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La vida después de una cirrosis

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Rafael Rodríguez trabajaba en la Empresa Colombiana de Petróleos cuando empezó a sentir algunas molestias. De repente subió de peso, se sentía débil y cuando iba al baño sangraba.

Una noche, luego de sentirse mal durante todo el día, le dieron ganas de vomitar y lo único que le salió fue sangre. Asustada su esposa lo llevó a la Clínica Madre Bernarda.
Luego de algunos exámenes, ecografías y biopsias se determinó que tenía cirrosis hepática.
“El médico me explicó que podía vivir con esa cirrosis porque mi hígado no estaba totalmente afectado. Con buena alimentación y una buena calidad de vida podía estar bien durante un tiempo”.
Rolando Ortega Quiroz, gastroenterólogo, hepatólogo clínico y de trasplante, explica que la cirrosis es una enfermedad crónica que representa el estadio final evolutivo de muchos procesos que generan irritación continua del hígado.
“Un hígado sano se vuelve cirrótico cuando se acumula tejido fibroso como consecuencia de una inflamación persistente. Al cambiar sus características se pierdan muchas funciones del órgano”, dice Ortega.
La mayoría de los pacientes cirróticos son asintomáticos. El 50% pueden sentir un poco de cansancio pero es tan sutil que la persona no lo percibe como un síntoma.
Usualmente la primera manifestación es una complicación de la enfermedad que puede ser: ictericia (color amarillo en la piel), ascitis (hinchazón de la barriga por la acumulación de líquidos), edema o hemorragias digestivas producto de las venas varices del esófago que se rompen.

Causas
Según el hepatólogo, en la Costa, la primera causa de cirrosis es la hepatitis C, la segunda es el alcohol, le siguen la combinación de alcohol con hepatitis B y la hepatitis autoinmune.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que en el mundo entre 130 y 170 millones de personas sufren infección crónica por ese virus, y más de 350 mil personas mueren por hepatopatías relacionadas.
Ortega señala que “sin tratamiento, el virus de la hepatitis C es muy agresivo. El 80% de las personas se vuelven crónicos y la mitad de esos termina en cirrosis”.
Según el último informe de la OMS sobre las hepatitis virales, 2 mil millones de personas en el mundo se han infectado con hepatitis B, más de 350 millones la padecen de forma crónica y de esos el 30% terminan en cirrosis, un porcentaje alto a consideración del hepatólogo.
El especialista informa que “posiblemente la tercera parte de la población mundial tiene marcadores de hepatitis B. En Colombia tenemos dos grandes áreas donde se presenta: la Amazonía y la Sierra Nevada de Santa Marta”.
Pero lo que preocupa al especialista es el alto consumo de alcohol en los jóvenes y sobre todo en las mujeres que puede llevar a una cirrosis alcohólica.
“Antes, cuando se hablaba de alcohol en jóvenes uno pensaba en hombres, ahora me preocupo más por las mujeres. En Colombia las mujeres ingieren mucho alcohol”, expresa el médico.
Y aclara que “no todas las personas que ingieren alcohol terminan siendo cirróticos, debe existir una predisposición genética”.
Lo que la mayoría de las personas no saben es que la dosis mínima segura de alcohol es muy baja. Las cantidades recomendadas para que no sea dañino son 20 gramos para las mujeres y 30 gramos para los hombres.
Lo que equivaldría a máximo dos cervezas diarias o en bebidas más fuertes, como el whisky, a menos de dos copas de 30 centímetros.
Según Ortega “una mujer que consume alcohol con frecuencia termina cirrótica en 10 años, el hombre necesita por lo menos entre 15 y 20 años ingiriendo la misma cantidad”.
Eso se debe a que los sistemas genéticos y enzimáticos de la mujer facilitan la producción de tóxicos a partir del alcohol.
A eso se le suma que si una persona tiene cualquiera de las enfermedades que conducen a la cirrosis el tomar alcohol acelera la evolución.

