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A Tom Parker le encanta el chicharrón de Colombia

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Tom Parker Bowles, el hijo de la duquesa de Cornwall, actual esposa del Príncipe Carlos de Inglaterra, está de paso por Cartagena, tras el sabor de Colombia.

La apariencia informal y sencilla de este periodista de 36 años, especializado en gastronomía, no lo delata en medio del tráfico de Cartagena, entre los turistas del mundo que arriban por estos días de octubre a Cartagena. Con sus sandalias de viajero sin ínfulas y un suéter de algodón, llega temprano a la fonda de comida antioqueña, en Bocagrande, en Cartagena, en busca del sabor secreto y desmesurado del país.

Tom Parker ha viajado por el mundo descubriendo los sabores y secretos de la cocina de Occidente y Oriente. Probó los perros en Corea, los escarabajos en Laos, las crisálidas de gusano de seda, los percebes cuello de ganso en los acantilados españoles, los cerebros en tostada, y  al llegar a Cartagena, ha devorado las cazuelas de mariscos, las sopas del Caribe, la arepa de huevo cartagenera, y los crocantes chicharrones de Colombia.

Detrás de sus ojos azules, sus manos largas que gesticulan cuando responde cada pregunta, Tom Parker dice que “he venido a Cartagena a conocer la comida exótica de esta ciudad y de Colombia. Yo he comido de todo en la vida: culebras, insectos, perros, y estoy feliz aquí. He probado  los pargos rojos, los robalos, las corvinas, los ceviches, el pescado aquí en Cartagena es excepcional. Y el cerdo es único. Estoy fascinado con los chicharrones de Colombia”. Y al recordar el sabor de las sopas, dice: “He probado una sopa del Caribe donde Pepina, que me ha parecido espectacular”.

Pero no todo acaba aquí. Tom Parker piensa continuar su travesía por los sabores de Colombia, en Medelín, Bogotá y Cali.

Tom Parker se levanta temprano pensando en la comida. Su afición a la cocina la descubrió cuando estudiaba en la Universidad de Oxford, gracias a un amigo. Es autor de varios libros de cocina y columnista especializado en recetas culinarias y en el misterio de las culturas gastronómicas del mundo. En 2002 publicó el libro “El año de comer peligrosamente: Una aventura global de los extremos de la cocina”. En 2007: “E es para comer: Un alfabeto de la codicia”. Y en 2009: “Un viaje con los británicos y su comida”. En 2010 ganó el Premio al Mejor Trabajo sobre comida británica, entregado por el gremio de escritores de alimentación. Es un escritor respetado en este ámbito. Prepara un libro con una selección de las recetas de sus viajes por el mundo.

Frente a él se me ocurre preguntarle qué hay del carácter y el temperamento de sus padres en su vida, y su respuesta es una carcajada con una sola frase: “Solo Dios sabe”.  Se confiesa un ser con un apetito voraz, un británico que piensa todo el día qué va a almorzar y qué va a cenar. Dice estar deslumbrado con Cartagena y su fiesta de color en su centro amurallado. “Me impresiona el manejo de los colores, la luz de su iglesia, los contrastes de piedra, madera y  vegetación. Es una ciudad exótica”.

Tom Parker está casado con Sara Buys, editora de moda, de cuyo matrimonio nació en octubre de 2007 la niña Lola Rosalind.  Cuando se es padre todo parece concentrarse en la criatura. Así lo cree él que parece tener la paciencia y el humor para calmar el llanto de la niña a la madrugada, con la misma devoción con que por las noches decide cocinarle a Sara, su mujer.

Tom Parker recorre las calles de Cartagena, como un viajero discreto, con la curiosidad de un explorador de emociones. Sin la fama abrumadora de sus padres.   Con el  único poder legítimo que habita en el frágil corazón de los seres humanos.

Es poco lo que le queda por conocer a él de  la cocina planetaria, pero él no se ufana de ello. Su aventura del sabor lo ha llevado a Nuevo México a participar en un concurso del que más coma chile.

En la mesa de Tom Parker acaban de traer los cubiertos y las servilletas. La sal para los huevos. La mantequilla de las arepas. Él se prepara para desayunar y probar la gastronomía antioqueña en Cartagena. Incurro en la ingenuidad de entregarle un libro de mis poemas. Él lo recibe con alborozo. Se toca el corazón y me dice “gracias”. Una de las grandes alegrías de Tom Parker es reunirse con sus amigos en un almuerzo de sábado. Como cualquier mortal en el planeta.

Pienso ahora antes de despedirme en las sorpresas minúsculas y mayúsculas que nos depara la vida en Cartagena a las 8 de la mañana de un martes de octubre, sin amago de lluvia, con el hijo de Camila Parker y Andrew Parker Bowles.

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