-2007 (transfusión de sangre), "Vino" trató de restablecer su honor.

Por mucho tiempo suscitó la admiración del público por su voluntad inquebrantable, su carácter indestructible, que puso al servicio del equipo de Ullrich (T-Mobile) después de sus inicios profesionales en la formación francesa de Vincent Lavenu.

A su vuelta de la suspensión, este corredor todo terreno, fuerte en las Clásicas (ganó dos veces a Lieja-Bastoña-Lieja) y en las pruebas por etapas (Vuelta, París-Niza, Dauphiné), prosiguió en el equipo Astana en el que había estado desde su creación en 2006.

A pesar de su estatus dentro del equipo se puso en duda por un conflicto interno que superó el año pasado y de su grave caída en el Tour de Francia (fractura del fémur derecho), prolongó un año su carrera con el fin de que su equipo se quedara en primera división y de que pudiera disputar los Juegos Olímpicos.

"Recuperé mi imagen que fue lo que perdí", dijo el año pasado el kazajo de pelo rubio corto. "Volví y le mostré a la gente que todavía podía ganar. Así como había hecho muchos esfuerzos para volver, me dije que todavía iba a hacer un año para poner la cereza sobre el pastel".
Y el ciclista se comió incluso todo el pastel en el "Mall" de Londres, frente al palacio de Buckingham, seis días después del final de un Tour de Francia en el que no pudo conservar, ni siquiera un día, el maillot amarillo de sus sueños.

Pero el oro olímpico es más que un consuelo para el kazajo, símbolo del ciclismo en su país y llamado a desempeñar un papel en su formación, debido a que por sí mismo simboliza una época.

De adolescente se unió a la Escuela del Deporte de Almaty, a varios miles de kilómetros de casa, un pueblo situado en el norte del país a las puertas de Siberia.
Luego se trasladó a Europa y, por sus resultados y su carisma escondido detrás de una voz casi inaudible, conquista su país, hasta hacerse amigo  de ministros y otras personalidades. Está vivo el patriotismo por "Vino", hoy el primer campeón olímpico del ciclismo kazajo.

     
    
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