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Un título que sabe a gloria

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“La Universidad Pontificia Bolivariana confiere el título de ingeniero electrónico a Andrés José Montes Kerguelén”.

Esas palabras pronunciadas por las directivas de la institución bastaron para que el salón irrumpiera en aplausos y para que las lágrimas de la familia se hicieran evidentes, pues habían consolidado un sueño en medio de múltiples dificultades.
El grado de Andrés José tenía un significado especial: todos los días asistió al salón de clases en una silla de ruedas.
Sin importar el sol, la lluvia y mucho menos la distrofia muscular que los médicos le diagnosticaron desde que era un niño de tres años, Andrés José no faltó un solo día a clases y se convirtió en un ejemplo de abnegación y responsabilidad.
Junto a él estaban sus padres, Juan Montes Negrete e Ilse Kerguelén Puche, y su hermana Melissa quienes en un instante recordaron el primer día de clases en la Universidad, ese mismo día en que tocó subir una silla de ruedas que pesa cerca de 100 kilos y a Andrés José hasta un cuarto piso, pues para la época no había rampas para discapacitados, ni ascensor.

SU HISTORIA
La historia de este monteriano de 22 años no sería diferente a la de cualquier joven de su edad sino fuera por su limitación física.
El compromiso de sus padres y el amor de su familia han hecho que su vida parezca normal: asiste a los paseos, sale de la ciudad, va al cine, se baña en el mar, estudia, en fin hace lo que cualquier chico haría a su edad, pero lograrlo no ha sido sencillo.
Es el primero de los hijos de la familia. Desde pequeño sus padres notaron que tenía dificultades para caminar, pero el médico les dijo que no todos lo hacían a la misma edad. La situación dejó de preocuparlos al año y medio cuando efectivamente Andrés José empezó a dar los primeros pasos y casi los últimos pues a los 11 años de edad ya estaba en silla de ruedas.
Fue justamente cuando cumplió tres años que un médico en Medellín le diagnosticó distrofia muscular, una enfermedad irreversible, que produce degeneración muscular.
Al comenzar séptimo grado en el colegio La Salle de Montería, donde estudio desde el preescolar y se graduó de bachiller, ya iba en una silla de ruedas.
No era fácil para su familia. Había que llevarlo todos los días, buscar quien lo cargara, ayudar en la construcción de rampas para facilitar sus movimientos, llevarlo al baño en determinadas horas específicas y, como si fuera poco, luchar contra una sociedad insensible ante las verdaderas necesidades de los discapacitados.
Era tal el tiempo que requería su atención que Ilse, su madre, decidió renunciar de su trabajo en un banco de la ciudad en el que llevaba 18 años de servicio para poder dedicar cada instante de su vida a su hijo mayor.
No importaba cuanto sacrificio habría que hacer pues ellos estaban dispuestos a asumirlo.
Su padre, un ingeniero agrónomo, tampoco escatimó esfuerzo alguno por hacer de su primogénito un ser útil a la sociedad.
Su hermana Melissa, una estudiante de sexto semestre de administración de empresas en la UPB, de igual manera entendió la necesidad de brindarle todo el apoyo necesario.
Ellos junto a la familia, la cual califican como muy unida, han aportado granitos de arena para que los sueños se hagan realidad.
Dentro de los recuerdos de su madre figuran muchos nombres y personas que han contribuido a lo largo de estos 22 años.
Recuerda por ejemplo los profesores de infancia, aquellos que conociendo las limitaciones iniciales de Andrés José le permitían que integrara el equipo de fútbol, así jugara sólo cinco minutos y así se cayera varias veces en la cancha.
De igual manera sonríe al evocar a Santiago Isaza, un amigo de infancia que no puede pisar Montería porque de inmediato llega a saludarlo, a alegrarle la vida y a conversar como en sus épocas de colegiales.
Vienen nombres como el de Efraín Corrales, cuya fuerza se ha puesto a prueba por más de una década alzando a pulso a Andrés José para ayudarlo a trasladar de un sitio a otro.
Y así sucesivamente fluyen nombres de personas que los han ayudado a superar las dificultades y que han sido parte importante de sus logros.

¿Y EN LA UNIVERSIDAD?
Cuando Andrés José terminó su bachillerato le dijo a sus padres que quería estudiar ingeniería de sistemas. Sin embargo, luego de analizar un poco el contenido de la misma terminó inclinándose por ingeniería eléctrónica.
Su madre le insistió inicialmente que estudiara administración de empresas o contaduría pero él tenía claro lo que quería ser en su vida.
Fueron muchos días amaneciendo en su silla de ruedas eléctrica a la cual le adaptaban una mesa de estudio para poder sobresalir en la universidad.
No mover su cuerpo no era limitante, pues unos brazos amorosos siempre han estado a su lado para hacerlo por él.
Esos mismos brazos que lo conducían a la universidad todos los días, que lo motivaban a seguir adelante, que le daban la droga en forma oportuna, que subía y bajaba la silla de ruedas cuantas veces fuera necesario, que le daba ánimo para que no desfalleciera en las duras jornadas académicas, que hizo derechos de petición para que adecuaran rampas para discapacitados, en fin unos brazos que se mueven por el profundo amor de madre.
“Siento como si fuera yo la que me graduara”, dijo Ilse con lágrimas en sus ojos, sin ocultar los saltos que daba su corazón al ver que su hijo se acercaba en silla de ruedas a recibir el título de ingeniero.
¿Qué viene ahora? Fue la pregunta obligada que se le hizo a Andrés José y su respuesta fue: Hacer un postgrado.
Hizo la tesis sobre un agitador ultrasónico y con ella cumplió todos los requisitos legales para hacerse acreedor al título profesional.
Su vida se convierte en un ejemplo para los jóvenes de hoy. Asistir a clases siempre en silla de ruedas y con las dificultades propias de una distrofia son méritos suficiente para que su grado como ingeniero electrónico tenga un sabor a gloria.

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Comentarios

ok.

ok.

Excelente trabajo Nidia. Yo

Excelente trabajo Nidia. Yo recuerdo a ese muchacho cuando estudiaba en la UPB. Y es cierto que fueron muchas las dificultades que tuvo que pasar. Felicitaciones y que siga adelante, pues ahora es un ejemplo para la sociedad.