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Filipinos entierran a los muertos, los supervivientes piden ayuda

Tacloban comenzó a enterrar el jueves en fosas comunes a las víctimas del tifón Haiyan, muchas sin identificar, una tarea macabra pero esencial para sanear esta ciudad arrasada por la catástrofe que azotó Filipinas, donde los supervivientes siguen implorando ayuda.

La llegada este jueves del portaaviones George Washington, con 5.000 marines a bordo, aportó algo de esperanza a los supervivientes a los que le falta de todo.

El portaaviones y su flota de aviones y helicópteros, escoltado por dos cruceros y un destructor, aportan una ayuda logística indispensable para el transporte de víveres, medicamentos y vestimentas y, sobre todo, una gran capacidad de producción de agua potable (Lea aquí: ONU pide 301 millones de dólares en ayuda humanitaria para Filipinas).

"Se va a posicionar a lo largo de la isla Samar para empezar a evaluar los daños y entregar un apoyo logístico y de urgencia", incluido material médico y de agua, declaró en un comunicado el comandante del buque, el contra-almirante Mark Montgomery.

Cuando ha pasado casi una semana tras el paso de Haiyan, cuyo balance debería cifrarse en miles de muertos, la ayuda llega demasiado despacio.

"Tengo el sentimiento de que hemos abandonado a la gente", admitió simplemente el jueves el jefe de las operaciones humanitarias de la ONU, Valerie Amos, al día siguiente de una visita en Tacloban, capital de la isla de Leyte especialmente sacudida.

"La gente necesita ayuda desesperadamente. Debemos traerles ayuda ahora. Dicen ya que tarda demasiado en llegar. Asegurar una distribución más rápida es nuestra (...) prioridad inmediata", añadió.

El jueves en Tacloban, al día siguiente del aplazamiento de un entierro colectivo debido a los disparos, decenas de cuerpos envueltos en sacos mortuarios fueron depositados en el fondo de una inmensa fosa común.

"TANTOS CADÁVERES, DA MIEDO"

"Sigue habiendo tantos cadáveres en tantos sitios. Da miedo", comentó el alcalde Alfred Romualdez, cuando flota en el aire un olor persistente a descomposición de los cuerpos que yacen todavía por las calles de la ciudad y suponen un riesgo sanitario.

"Cuando hay una solicitud de una comunidad para que colectemos cinco o diez cuerpos, cuando llegamos, hay 40".

El ayuntamiento estima haber recuperado unos 2.00o cuerpos, cuando sigue siendo complicado hacer una estimación del balance del tifón.

La ONU evocó la posible muerte de 10.000 personas en la única ciudad de Tacloban, pero el presidente filipino, Benigno Aquino, estimó que esa cifra era "demasiado elevada" y habló de entre "2.000 y 2.500 muertos". El último balance oficial provisional por su parte informa de 2.357 muertos y 77 desaparecidos (Lea aquí: Miles de supervivientes del tifón de Filipinas esperan agua y comida).

En Tacloban, las operaciones de recuperación de los cuerpos se organizan poco a poco pero las autoridades locales necesitan ayuda, también para eso, pidió Romualdez, quien reclamó "más hombres y más equipamientos". "No puedo usar un camión para trasladar cadáveres durante la mañana y usarlo para distribuir ayuda durante la tarde".

El gobierno filipino admitió haberse visto desbordado por el número de muertos. Su recogida se ralentizó debido a una falta de bolsas mortuarias, ahora solucionada.

Desesperados por la lentitud de la ayuda, cientos de siniestrados se apresuran a diario al aeropuerto en ruinas de Tacloban, con la esperanza de poder obtener un lugar en uno de los escasos vuelos de salida.

"Hay gente que ha estado caminando durante días sin comer para llegar aquí y esperar horas o días", incluso bajo la lluvia, contó Efren Nagrama, responsable de la aviación civil. "La gente se ve empujada hacia su punto de ruptura. Ven aviones de ayuda llegar pero no pueden lograr comida o irse. Es el caos".

Al caos participan también los saqueos por parte sobre todo de habitantes hambrientos.

Numerosos heridos siguen necesitando atención médica y los expertos se preocupaban también de los riesgos derivados de la falta de agua potable, que puede provocar diarreas, especialmente peligrosas para los niños.

Numerosos países, ONG y agencias internacionales anunciaron importantes ayudas financieras y materiales.



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