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El Sinú, territorio cambiante de vida

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Por las bocas de Cispatá se realizaba todo el comercio entre Cartagena, Lorica y Montería y en barquetonas trasladaban pasajeros y productos de la zona.

Antes el río Sinú desembocaba en la bahía de Cispatá, en el municipio de San Antero.
Por las bocas de Cispatá se realizaba todo el comercio entre Cartagena y Lorica, después con Montería. En lanchas y barquetonas trasladaban pasajeros y productos de la zona como cocos, naranjas, arroz, ganado, cerdos y aceite de corozo nolí, entre otros.
La selva era tupida y salvaje. Había grandes formaciones de ceiba, roble, camajones, campanos, higos y corozos. Sobre las márgenes del río algunos cultivos de maíz, yuca, arroz y frutales. Más hacia el mar estaban los manglares.
La pesca era magnífica, no solo bocachico y bagre de agua dulce, también algunos peces de mar como sábalo, róbalo, lebranche, mero, pez espada y otros que se atrevían entrar a la bahía para escapar de los tiburones.
Los animales y fieras salvajes como tigres, tigrillos, monos y caimanes abundaban, así también aves de toda clase, desde pisingos y patos hasta garzas y gavilanes.

Los despojan
El trabajo en estas condiciones resultó difícil. El terreno era bajo y cenagoso, los campesinos debieron vivir en tambos. Algunos desarrollaron el oficio del concheo que consistía en retirar la concha de los mangles y venderla a las curtidurías. Debieron ingeniarse formas para calzar ciénagas y bajos, así ampliaron los cultivos después de muchos años de labores. Pero no contaron con hacendados y políticos que se presentaron con escrituras reclamando los terrenos ya habilitados, ampliados y con producción.
Nada ni nadie impidió que se apropiaran de ellos. Hubo varios intentos por desalojarlos pero los campesinos siempre se opusieron.
Los supuestos propietarios optaron entonces por cobrarles a los campesinos un impuesto llamado terraje por sembrar en predio ajeno. Consistía en entregar 100 gajos o puños de arroz por hectárea cultivada, después exigieron el pago en efectivo.
Los campesinos siempre se opusieron a estos atropellos a través de alegatos jurídicos y organización pero la situación se les complicó más aún el 7 de abril, un viernes santo, de 1961 cuando el Sinú abandonó su viejo cauce y rompió definitivamente por Tinajones en el vecino municipio de San Bernardo del Viento.
El daño fue grande e irreparable: cientos de hectáreas inundadas, otras tantas dañadas, casas arrastradas junto con miles de animales domésticos. Al mismo tiempo, las aguas del mar empezaron a presionar y a entrar por la boca abandonada, ya sin fuerza, salando las tierras antes cultivadas. El hambre y la desesperación causaron estragos físicos y morales en toda la población afectada.
La grave situación llamó la atención del Gobierno que envió comisiones y después de reuniones y estudios decidió crear el Distrito de Riego con asiento en el corregimiento La Doctrina del municipio de Lorica.
De esta manera en 1963 comenzó a operar en el departamento el Instituto Colombiano de Reforma Agraria Incora con el denominado Proyecto Córdoba número uno. La construcción del Distrito permitió que las tierras inundables fueran aprovechadas en cultivos comerciales de arroz, sorgo, maíz, algodón y ajonjolí, más ganadería.
En la actualidad en el Distrito hay sembradas 200 hectáreas de palma aceitera con perspectiva de aumento en los próximos años. La producción de alimentos de pancoger y comerciales es cada vez menor.
En las décadas del noventa y principio de la del 2000 las camaroneras se asentaron en la zona y produjeron cambios en el relieve, las aguas y el laboreo de campesinos y pescadores. Hoy, por distintos motivos, la mayoría de ellas dejaron de funcionar.
En el año 2000 con la entrada en operación de la hidroeléctrica de Urrá se produjeron nuevos cambios en la zona que afectaron la pesca, los cultivos y el agua.
La reducción de la pesca ha originado mayor pobreza en la zona, la penetración de la cuña salina ocasiona perjuicios a algunas especies de peces, la variación en los ciclos de invierno y verano ha alterado la vida y reproducción de árboles, reptiles e hicoteas, aceleró la erosión y sedimentación alterando la calidad del agua.
Hoy en la zona de la desembocadura, en los manglares, los pescadores y campesinos capturan moluscos como el caracol copey, yipiyipi y ostra manglera; crustáceos como los camarones, jaiba y cangrejo azul y variedades de peces como la anchoa, róbalo, mojarra, barbudos, sábalo, lisa, mero y mojarra plateada, entre las principales.
En resumen, la vieja y pequeña finca sinuana provista de productos de pancoger (yuca, plátano, ñame, batata), maíz, arroz, frutales, árboles maderables, animales domésticos, plantas aromáticas, medicinales, hortalizas y ornamentales está a punto de desaparecer por varios factores. Mientras, en los últimos años cogen fuerza y se expanden los monocultivos. Dentro de estos está la siembra de forestales, en especial las especies introducidas de teca, acacia mangium y gmelina; los transgénicos como el algodón y el maíz; los agroindustriales como el cacao y el caucho y los agrocombustibles como la caña de azúcar y la palma aceitera.
Los bosques naturales son cada vez menos y gran parte de los humedales (ciénagas, pantanos, bajos) están desecados o próximos a desaparecer. La parcela campesina está fraccionándose o siendo absorbida por las grandes propiedades dedicadas a la ganadería extensiva o a los monocultivos.
La seguridad alimentaria y la gastronomía típica sinuana pasan por un mal momento desde hace algunos años con la reducción o desaparición de algunos productos básicos y especímenes representativos de las culturas riana, de selva y cienaguera.

