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El Festival de Fanny Mikey y para Fanny

Luego de su partida, el Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá (FITB) quedó bajo la dirección de Ana Martha de Pizarro, la mujer en quien Fanny Mikey depositó toda la confianza. “Ha sido un año de mucho trabajo y de una constante búsqueda, nunca he pretendido reemplazar a Fanny, sería absurdo. Estoy reflejando lo que nosotras tuvimos: una relación muy estrecha de casi quince años”, comentó.

Recordó los espacios en que su ausencia se hizo más dolorosa. “Un día llegue al aeropuerto de Barajas, en Madrid. Nunca en mi vida había salido sola, siempre iba con Fanny, era como mi marido. Fue muy triste, tanto que tuve que sentarme a llorar y esperar que ella me consolara”.
Según De Pizarro era una mujer intensa, en el más maravilloso sentido de la palabra. “Llamaba a las 7 a.m., desde esa hora estábamos despiertas sin saber a qué hora regresaríamos a la casa. De sus grandes enseñanzas recuerdo la de ‘no tirar la toalla’; sé que las cosas no serán fáciles, pero estamos convencidos de que van a funcionar, porque desde donde esté, ella siempre nos acompañará”, dijo de Pizarro.
Si bien en un principio hubo disputas dentro de la Junta Directiva del Festival, de Pizarro comentó que es normal, pues se despiertan intereses y pasiones. “Es una gran responsabilidad y todos queremos que todo siga como cuando ella estaba. Fanny soñaba en que su ausencia las cosas siguieran su curso”.

¿Qué ha sido lo más difícil de suceder a Fanny en la dirección del Festival?
—Pues eso mismo, es decir todo. Mucho trabajo, como siempre. Su ausencia es más que evidente, pero siempre siento su presencia. Ahora, antes de que suene el despertador ya tengo los ojos abiertos, creo que es ella la que me jala los pies. Lo más difícil es buscar a los patrocinadores. Nunca olvido su máxima recomendación: Véncelos por cansancio, sobretodo, cuando uno llama y sabe que los empresarios se están negando. Entonces, agarro el toro por los cuernos.

¿Cómo se siente ahora que se aproxima el Festival?
—Estamos rindiéndole cuentas a ella, y esperamos que lo apruebe. Es el Festival más importante porque es un completo homenaje a su vida. Estamos haciendo el Festival que le hubiera gustado hacer. Estamos siguiendo su enseñanza más importante: el teatro es para toda la gente, desde los absolutos especialistas, pasando por los interesados por las cosas contemporáneas abstractas, hasta para quienes les gusta los clásicos y, sobretodo, para la familia. El último Festival estuvo marcado por cosas de circo, le gustaban mucho, así que en este próximo tendremos mucho de circo.

¿Qué recomendación específica hizo Fanny para esta ocasión?
—Pidió que de ahora en adelante el diseño del afiche publicitario del Festival se hiciera por convocatoria nacional. Y así fue. Para esta versión, Fanny será la imagen del Festival.

¿Tendrá país invitado de honor?
—No. A diferencia de las anteriores versiones, vamos a tener tres focos: cultura catalana, cultura andaluza y nuevo teatro francés. Vamos a mantener las coproducciones con grupos de teatro colombianos, hicimos un acuerdo con el Ministerio de Cultura de Australia para hacer teatro callejero, pues este país ha traído lo más atractivo en este estilo.

¿En qué consistirá la programación de esta versión?
Vamos a tener teatro de sala en todas las manifestaciones. Cada cinco días cambiaremos las obras en cada una de ellas. Asimismo, tendremos Teatro en Corferias y mucho teatro callejero. Para darle fin al Festival habrá una gran clausura en el Parque Simón Bolívar.

¿Cuáles son los planes futuros?
—Vamos a imponer un énfasis en el trabajo con jóvenes que empezará en enero de 2010. Serán escuelas de teatro, pero prefiero dejar los detalles para después.

¿Qué le dirá a Fanny el día de la Inauguración del XII Festival?
Aquí está tu legado. Tienes que sentirte orgullosa de este trabajo.

MÁS VIVA QUE NUNCA
BOGOTÁ-COLPRENSA
Cuando en 1996 cumplió 50 años de vida artística aseguró que no le gustaba pensar en la muerte porque tenía un hijo muy hermoso al que quería ver crecer. “No quiero morirme porque siento que estoy más inteligente que antes y sé un poco de cosas. Siento que estos festejos en mis cincuenta años de trabajo, parece que me estuvieran agasajando antes de que muriera. Pero no tengo miedo, porque sé que uno se muere sin darse cuenta”, comentó Fanny Mikey en una entrevista de entonces.
El pasado 16 de agosto se cumplió el primer año de la partida de esta mujer que tuvo a su cargo la administración del Teatro Experimental de Cali-TEC, dirigió cinco versiones del Festival de Arte de esa ciudad e impulsó la creación de semanas culturales en diferentes regiones del país.
Toda Colombia la adoraría por ser la creadora de la Fundación Teatro Nacional y del evento más importante del mundo en materia de teatro, El Festival Iberoamericano de Bogotá.
“La única conspiración es estar bien, porque cuando uno está bien, se muere más tarde y muere bien”. Así fue. Fanny murió viviendo. Se encontraba haciendo gira de su show ‘Tango’ en Cali, luego de intensas jornadas de promoción, ensayos y presentaciones.
“Se empezó a sentir mal. Luego de dormir por varias horas, cosa que no era común en ella, decidió ir a la Clínica Sebastián de Belalcázar, donde estuvo internada 16 días durante los cuales sus más cercanos amigos la acompañaron hasta el momento de su muerte. Ella murió bien, muy bien”, comentó una de sus compañeras de correrías, Mónica Suarez.

