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Víctor Gaviria, el maestro de la realidad en el cine

Víctor Gaviria estará en Cali hasta mañana, 30 de marzo, para dictar en el Instituto Departamental de Bellas Artes el seminario Cine y Realidad. Qué más autoridad que él para hablar de esa materia prima de sus películas, contadas todas por actores naturales.

Voy a contar la experiencia mía como director de cine de realidad. Mis guiones surgen un poco de los testimonios que me dan los actores naturales que luego van a actuar la película. Es un método de trabajo, cuyo resultado final son películas de realidad”, asegura Gaviria.



¿Está promoviendo entonces hacer películas de realidad en Colombia?

—Sí, el seminario va dirigido a ese público que quiere ensayar hacer un cine que retrate la realidad del país, dándole la espalda a los géneros de Hollywood, a los clichés del cine comercial, que es lo que se está haciendo últimamente en el cine colombiano. El cine, como instrumento para conocer la realidad de un país, tiene que sacudirse de esos estereotipos y navegar con cierta libertad, no estar todos bajo el corsé obligado de determinados géneros, porque eso es reducción de la realidad.



¿En qué punto va la película sobre el origen de la violencia en Colombia?

—Estaba investigando una película sobre Sangrenegra, los bandoleros y toda esta violencia de los años 50 y 60. Pero por problemas de producción, estoy haciendo en Medellín la preproducción de la película “La mujer del animal”. Es la historia de una mujer, raptada por un familiar de su hermana cuando tenía 18 años y que, contra su voluntad, la convirtió durante nueve años en su mujer, tuvo tres hijos de “el Animal”, como llamaban a este señor. Una violencia de género que pasó desapercibida por todos porque se crearon la disculpa de que ella lo había escogido y se eximieron de reaccionar y de intervenir.



¿Ya tiene recursos para esta película?

—Sí, tenemos un productor, inversionista, que ha invertido en la preproducción, mi amigo Vladimir Peña, y a través de él vamos a conseguir recursos con el Fondo de Desarrollo Cinematográfico. Vamos a buscar premios. Este año estaremos buscando financiación y preparando la película para rodar en octubre del 2012.



¿La historia nace de un testimonio real?

—Sí y la trabajo directamente con las personas que lo vivieron. La investigación a través del casting es una reescritura del guión. Es un género parecido a la crónica periodística, de reconstrucción de un hecho que ocurrió en 1975, pero vertida en forma de ficción con actores naturales.



¿Qué tipo de actores buscan?

—Ya estuve en varias casas de acción comunal haciendo casting y acude muchísima gente, yo busco ‘Los hijos del dolor’, como dice la canción de hip hop de un amigo, que siempre se llenan de lágrimas, mientras cuentan historias de abandonos, de muertes, de la droga, de abuso, de violencia de género. Me ubico en esa experiencia de vida tanto de quienes lo hacen como de quienes lo sufren. Ya tengo un casting muy grande de todas esas experiencias de dolor, que se traducen en la película, en sus miradas, en esa dramaturgia del actor natural.



¿Su profesión de psicólogo es clave para establecer un diálogo con los actores?

—(Risas) Estudié psicología en la Universidad de Antioquia cuando tenía una orientación muy psicoanalítica. Me aportó una escucha del lenguaje de los actores naturales, de tratar de leer en esos dialectos urbanos el alma de la ciudad.



¿Nunca repite actores en sus películas?

—Son diferentes, porque son mundos diferentes. En esta película quiero volver con Fabio Restrepo, el actor de “Sumas y restas” porque, en parte, esta película él me la dio a mí. Yo conocí a esta señora y este mundo a través de un libro que él escribió: ‘Verdugo de verdugos’. No tomé la historia como tal, porque le pertenece a él es la historia de un hermano. Conocí a un personaje de esta historia y la amplié.



¿Qué historia de vida de un actor lo ha marcado más?

—Todas han sido experiencias muy especiales, de complicidad, de compartir secretos, de compartir tiempos, de tener una amistad. Pero por los actores de ‘Rodrigo D’ tuve un enorme cariño, estos jóvenes que después de la película murieron en toda esta guerra de 1990, cuando la Policía y el Cartel de Medellín se enredaron en una guerra a muerte, eran pelados que yo admiraba por su alegría para estar en la vida y su valor: Carlos Mario Restrepo y ‘El Alacrán’ Wilson Blandón.



¿Con Lady Tabares sigue la cercanía?

—Sí, yo sigo muy cercano a ella, esperando que salga, que se termine ese castigo tan desproporcionado y probablemente tan injusto. Una niña que no ha podido tener control sobre su vida y la castigan como si fuera la autora intelectual de un delito en el que fue más bien un testigo involuntario.



¿Cómo surgió la idea de trabajar con actores naturales?

—De la necesidad. No me sentía bien con los actores de teatro de Medellín porque en la época en que empecé, a comienzos de los años 80, eran muy políticos y muy sobreactuados para representar la vida cotidiana. Ensayé con actores no actores, casuales, elegía a los mismos actores de las comunas para hacer una película viva y actual de lo que les estaba ocurriendo.



Su padre filmaba todo lo que pasaba en la casa, ¿no sería que lo contagió?

—Sí. Era una época en la que la gente filmaba en 8mm, él empezó a filmar en los años 53, antes de yo nacer, y siempre había en la casa una sesión para ver esas películas familiares, no había sino un canal de televisión y tenía una magia enorme, encender el proyector y oscurecer la casa.



¿Por qué dice que llegó al cine por casualidad?

—Empecé a hacer cine a los 24 años. Nunca se me pasó por la cabeza que fuera a hacer cine hasta que me regalaron una cámara de Súper 8 y me surgió la idea de hacer unas imágenes que pegué y a las que les puse música y resultó un documental, pero por pura casualidad. Coincidió con los años 80, cuando había mucha gente que quería hacer cine y se había formado Focine. Mis películas eran de niños, al comienzo, iba a los colegios a buscarlos.



¿Se siente impotente frente a los desenlaces fatales de sus actores?

—Esa convivencia con los actores es anterior al rodaje y posterior. Siempre hay una inmersión mía a ese ‘no futuro’ de nuestra gente. El cine no impide que sus vidas sigan con ese rigor, llenas de encuentros fatales, de equívocos, de enemigos. Es la vida de la prostitución, del abandono, del abuso, del hijo rápidamente concebido. Una guerra cotidiana por sobrevivir.

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