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Columna

Para ingenuos

“Lo más inquietante es que los criminales (muchos desde cárceles colombianas) están afinando su libreto...”.

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Cada diciembre ocurre lo mismo: las luces se encienden, la gente entra en ánimo festivo, cantamos villancicos, las novenas regresan… y lamentablemente, también lo hacen los ladrones telefónicos, más creativos y persistentes que nunca. Si bien este tipo de estafas ha existido desde que el celular se volvió parte del día a día, en las últimas semanas se ha notado un incremento preocupante de reportes de amigos y ciudadanos en general. Y es que, con la llegada de las primas, el aumento de compras por internet e Instagram y el ánimo generoso por las fiestas, los delincuentes cibernéticos aprovechan la ingenuidad de las personas. Sus tácticas evolucionan y mejoran con el tiempo para engañar hasta el usuario más vivo.

Los métodos son variados, pero comparten un mismo objetivo: obtener que las víctimas entreguen información o dinero sin darse cuenta. Algunos llaman haciéndose pasar por funcionarios bancarios, con un tono tan serio que parecen oficiales de los mismos bancos. Otros dicen representar empresas de mensajería que “intentan entregar un paquete” y, por supuesto, que también están los que aseguran que nos ganamos un premio en rifas en las que nunca participamos. Nos hacen cobros en nombre de la DIAN, multas de tránsito y nos advierten de embargos de deudas que jamás hemos tenido,

Lo más inquietante es que los criminales (muchos desde cárceles colombianas) están afinando su libreto. Ya no improvisan. Estudian datos públicos, mencionan direcciones, nombres o instituciones reales. Le hablan al ciudadano con una seguridad que desarma y engaña. Así empiezan las historias de: hemos notado movimientos extraños en su cuenta, links a los que debemos acceder, y robos de cuentas de WhatsApp para pedir dinero a nombre de amigos. Al final todo se convierte en un dolor de cabeza, trámites bancarios y denuncias que no llegan a ninguna parte. Somos parte de un target al que le apuestan a sabiendas que solo un porcentaje caerá, pero de forma supremamente rentable. Ellos no tienen nada que perder y nosotros sí.

Al final, la mejor defensa es la más sencilla. La desconfianza inteligente. Si la llamada suena extraña, si viene de Europa, si el tono es apurado, si la persona es insistente en que actúe a través de links, pida códigos, claves, o datos personales... cuelgue. No discuta, no dé papaya. No hay empresa seria que urja respuestas, ni banco que pida contraseñas por teléfono, ni mensajería que exija pagos por paquetes misteriosos. Los amigos necesitados piden plata a sus familiares primero y no a conocidos. Ante la duda, verifique con las entidades correspondientes y llame directamente a las personas.

En estas épocas en las que todos queremos regalar, compartir y disfrutar, vale la pena proteger también la tranquilidad. Diciembre debe ser motivo de celebración y no de preocupación. Recordemos que la mejor forma de ganarles a los ladrones telefónicos es no darles conversación. Ellos tienen el tiempo y la malicia que nosotros no.

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