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"Uno escribe los libros que tiene dentro": Fernando Ampuero

"Creo que la realidad peruana es novela negra de tiempo completo". "Un escritor debe escribir sobre las cosas que conoce, sobre un escenario determinado y saber cómo huele cada rincón".

Fernando Ampuero afirma que uno escribe sobre lo que conoce, a partir de las anécdotas que pesca en un bar, en un taxi, o las historias que huele en las calles. Un trabajo que él sabe muy bien como hacerlo, no solo por su pasión por el periodismo investigativo, sino por la fascinación que siente por la novela negra, un género que ha aprendido a desarrollar a partir de historias callejeras protagonizadas por personajes pecaminosos.
Su prosa es rápida y seca y su escritura picante, quizás porque se autoclasifica como un escritor realista existencial y un hombre un tanto promiscuo, desde la escogencia de las editoriales que hacen rentable su oficio como escritor -no se ha casado con ninguna- hasta en la elección de los libros que llegan a su mesa de noche, de diferentes géneros y editoriales.
Este escritor y periodista peruano es uno de los invitados de honor en la Quinta versión del Festival Malpensante, que este año convocó a periodistas, escritores, y promotores del lenguaje escrito y visual bajo el lema "Viva el ají".
Aunque Ampuero fue escritor antes de ser periodista, hoy sus días se reparten entre sus dos oficios. El único periodo en el cual permaneció en silencio narrativo fue durante la época en que el grupo al margen de la ley Sendero Luminoso, mantuvo el tema del terrorismo en la agenda periodística de los peruanos, en las décadas de los ochentas y noventas.
Después de esta temporada empezaron a surgir los libros que tenía guardados en su cerebro picaresco. Malos Modales (1994), Bicho Raro (1996) y Mujeres difíciles, hombres benditos (2005) son algunas de las obras con las que salió del closet narrativo.
Sería con Caramelo Verde (1992) que daría a conocer la esencia de una novela negra, el género con el que se siente cómodo. Esta obra es considerada por el autor como la primera parte de lo que denomina una trilogía callejera de Lima, que siguió con Puta Linda (2006) y terminó con Hasta que me orinen los perros, el libro con el que se presenta en el festival de las lenguas picantes en Colombia.
Alberto es el protagonista de Hasta que me orinen los perros, una taxista que después de quedarse sin su herramienta de trabajo decide unirse a un grupo de colegas que se dedican a vender borrachos en huecos (ollas) donde los desvalijan, hasta dejarlos "limpios". El picante de la historia lo pone la narrativa de Ampuero y la historia de amor entre Alberto y su mujer, Rosa, una policía motorizada.
Sobre el origen de esta historia, habló Ampuero de la única regla para los escritores de ficción y de su gusto por la novela negra, una adicción que viene de los escritores que admira y de los que leyó para nunca llegar a ser como ellos.
¿Por qué "Hasta que me orinen los perros"?
—Esa frase es la de los borrachos pesados. En ciertas cantinas de Lima hay gente que se pone a beber y no quiere parar. Los echan de la cantina y siguen en la calle con la botella. Dicen: "Yo no me muevo de aquí hasta que me orinen los perros", como si fueran un árbol. Es una frase populachera pero que funciona muy bien. Casi todas mis novelas retratan personajes de la vida callejera, por eso esta trilogía que está integrada por Caramelo verde, Puta linda y Hasta que me orinen los perros, recoge historias de personajes callejeros. En Caramelo verde está el cambista de dólares; en Puta linda, está la puta y un vendedor de enciclopedias, no hay nada más callejero que eso.
¿Cómo llega la historia a sus manos?
—Curiosamente la escuché en un bar. Estaba por irme a hacer una entrevista, pero estaba haciendo un poco de frío y decidí entrar a tomarme una copa de jerez. Unas personas estaban contando lo que le había pasado a un amigo suyo, que lo habían vendido como borracho en un hueco y luego había aparecido desnudo al amanecer en ropa interior, pelado, "calato", como dicen en Perú. Me llamó la atención esta historia, entonces decidí escribir un cuento que se llama "Taxi driver sin Robert de Niro", historia de la que se hizo un cortometraje y que ganó el premio de Conacine, uno de los galardones más prestigiosos de Lima. Esto fue venturoso para este cuento. De allí Miramax contactó a la directora del Corto para ver si hacían un largo. Entonces me llamó la directora para ver si quería escribir un guión. Yo les dije que no lo iba a escribir; que podía hacer una novela y de allí que hicieran el guión. Realmente esta novela, Hasta que me orinen los perros, es el desarrollo de "Taxi driver sin Robert de Niro", aunque en épocas diferentes. La primera se situaba durante el gobierno de Fujimori y la segunda se sitúa en la transición entre el gobierno de Alejandro Toledo al de Alan García. Lo curioso es que cuando aparece la novela, a la semana entrevistaron en televisión a dos muchachos que los habían vendido como borrachos, o sea que el negocio sigue.
¿Cómo fue el proceso para armar los personajes?
—Primero comencé a imaginar la frustración de este personaje (Alberto) que de la noche a la mañana se ve despojado de su carro (se lo roban) y luego te vas enterando que está casado con una policía. Allá los policías están muy mal pagados. Él en la misma corrientada de acontecimientos acaba tomando la posición de liderazgo entre el grupo de taxistas. Esa es la historia...
La relación entre Rosa y Alberto, es buena pese a las dificultades...
—Son supervivientes, en realidad los argumentos de las tres novelas son historias de supervivientes. Las tres historias podrían estar inscritas en el género de novela negra, pero yo creo que la realidad peruana es novela negra de tiempo completo, porque se da en todo momento y todo tipo de situaciones.