Zona discriminada
La zona costanera de Córdoba la conforman los municipios Los Córdobas, Puerto Escondido, Moñitos, San Bernardo del Viento y San Antero. En total son 124 kilómetros de playa y un territorio formado por planicies costeras, lomas bajas y áreas de colinas.
Su importancia es manifiesta: está situada en medio de los golfos de Urabá en Antioquia y Morrosquillo en Sucre, hace parte del área del Gran Urabá (integrado por los Urabá antioqueño, chocoano y cordobés) con gran potencial agropecuario, agroindustrial, industrial, turístico y en general exportador y su topografía e infraestructura no requiere de grandes inversiones para ser viable.
A pesar de tantas ventajas la zona es de las más pobres del departamento, tradicionalmente discriminada por ser el 75% de su población negra y olvidada por todos los gobiernos departamentales y nacionales.
El 75% del suelo está sembrado con pasto para ganadería extensiva y en los cultivos sobresale el plátano, la mayor actividad económica generadora de empleo y seguridad alimentaria con un mínimo apoyo estatal para una explotación adecuada y rentable. Le siguen en orden el maíz, yuca, arroz y coco. En la pesca marina artesanal se destacan la sierra, róbalo, barbudo, tiburón, mero, chino, ronco, jurel, cojinúa, barracuda, pargo rojo, saltona, medregal, bacalao y raya.
La principal fuente hidrográfica es el río Canalete, le siguen otros más pequeños como Broqueles, Córdoba y Mangle, además de caños, arroyos, quebradas y el complejo cenagoso estuarino en la desembocadura del río Sinú. Estos recursos han permitido el desarrollo de un turismo incipiente con ausencia de servicios básicos. A ellos se les suman volcanes de lodo, cercanía a las islas Tortuguilla, Fuerte y San Bernardo y realización de festivales como el bullerengue y las fiestas del mar.
En la zona funcionó la Asociación de municipios del Caribe. Durante 11 años (1991-2002) fue la mejor experiencia en materia de asociación de municipios. Su plan de desarrollo fue ejemplo de desarrollo integral, visión futurista, participación ciudadana y gestión eficiente. Contenía, entre otros, la adecuación y construcción del eje carreteable que uniría toda la zona; capacitación, tecnificación y comercialización de la pesca marina artesanal, maricultura y acuicultura; construcción de un puerto de cabotaje; comercialización y manejo empresarial de la producción agrícola; elaboración de concentrados para la alimentación de especies menores; procesamiento de alimentos marinos poco comerciales; constitución de empresas dedicadas a la comercialización de frutas y hortalizas; recuperación de las fuentes de agua y organización de los juegos del Caribe cordobés.
Todo este potencial está amenazado desde hace algunos años por los grupos armados ilegales, viejos y nuevos, que han convertido la zona en área de conflicto sin posibilidad de solución a corto plazo.

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