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Las barricadas no duermen en San Cristóbal

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El sonido metálico se va multiplicando. Comienza con el tronar de algún poste que vibra al recibir las piedras que salen de una ventana cercana. Luego se le suman dos o tres cacerolas, y así avanza, de a poco, como una ola que invade a la madrugada. El estruendo sirve de alerta y  presagio de una posible batalla campal. Los vecinos se avisan así cuando alguien nota la ronda de un grupo  motorizado. Entonces, quienes dormían afinan los oídos desde sus cuartos para captar el tronar de un motor o de un disparo. Se tensan los nervios de quienes cuentan ya casi con tres meses sin calma.

En San Cristóbal la protesta no da tregua. Siete de sus avenidas estaban, hasta el viernes, totalmente obstaculizadas por barricadas. Más que simples cúmulos de basura, arena o fuego, quienes residen en la zona las describen como paredes construidas con objetos. Hay colchones, árboles, sillas, electrodomésticos y hasta un tanque militar.

A pesar de las mesas de Diálogos de Paz promovidas por los Gobiernos regional y nacional, la lucha en la que actúan estudiantes, vecinos, colectivos y funcionarios se sigue librando en las calles de la ciudad.

Rutina de humo. Vecinos  declaran que las barricadas han sido asumidas en el ambiente. La lucha, compartida por unos y criticada por otros, les afecta a todos.

Día y noche, los grupos hacen guardia en las barricadas de cada urbanización. Nunca se quedan solas, quienes las integran se van turnando de forma rotativa para cuidarlas. En esta actitud de constante alerta pasan los días de quienes sienten que solo así podrán mantener a los grupos armados lejos de las residencias.

Abren el paso en horarios específicos. Una vez en la mañana y otra en la tarde. A veces, también al mediodía. Y solo entonces pueden andar por sus calles los vecinos.

Quienes no participan de forma activa  en la protesta han ajustado sus rutinas a esta realidad y, cuando pueden, salen generalmente a pie hacia sus destinos. Otros, en cambio, han optado por permanecer dentro de sus hogares y urbanizaciones y algunos de ellos se han organizado para abastecer a los manifestantes de víveres, y objetos para las barricadas.

Transporte a medias. Las vías más afectadas por las manifestaciones en la capital tachirense son las avenidas Carabobo (donde inició todo), Ferrero Tamayo, Libertador, España, 19 de abril, Rotaria y Principal de Pueblo Nuevo. Las barricadas y la continua conflictividad han dejado sin transporte público a las comunidades que dependen de estas arterias para comunicarse.

“No pasa ni un autobús, ves a la gente caminando o en su carro propio, pero entre eso, y los horarios, es casi imposible movilizarse por la parte alta de San Cristóbal, declaró Yolmar Núñez, periodista y vecina de esta ciudad.

En la parte baja, donde se ubican los sectores más populares y el centro, sí es posible observar algunas unidades de transporte, sin embargo, se recogen temprano y pocas cubren sus rutas completas.

“La ciudad anda a media máquina desde que empezaron las protestas. La gente hace sus cosas y se recoge rápido porque luego es complicado regresarse”, sentenció Núñez.

Esta situación se ha potenciado con la ya existente situación de desabastecimiento de alimentos y medicinas en la zona. “Todas las mañanas ves colas largas afuera de los supermercados. La gente va a primera hora porque no sabe cómo se va a poner la tarde”.

Quienes residen en los municipios cercanos y laboran en San Cristóbal también se han visto afectados. Llegar a sus trabajos u oficinas se ha vuelto una travesía.

Vivir en el miedo. En las avenidas y barrios donde se han concentrado las barricadas hay edificios donde funcionan farmacias, panaderías y abastos. Las que no han cerrado por completo, han estado prestando servicios con las santamarías abajo y apenas una pequeña puerta abierta para el ingreso de los clientes que necesitan un bien.

En el caso de los colegios, la historia es similar. La mayoría de las instituciones educativas que funcionan en la parte alta de San Cristóbal han debido cerrar. Unas, por estar ubicadas en alguna de las cuadras intransitables; otras, porque docentes o alumnos no logran llegar a las aulas.

La lucha sigue. En entrevistas con periodistas locales, los manifestantes tachirenses han insistido en que planean continuar en las calles hasta “alcanzar la democracia y lograr un cambio”. Contrario a lo manifestado por las autoridades judiciales del país, la sentencia contra el exalcalde de San Cristóbal, Daniel Ceballos, no detuvo el conflicto, por el contrario, quienes protestan suman ahora su libertad como una franja más a la bandera de peticiones.

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