No hay un solo cordobés que no haya visto a Alicia Otero Crespo contorsionar su cuerpo frente a un grupo de humildes niños a los que transmite alegría y optimismo.
Ella se ha ganado un lugar privilegiado por su trabajo con los niños. La lúdica ha sido su “pócima mágica” para rescatar a los menores de los problemas en los que a veces los sume la pobreza y el abandono.
Alicia Otero es una de las 19 finalistas en el premio Mujer Cafam que se define hoy en Bogotá.
Viajó ayer a la capital de la República con la maleta llena de sueños de algodón, sin mayor apoyo que el de sus amigos y su propia voluntad de mostrar un trabajo que ha sido reconocido a lo largo de varios años de esfuerzo, incluso gratuito.
A “Ali”, como cariñosamente la llaman en Córdoba, no le importa que algunos la consideren fuera de lo normal por hacer de la lúdica y la música la mejor terapia para el alma de los niños que tienen menos.
