La fiebre amarilla contagia a Cartagena

El Universal
Cartagena, Bolívar
20 de Junio de 2014 12:02 am
  • Juan Puerta Batista apoya la Selección sin importar su edad y condición física. // EL UNIVERSAL

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Nunca me puede faltar mi camiseta cuando juega Colombia”, aclara Juan Puerta Batista, un cartagenero de 70 años que vive en el barrio San Francisco y a pesar de su edad y de sus condiciones físicas, celebra los triunfos de la selección, con ganas de ponerse de pie y salir corriendo de la silla de ruedas en la cual pasa sus días.   
 
Hace más de 16 años, Juan Puerta sufrió un accidente automovilístico que le causó un aceleramiento en la artritis que padecía que lo dejó sentado definitivamente en una silla de ruedas. 
“Juancho”, como lo llaman sus familiares y amigos, se pasea todos los días en su silla de ruedas por la calle de La Plata en su barrio para saludar a sus vecinos, los que con complacencia lo reciben en sus hogares como un familiar más.  
 
Cada vez que la selección sale a la cancha los habitantes de San Francisco se reúnen en una de las casa del barrio para disfrutar, sufrir, llorar o reír con estos héroes colombianos. 
Ese día todo se paraliza, sacan el televisor al patio y todos, con la camiseta puesta, armados con pitos y el rostro pintado del tricolor, apoyan a la selección, preparando sus gargantas para gritar a pleno pulmón gol. 
 
Durante el partido no falta nadie y mucho menos Juancho, que en su silla de ruedas es el primero en llegar y junto a sus vecinos celebra por horas la emoción que les causa ver a la selección dejando lo mejor en la cancha.
 
“Aquí todo el mundo agarra las cornetas y corre de esquina a esquina gritando hasta quedar roncos”, agregó Agustín Ruello, uno de los vecinos que acompaña a Juancho a ver los partidos, también dijo “que los niños cogen a Juancho de la silla de ruedas y lo llevan con ellos de un lado a otro para demostrar su emoción cuando James anota un gol”.
 
En San Francisco todos conocen a Juan Puerta Batista y lo cuidan como si fuera parte de cada familia, Juan vive del amor de sus vecinos y de la compañía que le da su sobrina; su vida transcurre llena de alegría, rodando su silla de ruedas para llenar de optimismo los corazones de la comunidad, así ellos lo aseguran. 
 
Como Juancho muchos otros cartageneros vivieron ayer el partido, algunos desde sus trabajos y otros en establecimientos públicos o con sus familiares, pero en cualquiera de los casos la mayoría de los cartageneros, pegados a sus radios o televisores siguiendo a la selección mientras se luce en el toque - toque del balón. 
 
Cartagena está contagiada de fútbol y cuando juega Colombia en cada esquina se siente la euforia que acompaña a los niños, las mujeres, los hombres y hasta a los ancianos que en medio de sus obligaciones sacan tiempo para disfrutar de la fiebre amarilla.