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El viaje de Obama a Cuba hace historia

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Uno de los presidentes más capitalistas de la historia estadounidense fue el último que visitó Cuba, hace 88 años, el 16 de enero de 1928. El mandatario Calvin Coolidge (1923 - 1929) creía que el gobierno no debía controlar la economía, rechazaba, por ejemplo, utilizar el poder federal para mejorar la condición deprimida de los agricultores y también de ciertas industrias, sobre finales de esa década.

En suma, no intervenía en la economía al considerar que debía dejarle seguir el rumbo que quisiera, y que la edad de oro de los años veinte sería así, imparable. “Después de todo, el asunto esencial del pueblo estadounidense son los negocios”, dijo en un discurso ante la Sociedad Americana de Editores de Periódicos (Asne, por su sigla en inglés). La Gran Depresión estaba casi tocando la puerta, y entró al país siete meses después de que dejara el cargo.

Los tiempos han cambiado radicalmente. En EE. UU, un presidente negro —impensable en esos tiempos de segregación—, hace las paces con la mayoría de los enemigos “comunistas” del mundo y muestra una cara más amigable de la potencia hacia el globo, más tolerante de la diferencia, mucho menos intervencionista y ambiciosa.

La isla que visitó Coolidge era un paraíso tropical de paso para los estadounidenses, de apuestas, burdeles y desenfreno, entre calles esplendorosas donde, no obstante, corrían ríos de dinero gastados por magnates latifundistas o mafiosos. La Revolución Cubana, con su estricto control de distintas esferas de la vida en la isla, eliminó el exceso de apuestas y mafiosos, pero no la prostitución, que aún vive rampante en las deterioradas calles de La Habana Vieja y otros lugares.

Ya el comunismo tuvo apogeo y ocaso, y esa enemistad que tanto se promovía en décadas anteriores, parece, a los ojos del mundo, anticuada. El pueblo cubano reconoció hace mucho que debe tener acceso a una economía liberal, así a su régimen le tome tanto tiempo entrar en ella.

El gobierno de EE. UU. reconoció, el 17 de diciembre de 2014, que cinco décadas de bloqueo económico sobre la isla lo único que han hecho es cerrar filas sobre la revolución de los Castro y blindar su régimen, aunque todavía le reste convencer de eso a distintos sectores de la sociedad estadounidense, en especial los más adeptos al partido republicano.

“Reconocimos los viejos debates por lo que eran y son: falsas dicotomías que no reflejan la realidad de hoy”, afirmó el jueves la asesora de seguridad nacional de la Casa Blanca, Susan Rice.
Por tanto es cierto, las acciones de Obama en esta gira de dos días que inicia mañana, y que rompe con décadas de distancia, empiezan a escribir una historia distinta, con ánimos de reconciliación y trato equitativo entre quienes fueran —y aún son, a pesar de todo— pueblos cercanos.

¿Qué factores rodean la visita del presidente Barack Obama a la isla?, ¿que efectos puede dejar de esta orilla y de la otra? ¿y qué propósitos tiene? EL COLOMBIANO abordó con expertos estas y otras claves de la gira.

La visita tiene una clara meta electoral

Algunos académicos hacen énfasis sobre el tinte de política interna que adquiere la gira en plena carrera por el máximo cargo, al considerar que intenta mostrar como logrados distintos planes que se prometieron en la pasada campaña presidencial.

“Para mí tiene una clara intención electoral. Es claro que Obama quiere mostrar que cumplió todas las promesas de su era, incluso las más espinosas, tal como el tema de Guantánamo. Esa intención no es solo del mandatario, el propio Partido Demócrata debe estar pensando en los beneficios de esta agenda para lo que será la campaña de Hillary Clinton”, afirmó Enrique Serrano, escritor y docente de la Facultad de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario.

“En EE. UU. no gobiernan personas. Lo hace una elite demócrata o republicana. Cualquier persona que pusieran los demócratas allí estaría de acuerdo con desestigmatizar el marxismo y buscar confraternizar con considerados antiguos enemigos, para lavar la imagen estadounidense en el exterior. Es la estrategia que les dio poder a Obama, y Clinton la quiere continuar”.
momento idóneo para discutir el embargo

Otros expertos coinciden en el propósito interno que tiene la gira, pero lo ven desde otra perspectiva. Las elecciones le dan a Obama tal vez el momento propicio para empezar a impulsar la discusión sobre el fin del embargo en un Congreso que hasta el momento ha intentado bloquear todo lo que tenga su firma.
“Sería más fácil la discusión porque ahora no es una prioridad y el Congreso va a estar más preocupado en rechazarle lo del juez que nominó para la Corte Suprema —Merrick Garland—, que bloquear el fin del embargo”, dijo a EL COLOMBIANO Patricio Navia, politólogo y docente de la Universidad de Nueva York (NYU).

“No obstante, hay suficientes grupos de interés y de presión que van a intentar obstaculizar este tema y da la impresión que entre los republicanos la intención es querer bloquearle todo a Obama. Pero el presidente tal vez quiera llevar a cabo esta discusión para mostrar un mal mundo político. Hacer quedar mal a los republicanos —como duros, intransigentes—, y ayudar a Hillary Clinton en las elecciones. Electoralmente, la gente moderada en EE. UU. podría castigar a los que se opongan”, agregó.

Precisamente, una comitiva de 23 congresistas acompañará al mandatario estadounidense en su viaje a la isla, todos ellos pensando en la necesidad de impulsar el debate sobre el fin del embargo en un futuro.