SU HIJO LA RECUERDA
Uno de sus grandes amores fue su hijo Daniel Álvarez, quien curiosamente la llama Fanny. “Ella me decía en tono fuerte: ‘Dime mamá’”. Pocas veces la llamaba así, porque para Daniel, Fanny era más que una madre. “Lo era todo, por eso creo que desde donde esté siempre estará con nosotros”.

Además de usted, ¿Quién fue su gran amor?
—Colombia.

¿Cómo ha sido este año sin su madre?
—Ha sido un año de muchas ausencias. Era una mujer desfasada de la realidad. Era una niña chiquita, en nuestra relación yo era el adulto, yo el papá y ella, la niña. Me tocaba estar pendiente de si había comido, si iba a llegar temprano o no. Ella era puntual con las cosas, pero se perdía. Hasta le decía cosas como, ¡no hables con la boca llena!

¿Qué ha sido lo mejor de ser el hijo de una mujer que se hizo teatro?
—Es una gran responsabilidad porque su obra fue única. Lo mejor de ser su hijo fue tener su impecable energía a mi lado. Siempre me hizo sentir feliz, me hacia sentir bien e importante, me empujó al abismo aunque no pretendía que uno fuera como ella, me contagió de vida.

¿Cuál es el recuerdo más vivo de su niñez junto a ella?
—Desde que tengo memoria, Fanny empezó a llevarme de viaje, cuando hizo Café Concierto colombiano. Me llevaba en un carrito y me dejaba en el camerino. Era entrar a una dimensión que muy pronto dejó de ser desconocida, pues pasó a ser mi hogar. Luego a los 14 años empecé a trabajar con ella. En el Teatro Nacional doblaba afiches, repartía correspondencia y hasta participaba en montaje de luces. Finalmente, me dediqué a hacer cine. Todo gracias a ella.

¿Cómo era la familia Álvarez Mikey?
—Vivíamos los dos solos, luego me fui, cuando cumplí la mayoría de edad. Trataba de controlarla, pero era imposible. No conocí con detalle a la familia de mi mamá, porque la mayoría vive en Argentina. Para mi mamá, la familia eran los amigos y nosotros tres, junto a mi hijo de 15 años. Ahora que falta, quedamos los dos solitos.

De todo, ¿qué era lo más complejo de Fanny?
—Ella era compleja en todo sentido, pero lo fue aún más porque nos hizo creer que era inmortal. Casi nunca tocaba el tema de la muerte. Desde siempre tuvo problemas de salud, pero se exigía al máximo y sabía las consecuencias de trabajar 24 horas al día.

¿Recuerda los cuidados que tenía en casa?
—Procuraba cuidarse. Hacía ejercicio, comía sano, pero no se cohibía de nada. Si terminaba de buscar patrocinios a las 9 de la noche, se iba a tomar un trago y a bailar salsa.

¿Qué olvidaba con frecuencia?
—Mientras pensaba en proyectos de una magnitud increíble, buscaba las gafas de lectura que nunca sabía donde las había dejado y cuando se daba cuenta, las tenía en la cabeza.

¿Alguna cosa que se le quedó pendiente?
Miles. Tal vez alguna vez habló de escribir un libro. Habría podido escribir no sólo uno, sino muchos. Ella no tenía sueños, los vivía.

¿Algún consejo que día a día recuerde de ella?
—Lo que comiences, termínalo y hazlo bien. Eso hago todos los días para recordar a Fanny.

EN EL TINTERO DE FANNY MIKEY

BOGOTÁ-COLPRENSA
Si bien hizo mil cosas, en el tintero se le quedaron proyectos como un programa radial que llevaría por nombre ‘Fanny Corazón’, en el que pretendería ser la sicóloga de todos aquellos que, desilusionados del amor, se comunicaran. Pensaba escribir un libro y la universidad de Artes Escénicas y Audiovisuales que planeó fundar no alcanzó los recaudos suficientes para que miles de artistas se formaran. Sin embargo, a su labor y obra, que estuvo por encima de la de muchos, los colombianos le deben la existencia del Festival de Teatro más importante del mundo.
“Nos tuvo toda una noche haciendo las escaletas y ya había hablado con RCN radio para que le dieran el espacio. Quería que la gente fuera más feliz”, cuenta Mónica Suárez, ex jefe de prensa del Teatro Nacional. Su hijo, Daniel Álvarez, comenta, a su turno, que todos los días hablaba del libro que escribiría.
“Tenía mucho trabajo y aunque sacaba tiempo para todo, los días y las noches no le alcanzaron para dedicarse a escribir. Sentía que era hora de ser la autora de su propia historia”. “Un día en Islas del Rosario tomándonos un par de rones, discutimos que en el país faltaba una escuela de Artes Dramáticas y Audiovisuales y fundamos una Universidad.
Logramos la aprobación del ICFES y del Ministerio de Educación, era un proyecto en el que estábamos muy esperanzados, pero no logramos la suma de dinero que necesitaba, fue de los únicos planes que quedaron colgados”, cuenta su amigo Jorge Alí Triana, al recordar el proyecto que no lograron culminar.

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