Una bofetada a un estilo de juego que no gusta

Carlos Caballero V.
SAO PAULO, BRASIL
9 de Julio de 2014 08:35 pm
  • Brasil, goleado 7-1 por Alemania, buscará el sábado el tercer lugar ante Holanda. // AFP

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¿Esto es peor que el Maracanazo?. Respuesta inmediata y sencilla: sí.

Lo sucedido en el Mundial de 1950, cuando Uruguay venció 2-1 en su propia casa a Brasil en la final del estadio Maracaná, quedó siendo  solo es un pellizco para el 7-1 en contra ante Alemania en las semifinales del mundial 2014, esta vez en el estadio de Mineirao de Belo Horizonte.

Fue la peor humillación en la historia del fútbol de Brasil, la peor goleada, el peor revés, la mayor vergüenza. Y fue en su propia casa, ante más de 60 mil espectadores.

Pero más allá de todo esto fue una gran bofetada para un Brasil que hace varios años traicionó un estilo de juego que cautivó a todo un planeta que en el pasado se deleitó con el 'Jogo Bonito' de la amarilla y verde.

El otrora admirado Brasil siempre tuvo a varios cracks en la cancha. Eso hacía que hubiera magia en el terreno de juego, que el espectáculo fuera rico, que se presentaran goles de gran factura, acompañados de lujosas jugadas. Eso sí era fútbol.

Y no solo por lo que fue el Brasil de Pelé, considerado el mejor jugador de la historia, sino por lo hicieron otros grandes como Socrates, Zico, Leonardo, Kaká y Ronaldinho con la camiseta que más pesa en el mundo, la del pentacampeón Brasil.

Hace un tiempo atrás, esta selección  cambió  el fútbol bien jugado, ese que enamora, lleno de túneles y adornos por montón en la cancha, con toque preciso y espectaculares goles.

Lo ha reemplazado por un estilo diferente, como el que mostró en esta Copa del Mundo, en donde apeló a la fuerza, a un fútbol de choque y vertical, que es totalmente contrario a lo que un día  hizo grande a este país.

Este Brasil solo tuvo un jugador diferente: Neymar, inflado eso sí un poco por la prensa desde hace un par de años, pero que tiene cosas de cracks, de aquellos que se atreven a hacer algo que para el defensa rival es poco probable.

En la goleada 7-1 no estuvo Neymar por lesión, pero la verdad este Brasil, lleno de jugadores poco dúctiles con el balón, muchos de ellos trastes con el mismo, poco chance tenía, sin la ayuda del árbitro, de ganarle al buen equipo alemán.

Esta vez no hubo chance para que un hombre con un pito ayudara a Brasil a seguir avanzando. Ahora se hizo justicia y con una goleada se invitó al pentacampeón a revisar el trabajo desde la base, a apostarle al buen fútbol, a preparar a los cracks que le permitan jugar bien al fútbol en un futuro próximo. Esa fue una bofetada a un estilo de juego que no gusta.