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Los libros que ya alcanzaron vida en la antigua ermita

En esa ermita antigua, construida por allá en 1895 por una dama de alta alcurnia para sus retiros espirituales, el padre Guillermo Vásquez encontró un lugar para un montón de libros que parecían destinados a que nadie más los abriera.

Desde 1979, cuando regresó de sus estudios en Europa, se encontró con que los libros estaban dispersos, perdiéndose, “que incluso se vendían sin caer en cuenta del valor que tenían para nosotros. Entonces comencé a organizarlos”.

Lleva unos 30 años dedicado a que la Biblioteca Provincial Claretiana, ubicada en la ermita de la iglesia Jesús Nazareno, tome forma, con libros de varias casas y seminarios que fueron cerrándose por motivos de reestructuración, de evolución de la comunidad, de esas cosas que pasan.

“Después del Concilio Vaticano II hubo una desbandada, una crisis muy grande, también muy positiva, porque era de cambio y renovación, pero eso llevó a que muchas de nuestras bibliotecas fueran abandonadas, guardadas, que se creyera que había libros viejos que no tenían importancia”.

No se dejó mucho tiempo para la lectura, ni el estudio y, con miedo de que se perdiera tanto conocimiento, el padre Guillermo tomó la decisión de hacerse cargo de ellos, de convencer a otros de que ahí, en medio de tantos textos, había varios tesoros que merecían ser rescatados.

“Es una biblioteca de los misioneros claretianos, que anualmente nos dan un pequeño presupuesto para irla organizando, con el que se compran algunas obras, no en el volumen que quisiéramos, para mantenerla actualizada, pero sí por lo menos para prestar un servicio digno, decente a quienes la visitan”, dice el padre, quien es misionero de la comunidad.

Consiguió libros del Seminario Teológico de Manizales, del filosófico del Cedro, en Zipaquirá, de algunas casas que se fueron cerrando y de la misma biblioteca de la iglesia, la que el padre Carlos Eduardo Meza reunió por tanto tiempo. Incluso hay libros que se salvaron del reciclaje, cuando ya estaban en las carretas.

Tremendos libros

La biblioteca tiene unos 15 mil volúmenes clasificados, pero hay unos 30 mil más que no se han podido organizar por falta de presupuesto, “pero los tenemos ahí muy bien guardaditos —señala el claretiano—, y poco a poco los vamos metiendo a la colección”.

Sin contar que les llegan donaciones permanentes y que de todas maneras invierten, en la medida de lo posible, en nuevos libros, para que no estar desactualizados, ni quedarse sólo en el pasado.

Es una biblioteca de humanidades. Hay filosofía, teología, una buena sección de biblia y de cuestiones de la iglesia, pero también ciencias humanas, sociología, comunicaciones, historia, literatura y una interesante hemeroteca.

Y hay libros muy antiguos, que son patrimonio histórico y que incluso llegaron en situaciones anecdóticas. El más antiguo será de 1540 y un piquito, aunque Ángela María Chica, su bibliotecóloga, cuenta que es probable que en el depósito, donde guardan los libros sin clasificar, haya otros con más años.

La colección, además, incluye obras de autores que nada tienen que ver con la religión, y que pasan por Fernando Vallejo, José Lezama Lima, Marcel Proust y hasta las aventuras de Tintín.

También hay un espacio para los más pequeños, como Valentina Sánchez, de seis años, que es fiel visitante. “Me gusta venir mucho. Hoy armo este rompecabezas de Elmo”.

Hay de todo, porque buscan que sea una biblioteca libre de censuras y prejuicios, para gente que, como dice Ángela María, “es curiosa y ama la lectura. Hemos querido que la gente pueda acceder a los libros”.

Un lugar abierto, donde muchos se pueden llevar a casa, sin tanto rodeo, con la confianza en quien se los lleva, de que los va a cuidar y a devolver. “La gente me ha respondido y quiere el espacio —añade la bibliotecóloga—. Esto es totalmente gratuito. Aquí no se cobra multa, pero si es incumplido, no le vuelvo a prestar”.

Una biblioteca simpática, ubicada en la ermita, que ya le pone una magia especial, al lado de la iglesia que es patrimonio arquitectónico del país, la casa cural y la cripta.

Sólo hay que ir y dejarse atrapar por todos esos libros que en los estantes esperan con paciencia que alguien los coja, para contarle muchísimas historias. Bueno, y llevar el corazón abierto, preparado para encontrarse hasta lo inesperado.

 

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