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Libre, pero vive preso en las calles de Montería

En la mañana del jueves 25 de abril, Rafael Alberto Barboza Herrera se disponía a tomar el vuelo que lo llevaría de regreso a su país Costa Rica, después de cinco días de permanencia en Barranquilla, Atlántico a donde él dice llegó a consultar los beneficios del Plan Vallejo que el Estado colombiano dispone para actividades de comercio internacional, pues quería llevar de Colombia teléfonos celulares y ropa interior.

Cuando los altoparlantes del aeropuerto Ernesto Cortizzos de Barranquilla llamaron a abordar el vuelo, Rafael no pudo pasar la sala de espera, agentes de Policía Portuaria lo requirieron para notificarle que en su equipaje llevaba 5.575 gramos de heroína impregnados en sus prendas de vestir. De inmediato se comunicó con su esposa en la capital San José de Costa Rica y le comunicó que ese día no lo esperaran.
Pero la espera se ha prolongado por ocho años, porque a pesar de insistir en su inocencia alegando que su equipaje fue cambiado, el viajero fue procesado, acusado y condenado a 16 años de prisión por tráfico ilegal de estupefacientes.
De esa pena impuesta dos años los pagó en la Cárcel Distrital El Bosque de Barranquilla, el 4 de marzo de 2004 llegó trasladado a la Cárcel Las Mercedes de Montería. Desde el patio 4 siguió reclamando su inocencia, y hasta envió sendas cartas angustiosas a las representaciones diplomáticas de Costa Rica en Colombia, todas sin respuestas; también a autoridades locales, sin éxito.
A esta angustia se suma la tristeza que lo acompaña desde el día en que su esposa Rosybel Vargas Castro le notificó hace cuatro años que iba meter demanda de divorcio para acceder a un auxilio estatal porque la situación de ella y sus tres hijas era precaria. Desde aquella vez perdió todo contacto con su familia.

AMENAZA Y HUELGA
A pesar de su lucha solitaria, Rafael Barboza continuó su defensa y negándose a firmar un acta de libertad condicional que según él lo ponía a aceptar los cargos que lo pusieron tras las rejas, lo mismo aconsejaba a unos reclusos que considera inocentes.
Una mañana en plena celebración del Día del Recluso, cuando Rafael oraba a la Virgen de Las Mercedes, una niña se le acercó con un papel envuelto. “Yo le dije que lo metiera en el bolsillo de la camisa porque tenía las manos mojadas, en la noche, antes de acostarse esculcando sus bolsillos y entre sus manos apareció una sentencia: “Si no se calla se mueren también sus hijos americanos” (ver facsímil). Aquel sufragio lo guarda entre su escuálida billetera y dice que en el centro reclusorio fue desestimado.
La angustia de no poder demostrar su inocencia lo llevaron a decretar una huelga de hambre en abril de 2009, hasta finales de junio por el progresivo debilitamiento de su organismo.

LLEGÓ LA LIBERTAD
El 7 de enero de 2010 Rafael Barboza, con 62 años a cuesta y lejos de su familia de la que no sabe hace 4 años, fue notificado de su libertad condicional por cumplimiento de la mitad de los 194 meses de pena impuesta.
Desde entonces salió a enfrentarse a la soledad en la capital cordobesa. Ese mismo se enteró que el presidente de Colombia Álvaro Uribe descansaba en su finca El Ubérrimo a veinte minutos de Montería. Hasta allá quiso llegar pero no pasó la guardia presidencial. De regreso a Montería se sentó a descansar en una banqueta del Parque Simón Bolívar, allí lo sorprendió el sueño hasta el día siguiente. Desde ese día la banqueta es su lecho y el cielo cordobés su cobija, y el río Sinú, su baño. El conductor de turismo en Costa Rica duerme al pie del Libertador Simón Bolívar, luchando por su libertad, y frente al DAS, por seguridad.

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