Complicaciones no dan espera
El daño que las infecciones y el consumo de alcohol le ocasionan al hígado es irreversible. Es un proceso que empieza sutilmente y puede durar meses o años en manifestarse.
Las complicaciones como ascitis y las hemorragias pueden controlarse con dietas y medicamentos especiales.
Pero, según el hepatólogo, cuando se presentan, el deterioro de la función hepática es tan importante que se empieza a considerar la posibilidad de un trasplante.
Cuatro meses después de la primera crisis en la que se le diagnosticó cirrosis hepática, Rafael tuvo un episodio igual. En esta oportunidad fue internado en el Hospital Bocagrande. No había otra opción, necesitaba un hígado nuevo.

Opción de vida
Los trasplantes de hígado se realizan por cuatro razones: cirrosis, insuficiencia hepática aguda o fulminante, tumores malignos y enfermedades del metabolismo.
El problema en Colombia es que hay pocos centros de trasplantes y ninguno de ellos queda en la Costa. Los pacientes que requieren uno deben ser remitidos a Bogotá, Medellín o Cali.
Rafael estuvo más de un año en Bogotá mientras le realizaban los exámenes para determinar si era apto para un trasplante. En esa época tenía 43 años, la edad estaba de su lado. Sólo faltaba esperar por un hígado compatible.
“El punto clave en trasplantes es la donación de órganos. En Colombia no hay una cultura extendida de donación. Posiblemente estando en el centro de trasplante un 20% de los pacientes pueden fallecer esperando”, informa Ortega.
En Colombia, un paciente puede esperar por un hígado aproximadamente tres meses a diferencia de Estados Unidos o Europa donde la espera puede llevar hasta tres años.
En el caso de un trasplante de hígado el donante y receptor deben compartir el mismo tipo de sangre y ser inmunológicamente compatibles.
El especialista explica que los pacientes deben tener un soporte social por eso se realiza una valoración psiquiátrica que determina la relación que tiene con la familia y las condiciones en las que vive para garantizar su sobrevida.
“Al principio me asusté, pero me sentí respaldado por mi familia y mis compañeros de trabajo. Le encargue mi vida a Dios y todo salió bien. A los cinco meses de estar en lista de espera un señor falleció en Medellín en un accidente de tránsito y sus familiares donaron todos los órganos”, cuenta Rafael.
El hígado fue trasladado a Bogotá y Rafael recibió una nueva oportunidad.
Para que el paciente no rechace el nuevo órgano se le recetan inmunosupresores, según el hepatólogo, esos medicamentos aseguran una sobrevida del 90% al año del trasplante y del 75% a los 5 años.
Un año después del trasplante, Rafael tuvo que ser nuevamente operado porque el drenaje biliar quedó obstruido en la primera cirugía. Esa vez se traslado a Cali. La recuperación fue difícil y estuvo tres días en coma.
“Afortunadamente Dios me seguía dando oportunidades y volví a reaccionar”, cuenta.
Rafael Rodríguez fue el primer cartagenero remitido en 1998 para un trasplante de hígado. 12 años después, se encuentra bien de salud, sólo toma 4 de los 12 medicamentos que le enviaron inicialmente, sigue una dieta baja en grasa y libre de alcohol, y hace ejercicio con regularidad.
En un futuro, los pacientes de la Costa que requieran trasplante no necesitarán trasladarse a otra ciudad. Ortega informa que en el Hospital Clínc de Barcelona, uno de los mejores centros de trasplante del mundo, se encuentra capacitándose un cirujano de Cartagena, la doctora Adalgiza Reyes.
“La idea es que en dos años podamos tener un programa de trasplante en la Costa”, anuncia el hepatólogo.

Causas de la cirrosis
Las causas más frecuentes de cirrosis son la hepatitis C y B, el hígado graso no alcohólico, las enfermedades inmunológicas del hígado, las enfermedades del metabolismo y el consumo prolongado y frecuente de alcohol.

Legislación
En los 80, el Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos determinó que el trasplante no era una cirugía experimental. Se definió que era un tratamiento que debía ofrecerse a los pacientes con un deterioro importante de la función de un órgano y con un alto riesgo de morir.
La legislación colombiana que regula los trasplantes de órganos y tejidos establece que los pacientes nacionales tienen prioridad sobre los extranjeros pero en el caso de no haber un receptor compatible colombiano, el órgano puede ser utilizado por un paciente extranjero.
También presume que todo ciudadano es donante. Cuando una persona muere, los familiares tiene hasta seis horas para oponerse a que se extraiga cualquier órgano.

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