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Cinco manatíes volvieron a la libertad en ciénaga Grande

Cuando Dalila Caicedo Herrera, la bióloga que ha estado bajo el cuidado de los manatíes, dio la orden de sacarlos del estanque donde habían permanecido en los últimos años, no pudo contener las lágrimas.

Durante largos años dedicó horas enteras a darle tetero a estos mamíferos que en algún momento estuvieron en situación de riego.

Había llegado la hora en que Ruby, Chiqui, David, Angélica y María del Mar volvieran a su hábitat natural.

Dos de ellos, Ruby, quien había sido rescatada en San Bernardo del Viento junto a Tony, un manatí que venía harponeado y murió,  y Chiqui, rescatado cuando se lo iban a comer unos pescadores, llevaban 20 años en cautiverio en la estación piscícola de la CVS ubicada en Lorica, mientras que David y Angélica son sus hijos.

María del Mar es una hembra que terminó su proceso de rehabilitación que demoró dos años. Ella fue encontrada en San Bernardo del Viento y para lograr su rehabilitación había que darle tetero cada tres horas.

Un largo proceso

El proceso no fue sencillo. Mover unos animales que pesan entre 400 y 500 kilos requiere, además de la fuerza del hombre, el cuidado necesario para no lesionarlos.

En unas redes especiales fueron sacados de los sitios donde permanecieron los últimos años.

Bajo un estricto control por parte de personal especializado bajo la orientación del científico puertorriqueño y director del Centro de Conservación de Manatíes de esa nación, Antonio Mignucci- Giamnomi, se controló el estado de salud, su respiración y sus condiciones generales.

Soportando el peso de sus toneladas los pescadores de la zona los subieron en unas colchonetas especiales a unos camiones que estaban marcados con un rótulo que decía: Manatí en tránsito.

Después de los actos protocolarios en los que intervinieron la alta consejera para la gestión ambiental, la biodiversidad y el cambio climático, Sandra Bessudo, y el director de la CVS, Elder Oyola, quienes resaltaron la importancia del proceso, empezó el recorrido hacia el corregimiento de Los Corrales, en jurisdicción de Purísima.

En el lugar los habitantes de la zona se agolparon a orillas de la Ciénaga Grande de Lorica para ver la liberación.

Algunos habían visto a los manatíes pero otros, tal vez los más pequeños, jamás habían tenido la oportunidad de estar tan cerca de ellos.

Dispositivos especiales

La directora de la Fundación Omacha, y bióloga Dalila Caicedo se arroja sobre el cuerpo de ‘sus manatíes’ tratando de verificar que estuvieran bien.

Revisó cada una de las partes de su cuerpo y curó algunas pequeñas lesiones que se hicieron con las redes durante el corto viaje.

Entretanto el científico colocaba unos dispositivos especiales para poderlos monitorear durante los próximos meses.

“Ellos están en buenas condiciones, tienen todos sus órganos funcionando bien, están perfectos y fueron al agua con unos cinturones especiales y unas antenas de VH1 para vigilarlos”, indicó la bióloga.

Por su parte el científico dijo que los dispositivos especiales están diseñados para que en sus tiercas se corroan en cuatro años y se caigan pero que durante ese tiempo podrán saber exactamente qué hace el animal y como interactúa en la naturaleza.

Ante el temor de si podrán sobrevivir en su hábitat natural los directivos de Omacha dijeron que los mamantíes pueden vivir 60 años en promedio y que tienen una memoria prodigiosa de tal forma que siempre recuerdan las rutas por donde se movían.

Se trata de animales que están en la parte mas alta de la cadena trópica y su excremento sirve de alimento a los peces. Ellos se comen las plantas que pueden causar sedimentación de tal forma que mantienen limpio el ecosistema.

20 años de historia

Hace 20 años Antonio Mignucci- Giamnomi, recibió una llamada de dos estudiantes que le señalaban que habían rescatado un manatí pero que no sabían qué hacer.

Eran Dalila y Ruvy, dos jóvenes recién egresadas que le apostaron al cuidado de esta raza en vía de extinción.

A partir de ese momento, sin que existieran tantas herramientas tecnológicas para una rápida comunicación, empezaron a hacer uso del teléfono para recibir indicaciones sobre lo que debían hacer en ese momento con el pequeño manatí a quien bautizaron Pedro.

Pedro finalmente murió y también por teléfono el  científico puertorriqueño y director del centro de conservación de manatíes les indicó como hacer una autopsia para así enriquecer la investigación.

Ese fue el primer capítulo de la historia que se inició en los años 90 en Córdoba bajo la dirección de la Corporación de los Valles del Sinú y San Jorge, CVS, para rescatar y rehabilitar al manatí antillano de la presión ejercida por parte de los pescadores locales.

Es una especie en vía de extinción y por ello se decomisaron los animales que estaban a punto de ser devorados pues los pobladores de la zona insistían en que su carne era exquisita y que tenía de tres tipos: res, cerdo y pescado.

En 2003 la CVS hizo una alianza con Conservación Internacional y la Fundación Omacha para adelantar investigaciones que propiciaran el conocimiento de la especie en su estado silvestre y en semicautiverio y ello finalmente permitió proponer el Plan de manejo y conservación del manatí en la cuenca media y baja del río Sinú.

Empezó la investigación que permitió conocer mucho sobre la vida de los mamíferos y paralelamente se inició una labor de concienciación con la comunidad para evitar que pretendieran consumir su carne.

En 2009 se hizo una primera liberación de cuatro manatíes que convirtieron a la CVS y al departamento de Córdoba en pioneros a escala nacional en implementar un método de investigación en semicautiverio.

De los primeros manatíes liberados, McGyver, Juana, Julieta y Romeo se conoció su historia durante un tiempo de cuatro a seis meses que fueron monitoreados. Luego se recuperaron sus cinturones y hay pescadores que dicen haberlos visto en la zona de la desembocadura del Sinú.

Hoy los cinco nuevos que recobran su libertad también serán vigilados un tiempo prudente y luego quedarán del todo libres en el Sinú.

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