“Este viaje será importante para que más gente cambie de opinión en EE. UU. Las encuestas demuestran que el pueblo estadounidense está incluso por delante del gobierno en su apoyo a una mayor apertura, pero eso es algo que el Congreso no refleja”, dijo a EFE la senadora Amy Klobuchar.

“Las cosas son todavía muy difíciles con alguna gente que lleva mucho tiempo con la misma posición, pero se están quedando cada vez más y más en la minoría”, agregó.

Hace dos semanas, el propio Obama calculó que, máximo hasta el siguiente mandato, este asunto será aprobado por el Legislativo: “mi firme predicción es que en algún momento del gobierno del próximo presidente, ya sea demócrata o republicano, se derogará el embargo”, afirmó en entrevista con CNN.
sin respuestas desde la orilla comunista

Una concesión del gobierno cubano llamó la atención del mundo en los días previos a la visita. Se le permitirá a Obama proferir un discurso televisado a todo el país, y sin restricciones, por lo que este podrá abogar por una mejora en las precarias o nulas libertades políticas que hay en la isla, hacer un llamado por la democracia y el derecho a disentir.

“Podrá dirigirse directamente al pueblo cubano. Su comparecencia será transmitida en vivo por la televisión cubana y todos podrán ver su discurso. Cada quien podrá formarse su opinión de lo que diga”, aseguró en rueda de prensa el canciller de Cuba, Bruno Rodríguez.
Ese pronunciamiento, que también tendrá notable simbolismo y carácter histórico, lo realizará Obama este lunes 21 desde el Gran Teatro Alicia Alonso, tras su recorrido por La Habana Vieja y la Catedral.

Expertos son escépticos sobre el impacto que podría tener esto en el actual proceso de derribo del muro del Caribe, y si implicará en un futuro cambios en la isla rumbo a un sistema distinto, que no omita las libertades políticas.

“Cuba no ha ofrecido nada importante, ningún cambio real, por lo que reitero: la visita obedece más a política interna estadounidense. El régimen cubano seguirá igual. Y mientras no ofrezca ningún avance significativo, es muy difícil que se produzca el levantamiento del embargo”, argumentó Serrano.

“Sí se seguirán aplicando reformas puntuales para facilitar la vida de los cubanos, pero el grueso de este tema es mucho más complejo y requerirá también avances por parte del régimen en Cuba, que todavía no se ven”, agregó.

Fue justo el canciller Rodríguez el que evidenció esa intransigencia de la isla que, tal como apuntó Serrano, podría jugarle en contra en su propósito de lograr el fin del embargo en Washington.

“En nuestra relación con Estados Unidos no está de ninguna manera, en la mesa de negociaciones, la realización de cambios internos en Cuba, que son y serán de la exclusiva soberanía de nuestro pueblo”, afirmó el viernes en rueda de prensa.

“Nadie podría pretender que para avanzar hacia la normalización de relaciones entre ambos países, Cuba tenga que renunciar a uno solo de sus principios, ni a su política exterior, profundamente, históricamente comprometida con las causas justas en el mundo y con la defensa de la autodeterminación de los pueblos”, agregó.

Desde Washington, Mark Weisbrot, codirector del Centro para la Investigación Económica y Política, no le ve suficiente autoridad moral a su país para hablar de libertades.

“Lo del discurso es una gran concesión del gobierno cubano. Incluso EE. UU. no permitiría algo así, que un mandatario extranjero venga aquí y destruya en su discurso los pilares de Estados Unidos. Lo paradójico, para mí, es que nosotros no podemos hablar de democracia ni de libertades en Cuba porque llevamos socavándolas durante años en distintos lugares del mundo, solo en base a tener gobiernos dictatoriales que sigan nuestros intereses. Esa todavía es la estrategia del país, e incluso el tema del fin del embargo y la normalización de las relaciones diplomáticas es solo otra forma de buscar el colapso del actual gobierno cubano”, dijo.

Obama asegura en cuba un legado de paz

A pesar de cualquier diferencia o reparo que puedan tener los expertos consultados frente al efecto que tendrá la gira del presidente estadounidense, una idea sí genera absoluto consenso: Obama consolida en la isla su legado como mandatario que buscó destrabar enemistades enquistadas en el pasado.

“La gira será otro paso simbólico, que aportará al legado de Obama. Es el primer presidente estadounidense que va en 88 años. La normalización de las relaciones diplomáticas con Cuba es algo que él hizo para asegurarse un sitio histórico, pero que en realidad no cambia la forma en que EE. UU. formula sus políticas frente a América Latina”, aseveró Weisbrot.

“Por ejemplo, acaba de renovar las sanciones contra Venezuela, y no permite en Washington un embajador de dicho país, aún si hace rato aceptó uno de Cuba. Y la visita de Argentina (22 al 25 de marzo), por supuesto, es para mostrar apoyo a un gobierno derechista que ellos venían esperando desde hace años, al que también le restauraron los prestamos y la deuda internacional”, añadió.

Serrano coincidió desde otra perspectiva: “El gobierno cubano no ha ofrecido nada importante, ningún cambio real, por lo que esta visita obedece más a un tema de política interna estadounidense. Obama lo hace por consolidar ese legado de presidente que buscó paz en distintos lugares del mundo y que resolvió problemas con enemigos históricos de EE. UU, en la misma vía de su Nobel de Paz”.

Véase como se vea, la importancia de lo que ocurrirá entre mañana y el martes en la isla escribe una historia distinta, mucho mejor que la que Washington y La Habana intentaron imponer durante más de cinco décadas en base a doctrinas y odios de Guerra Fría. Y deja esperanzas a futuro por un mejor mundo, así en la realidad, parte y parte se resistan a pasar la página.

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