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Edgar Astudillo se va por amenazas

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El periodista Edgar Astudillo Vásquez escribió, luego de salir intempestivamente de Montería por amenazas, al Comité de Protección de Periodistas.

A continuación transcribimos el relato enviado al blog.
Aquel encuentro con Los Paisas, un grupo armado que opera en el norte de Colombia, fue el comienzo de una larga pesadilla que hasta hoy me persigue.
Era el 19 de julio de 2009, yo me dirigía a un sector turístico situado al sur de Montería, cuando Los Paisas me bloquearon el camino y me advirtieron que no podía pasar porque ellos estaban reunidos con ganaderos de la zona y no querían la intromisión de periodistas.
Ese mismo día cambié mis planes y entrevisté a campesinos de la zona, quienes relataron que Los Paisas y otras bandas criminales habían incendiado sus casas y los habían despojado de sus pertenencias. Las bandas criminales supuestamente estaban defendiendo los intereses de los grandes terratenientes. Con base en los testimonios de los campesinos, hice un informe que transmití por Radio Panzenú de Montería. Pocos días después comencé a recibir amenazas de muerte de un individuo que se identificaba como vocero de Los Paisas y me ordenaba dejar de informar sobre crímenes en la zona.
Las amenazas se hicieron más palpables en abril de 2010, cuando recibí un panfleto, firmado por Los Paisas, que indicaba que me darían de baja en una calle cualquiera de Montería, en un día cualquiera de abril. El temor que infringía el panfleto se sumó a la angustia que todos los periodistas locales vivíamos por ese entonces, cuando hacía pocos días que el periodista Clodomiro Castilla Ospino había sido asesinado por dos sicarios en la puerta de su casa en Montería. Por ese entonces, otros tres periodistas de investigación de la zona también denunciaron ser víctimas de amenazas.
Informé de mi caso a la Fiscalía y me asignaron a un Policía que me acompañara en mis tareas diarias. Comencé a tomar un taxi que me trasladara hasta la radio porque caminar o usar el transporte público ya no eran seguros para mí.
Sufrí también el rechazo que las personas amenazadas padecen en una ciudad como Montería donde el miedo se respira. La gerencia de la radio pensaba que con mi sola presencia podían sufrir un atentado y me recomendaron tomar vacaciones por adelantado. Algunos colegas, en lugar de rechazar las amenazas, parecieron responsabilizarme por éstas y me acusaron de abrir la boca demasiado. Por suerte, en todo ese duro período tuve a mi lado a un aliado incondicional: mi familia.
El 27 de mayo las amenazas se hicieron más patentes que nunca. Desconocidos a bordo de dos camionetas llegaron hasta mi casa y uno de ellos me exigió que no hablara "ni mal ni bien de Los Paisas". Me instó también a que hiciera llegar el mensaje a toda la prensa local. Ante mi negativa, me ordenó que me fuera de Montería. Si no lo hacía —me dijo— le harían daño a mi familia.
Cuatro horas después, aterricé en Bogotá sin boleto de regreso a Montería.
A mis 58 años de edad he vivido lo suficiente como para saber que huir del peligro no es un acto de cobardía. Lo hice por mi esposa y mis hijos, y porque no tengo capacidad defensiva, ni económica ni jurídica para hacer frente a un enemigo tan poderoso.
Desempleado, en Bogotá todavía enfrento a esta pesadilla. En la capital, nadie quiere contratar a un periodista de provincia amenazado. Pero, no me arrepiento de haber denunciado la presencia de bandas criminales en mi tierra. Como periodista no podía hacer una cosa diferente.

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