DETRÁS DE LA HISTORIA
¿Cómo fue el proceso de investigación?
—Yo no investigo mucho, si bien soy periodista de investigación para lo que es la novela, siempre estoy atento, estoy mirando. Este proceso de investigación por su puesto que se dio: un 50 por ciento de manera consciente y el otro 50 por ciento porque lo respiro, lo veo. Un escritor debe escribir sobre las cosas que conoce, sobre un escenario determinado y saber cómo huele cada rincón, porque de esa manera el lector va a sentir que lo está viviendo.
¿El libro es una denuncia sobre la situación de los taxistas?
—Todos mis libros tienen una carga de denuncia, pero absolutamente involuntaria, no estoy haciendo una literatura panfletaria y tampoco me interesa, porque la detesto. Yo escribo lo que pasa, cuento historias de amor. Tienen unos entresijos de una realidad en la que se denuncian muchas cosas. La gran diferencia entre la novela policial y la novela negra, es que la primera solo está preocupada en encontrar el asesino y la segunda no, porque le interesa describir todo el contexto social, en mostrar las contradicciones de la vida, de la sociedad, y qué es lo que los lleva a una conducta determinada. Sin querer se convierte en una novela de denuncia, ese es uno de los niveles de lectura que tiene el libro. Yo veo otros niveles: el literario, el de la historia de amor, el de la realidad que vivimos.
¿Cómo fue la recepción del libro en Lima, a donde llegan cientos de turistas?
—Las novelas no están clasificadas para promocionar a Perú. Pero sí, muchos amigos míos viajaban a Lima y me preguntaban cómo debían tomar taxi. Lo que narro no lo inventé yo, ya estaba pasando. Lo que sí tuvo repercusión es que los negocios de taxi seguros, por teléfono han crecido enormemente, ellos han sido los más beneficiados.
¿Cómo fue la recepción de los taxistas frente al libro?
—Los taxistas saben cómo es su oficio. Son asaltados permanentemente, viven con una llave debajo del asiento para salir a defenderse, están en una situación compleja. Y este es un grupo de taxistas que venden borrachos (los de la novela), y es como ver una película. En el libro los lectores no tienen una escala de valores con quien identificarse, de pronto con algunos detalles de conducta.
¿Qué le han dicho cuando se sube en un taxi?
—En Perú hay una industria clandestina de la piratería, libros, taxis. Me he encontrado con taxistas que me pasan la voz y me dicen "íseñor Ampuero! no sabía que usted conocía tanto de la vida de los taxistas", absolutamente increíble. Me decían disculpa pero me he leído el libro pirata.

EL ROSTRO DETRÁS DEL PERIODISTA
¿Cómo escoge las historias que finalmente quedan en los libros en medio de la multitud que encuentra en la calle?
—Como editor de revistas recibo cientos de historias, la mayoría se las doy a muchachos jóvenes, porque soy el editor, el tallador. Algunas me las reservo, todo depende del tiempo, porque para llevar esta doble vida, escritor y periodista, se requiere de una disciplina. Creo que uno va intuyendo cuáles son las historias porque uno escribe los libros que tiene dentro. Y las historias de pronto se pueden encontrar en esa anécdota, que es tan distinta a tu vida personal. La única regla para escribir es hacerle caso a Moisés, que escribió el decálogo de los 10 mandamientos. Un novelista o un escritor de ficción lo que tiene que hacer es que sus personajes sistemáticamente violen todos los mandamientos, de tal manera que si alguien roba, mata o desea la mujer del prójimo hay conflicto. Si hay conflicto hay una historia.
¿Qué autores influenciaron su carrera?
—Mi influenciaron todos los escritores que leí y me gustaron y los que leí y no me agradaron. Los que me gustaron me hacían pensar que algún día yo podría emocionar así a un lector, y los que no, pues ojalá nunca escriba como ellos. Puedo decir que leí mucha novela rusa, francesa, y luego descubrí la literatura americana y latinoamericana. Albert Camus, Hemingway y una cantidad de autores que se caracterizan por tener un lenguaje sencillo y directo con una densidad literaria propia de un autor barroco, sin necesidad de tener ese lenguaje de frases que se cabalgan. Elegí ese modo.

HOJA DE VIDA
Fernando Ampuero nació en Lima (1949) y estudió en la Universidad Católica de esa ciudad. Inició su carrera literaria durante un largo viaje de mochilero, que lo llevaría a vivir durante un tiempo en las islas Galápagos.
Es cuentista, novelista y periodista. Fue subdirector de la revista Caretas, Director de las revistas Jaque y Somos, una de las más reconocidas en el ámbito político en Perú. También fue editor general del Canal N y director de los programas televisivos Documento y Uno más uno.
Hasta el 2008 fue director de la Unidad Investigativa del diario El Comercio y de su suplemento cultural, El Dominical.
Dentro de sus obras se destacan: las colecciones de cuentos Deliremos juntos (1975); Caramelo verde (1992); Bicho raro (1996); Malos modales (1998); Cuentos escogidos (1998); Puta linda (2006); y mujeres difíciles, hombre benditos (2005).

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