Judoca Harrison superó el abuso sexual y logró una hazaña olímpica

AFP | LONDRES | Publicado el 02 Agosto 2012

Kayla Harrison de blanco AFP FRANCK FIFE
AFP FRANCK FIFE

Para Harrison vencer a las mejores del mundo no fue nada comparado al esfuerzo para rehacer su vida tras ser abusada sexualmente por su entrenador durante años.

El primer oro olímpico de Estados Unidos en judo parecía estar aguardando a una persona como Kayla Harrison. Ella misma reconoce que, a la hora de despertar de la pesadilla y replantearse su futuro, sentía odio por todo lo que estuviera relacionado con este deporte y hasta pensó en suicidarse. 

Pero ser una figura en ciernes del judo la ayudó a resistir sus sentimientos, así que entrenó más duro hasta conseguir llegar más lejos que nadie en su país. 

En 2010, con 20 años, se convirtió en campeona del mundo y este jueves es la judoca que ha arrasado en la categoría de -78 kilogramos del judo de Londres-2012. 

“No es un secreto que fui abusada sexualmente por mi antiguo entrenador. Aquello fue definitivamente lo peor que me ha pasado”, reconoció en la rueda de prensa sin eludir el tema. 

“Esto no lo podría haber conseguido sin Jimmy Pedro, mi familia y mis compañeras de equipo”, les agradeció Harrison con el metal dorado rodeando su cuello. 

Jimmy Pedro, su entrenador actual, fue quien la acogió en su gimnasio de las afueras de Boston (Massachusetts) hace seis años cuando ella abandonó su natal Middletown (Ohio) al conocerse el tipo de relación que mantenía con el que era su mentor desde niña y amigo de la familia. 

El técnico fue condenado a 10 años de prisión por abusos cometidos en varios viajes al extranjero con Harrison, en un juicio en el que ella testificó. 

En el tatami del centro ExCeL de Londres, la rubia estadounidense de sonrisa dulce volvió a sacar ese coraje para superar todos los obstáculos. 

Tras dos primeras rondas sencillas, Harrison se encontró en semifinales con la número uno del ránking mundial, la brasileña Mayra Aguiar, y también la derrotó con contundencia. 

En la final ya nadie podía pararla, ni siquiera la británica Emma Gibbons y los 10.000 aficionados del ExCeL que la apoyaban, incluido el primer ministro, David Cameron.

Todos se dieron cuenta pronto de que el 'milagro' de Gibbons acababa ahí y que la maravillosa historia de superación de la estounidense iba a culminar con el oro olímpico.  

“Estaba nerviosa por enfrentarme a una británica ante esta multitud pero estaba segura de que era mi día”, sentenció Harrison en una rueda de prensa en la que, a diferencia de tantas otras judocas en Londres, se sintió como pez en el agua. 

No quería hacerlo, pero en lo alto del podio se permitió romper a llorar tras la primera nota del himno de su país. 

“Este oro representa años de trabajo duro, no sólo mío sino de mis entrenadores. 'Big' Jim ha trabajado en el judo por más de 40 años. Todos hemos hecho sacrificios”, resaltó la joven. 

Con su nombre en los libros del judo estadounidense y olímpico, Harrison ya puede fijar la fecha de la boda con su prometido y medita retirarse para ayudar a otras personas que han sufrido el mismo dolor. 

     
    
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