Oscar Muñoz, el 'hijo colombiano' de Van Damme

César López -AFP | LONDRES | Publicado el 08 Agosto 2012

Óscar Muñoz, bronce en Londres 2012. Óscar Muñoz, bronce en Londres 2012. AP

Decenas de películas de su ídolo de las artes marciales, el belga Jean-Claude Van Damme, sirvieron de inspiración para que el colombiano Oscar Muñoz se vistiera con el 'Dobok' y entregara su vida al taekwondo hasta convertirse en medallista de bronce olímpico en Londres-2012.

De cuna humilde, Muñoz nació hace 19 años en el remoto municipio de El Difícil, en el departamento (provincia) de Magdalena, pero la necesidad de un próspero futuro motivaron a sus padres, Humberto y Nancy, a buscar suerte en la ciudad de Valledupar (norte), donde hoy vive con sus cinco hermanos y cursa el último año de secundaria.

En medio de vallenatos y noches de fiestas interminables en la calurosa Valledupar, Muñoz descubrió hace diez años su pasión por las artes marciales.

"Yo soy fanático de las películas de Van Damme, me las he visto todas, muchísimas veces. No sé si eso me inspiró, pero me gustaba lo que hacía, esas patadas voladoras y yo trataba de imitarlo", dijo sonriendo a la AFP, como seguramente tratando de recordar esos inolvidables momentos de su niñez.

Confiesa que nunca perdió una oportunidad para escaparse del colegio e irse al cine y quedarse obnubilado horas y horas con Van Damme o con la velocidad de brazos y manos del actor estadounidense Steven Seagal, otro de sus héroes de adolescente.

Una maestra de primaria que conocía su pasión por los deportes de contacto le dio el primer impulso para que conociera el taekwondo.

"La primera vez que fui a un gimnasio no vi nada de lo que uno veía en las películas. No habían aparatos, todo era como de mentiras y tocaba entrenar con lo poquito que había", señaló.

Pero también lo hacía en su casa, en un pequeño patio trasero donde colgaba de un árbol varias sábanas viejas cosidas que llenaba con arena y aserrín, que muchas veces se rompían por el peso y quebraban las ramas donde se sostenían, o con sus hermanos mayores, no propiamente porque ellos quisieran sino para defenderse.

"Eso era muy chistoso porque se rompían cada nada y mi mamá me mandaba a limpiar todo ese reguero", sostiene mientras se le iluminan los ojos cuando evoca esos años maravillosos.

Ahora, convertido en medallista olímpico, es cuando asegura que "lo que viví valió la pena", mientras exhibe orgulloso su tesoro y se abraza con su entrenador Arturo Vidal, el hombre que lo descubrió y nunca lo abandonó hasta llevarlo al podio de Londres-2012.

De apariencia tímida y voz baja, Muñoz se graduará a fines de año en secundaria, un motivo más para celebrar un 2012 especial en un pueblo que vive y respira la música vallenata los 365 días del año.

"Ah síí Eso tiene que ser con parranda vallenata. Le agradezco a mis profesores por haberme ayudado a cumplir este sueño. Ahora espero graduarme para celebrar con mi familia y mis amigos en las fiestas (de fin de año)", puntualizó el 'hijo colombiano' de Van Damme.

     
    
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