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Miércoles 23 Mayo de 2012 Ediciones anteriores |
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El corredor Martín Emilio Cochise Rodríguez, en el velodromo que lleva su nombre se siente como en su casa. Por esa pista ha visto desfilar varias generaciones de hombres y mujeres que sueñan con emular su hazaña.
Folclórico, desparpajado, no le importa nada. Divertido como lo conoce y quiere la gente; humilde, sencillo y dispuesto a conversar con amigos y desconocidos. Martín Emilio Cochise Rodríguez, el deportista colombiano del siglo XX, sigue igual como siempre.
En el velódromo, del barrio que lleva ese mismo nombre, se siente como en casa, todo tiene que ver con él y no es para menos. Desde que se construyó este escenario no ha dejado de ser su segundo hogar: Los visitantes lo reconocen y lo saludan con el afecto y admiración que se le tiene a un padre.
Ese día de sol radiante estaba vestido con camisa de manga larga y blanca a rayas, pantalón azul oscuro y zapatos café. Tan elegante como si se dispusiera a cumplirle una cita a una dama.
Martín Emilio Cochise Rodríguez camina hacia la baranda que rodea la pista, pone sus manos sobre ella, y suspira como si recordara aquel día de 1969, cuando vestía su camiseta blanca con la bandera de Colombia y se coronó campeón de América. Comenzó a dar vueltas en la pista mientras todos los presentes aplaudían y festejaban la hazaña.
En sus ojos color café se refleja todo el cariño que le tiene al lugar. Al hablar de él, sube de tono la voz, que le comienza a vibrar de emoción. “A pedalear, a pedalear, que de ojo no se gana nada”, le grita a un par de desprevenidos jóvenes ciclistas que observaban la pista.
Cochise cada día está más enamorado de su velódromo. “Siempre que entro al escenario siento un orgullo muy grande, me invade la emoción y recuerdo lo privilegiado que fui de haber sido el campeón de América”.
Pero, como dice el popular adagio, la procesión va por dentro y en Martín Emilio la preocupación por la posibilidad de perder su “escenario” es latente. Cochise no quiere que le quiten su hogar.
El anuncio hecho por la actual administración municipal de invertir dinero en el velódromo ya sea remodelando el actual que lleva su nombre o construyendo uno nuevo, a este grande del ciclismo le movió el corazón y le creó cierto grado de recelo.
“Yo creo que deben remodelar este, hay ingenieros en Colombia que son muy buenos en este tipo de escenarios. Primero hay que arreglarle el problema de la inundación en el túnel, y segundo hacerle el techo. Otro escenario no estaría en un área tan deportiva como hoy. Aquí está la unidad deportiva Atanasio Girardot con el estadio, el complejo acuático, y los coliseos”.
Su tono de voz, sin embargo, baja cuando analiza que esa monumental obra de la que está orgulloso puede desaparecer. Y con ello su nombre. Hasta fácilmente se puede sentir que entristece. Y un “que no me vayan a quitar el escenario” aparece casi murmurando.
De su larga carrera deportiva le quedan recuerdos, amistades y alegrías que le brindó al país, cuando en innumerables veces lo representó, montando su bicicleta por todo el mundo.
Fiel amante incondicional de la bicicleta, ya que sale todos los días para hacer 60 o 70 kilómetros por diferentes vías del Valle de Aburrá. “Cuando puedo subo a Las Palmas o a San Félix; estar activo me mantiene en forma”, expresa con risa picaresca.
El apodo de Cochise ya hace parte oficial de su nombre, y cómo no, si durante su paseo por el escenario lo único que se escucha es Cochise, Cochise. “Me lo agregaron pero me cambiaron la fecha, antes cumplía el 14 de abril, ahora, cumpliré 70 años el siete del mismo mes”, agrega jocosamente.
El ciclismo ya no es el mismo desde que fue campeón. Así lo advierte. “Todo ha cambiado, afortunadamente para bien. Antes uno tomaba fresco a lo loco para mantenerse bien hidratado; ahora toman energizantes”, se ríe acordándose de los tantos vasos de aguapanela y soda que consumía durante las competencias.
Hablar del futuro lo torna un poco serio, algo que resulta inaudito en él, ya que no sabe si podrá seguir haciendo lo que más disfruta en la vida: incentivar a los niños a que amen el ciclismo tanto como el lo hizo. “La actividad física y la educación son la mejor forma de mantener a los niños y jóvenes lejos de las drogas, el alcohol y la violencia”.
Trabajar con escuelas del ciclismo en los diferentes municipios del departamento es lo único que le pide ahora al gobernador Sergio Fajardo.
Y mientras la historia reconoce en Martín Emilio Cochise Rodríguez a un hombre que no solo dio a conocer nuestro país al mundo sino que permitió que los colombianos conociéramos nuestra identidad, da la vuelta, le pone la espalda al óvalo y empieza a caminar, en forma lenta, como contando los pasos, hacia la salida.
Una última mirada a la puerta por donde horas antes entró, un hasta pronto con nostalgia y la figura de Cochise que se pierde en la distancia mascullando un “ojalá no me quiten mi velódromo”.
Aspectos en la vida de cochise
La historia detrás de su peculiar apodo Cochise fue un indio de las etnias indígenas norteamericanas. Un día y luego de ver la película Flecha Rota, cuando tenía nueve años de edad, les dijo a sus amigos, saliendo del teatro: “yo soy Cochise” y así lo dejaron.
Los logros más destacados de Cochise, el ciclista que tocó el cielo con las manos, son: cuatro vueltas a Colombia, dos panamericanos, campeón de América (1969), récord mundial de la hora (1970) y campeón mundial en persecución individual (Varesse, Italia, 1971).
Martín Emilio es oficialmente Cochise. Hace 4 años el pedalista decidió adoptar en su cédula el nombre Cochise para poder lanzarse al Concejo de la ciudad. La cédula solo llegó dos años después con su nuevo nombre Martín Emilio Cochise Rodríguez.