Indicadores económicos
2017-07-28

Dólar (TRM)
$3.002,94
Dólar, Venta
$2.850,00
Dólar, Compra
$2.645,00
Café (Libra)
US$1,55
Euro
$3.511,63
UVR, Ayer
$251,59
UVR, Hoy
$251,60
Petróleo
US$49,04

Estado del tiempo
2017-07-28

marea

Marea min.: -10 cms.

Hora: 10:04

Marea max.: 13 cms.

Hora: 17:32

Dirección viento: Variable

Intensidad viento: 7 a 17 kms/h

Temp. superficial del mar: 27 ºC

oleaje

Cartagena-Islas del Rosario: 0.7 a 1.2 metro(s) de altura

Estado

estado
Mín. 27 ºC
Máx. 32 ºC

Pico y placa
2017-07-28

Hoy no salen los vehículos con placa:

Vehículos Particulares

De lunes a viernes 7 a.m a 7 p.m

5 - 6 -
Taxis
5 - 6
Motos
S/M

Maracaibo: dialogando entre las guarimbas

Ver a un muchacho de 19 años con una máscara antigas, patrullando las calles entre las barricadas con llantas y palos humeantes, parece una imagen más propia de los conflictos del Medio Oriente y no del área urbana de Maracaibo, la segunda ciudad más importante de Venezuela.

Pero ocurre, y a menudo, desde que las protestas generalizadas estallaron en febrero del presente año. “Aquí no podemos ver a un guardia, ni militar, ni policías, porque tenemos la sicosis de haberlos visto atacando a nuestras familias con gas y perdigones”, relata el joven, acompañado por un puñado de estudiantes encapuchados en la urbanización Urdaneta, a un costado de la Vía Sabaneta.

El grupo ha organizado una guarimba, nombre con el cual se conocen en Venezuela las protestas que incluyen cierre de calles y tropel con la fuerza pública. En ellas han muerto al menos 23 personas en los últimos dos meses, se saquearon locales e incineraron vehículos a granel, según la prensa local.

Los jóvenes protestan porque en su vecindario hay un módulo policial que hace dos años está desocupado y la delincuencia común los tiene azotados con atracos a mano armada. “Nos tocó a nosotros velar por la seguridad, todos somos universitarios y nos turnamos la vigilancia. Cuando atrapamos a un ladrón, lo amarramos a un árbol hasta que llega la Policía”, narra uno de los guarimberos.

En otros puntos de la ciudad las proclamas son por comida, pues los productos escasean en las tiendas. “Ya no quiero que haya escasez e inseguridad, no puedo salir en mi bici porque me roban”, dice una niña de 10 años y dientes de leche, quien junto a su prima de 11 sostienen una cartelera hecha a mano, con el aviso “S.O.S. Venezuela”.

A continuación, entonan una canción que aprendieron de la mamá: “¡Y no, y no, y no me da la gana, una dictadura igualita a la cubana!”.

Cerca de ellas, en la Plaza de la República, hay un desempleado de 24 años, que se levanta la camisa y enseña el abdomen con nueve cicatrices redondas por esquirlas de una escopeta calibre 12, recuerdo de una guarimba en Palaima.

Culpa a los Colectivos Bolivarianos y los Tupamaros, grupos civiles patrocinados por el Estado, con quienes se enfrentan de manera violenta en las marchas. “Ellos andan armados y nos golpean delante de la Guardia Nacional, que no hace nada”, se queja el herido.

Otra opinión tiene un supervisor de los Tupamaros, a quien nos encontramos haciendo cola por alimentos en un mercado del sector El Trébol, y solicitó la reserva de su identidad. “Nosotros organizamos al pueblo, no somos violentos, también estamos peleando por la comida”, expresa agitando una bolsa de víveres en la mano.

POLÍTICOS SIN QUERERLO
“Yo soy chavista, pero solo de corazón, porque el chavismo ya no existe por la muerte del líder”, comenta un taxista, mientras conduce un apachurrado Capri Malibú por la avenida Circunvalación 2.

Y añade: “Si Chávez estuviera, esto de las guarimbas no pasaba, él mandaría al Ejército y listo. Maduro no le dio importancia al principio y ahora la oposición se cree dueña del país”.

Parece verdad que el presidente Nicolás Maduro tiene una visión más moderada del problema que su antecesor. En su programa televisado “En contacto con Maduro”, en la noche de este martes, señaló que “esta oleada de violencia la resolvemos en Dios, la nuestra es una revolución espiritual”.

El taxista se declara chavista, no madurista, y hace parte del arco iris de tendencias que hoy alumbra a Venezuela. En la visita de una semana a Maracaibo, este periodista dialogó con: chavistas, maduristas, socialistas no chavistas, chavistas no maduristas y socialistas no chavistas; opositores, caprilistas, opositores no caprilistas, leopoldistas e independientes… divisiones de pensamientos más agudas que la simple clasificación de oficialistas versus oposición.

“Acá todos nos volvimos activistas políticos sin quererlo”, concluye una dama en la protesta de la Plaza de la República.

Las divisiones son alentadas por cada bando. En su espacio televisado “Con el maso dando”, Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional, ridiculizó el lunes a la exdiputada opositora María Corina Machado. “Eres una embustera, chama”, le dijo, mientras criticaba varias de sus frases y ponía de fondo una canción de salsa cuyo coro decía “mentira, lo tuyo es mentira”.

En la calle, el veterano taxista David Ángel Finoll captó ese mensaje y por eso asegura que la exdiputada no desea la paz. “Solo quiere el poder”.

DIÁLOGOS CON LA OPOSICIÓN
La visita de los cancilleres de Unasur a Venezuela produjo un anuncio que los maracuchos recibieron con esperanza: por primera vez desde que estallaron las guarimbas, el Gobierno y la oposición se sentarán a dialogar para mitigar la inseguridad.

Entrevistado por la cadena Telesur, el expresidente colombiano Ernesto Samper (1994/98) indicó que “en Colombia la opinión está polarizada en torno a Venezuela, pero la mayoría, y entre ellos me cuento, creemos que el diálogo entre las partes es la única manera de no añadirle gasolina al enfrentamiento”.

En el sector El Trébol, la docente Yara Flórez opina que el principal lío que debe abordarse es el del abastecimiento de comida. “¡Es que los del gobierno también comen, no solo el pueblo!”.

Rony García, estudiante de Arquitectura que no ha podido graduarse por las guarimbas universitarias, desconfía de las conversaciones y está “cansado de que solo hablen y nunca actúen”. Su sentir lo comparte el comerciante Juan Carlos Parra, para quien el naciente proceso “no va a funcionar, porque lo que queremos es un cambio, ya no más de lo mismo”.

Y Dayana Medina, integrante del consejo comunal de una parroquia de Maracaibo, encomienda a Dios los diálogos. “Soy chavista y tengo fe que todo volverá a la normalidad”.

Esa normalidad es la que todos desean en esta orgullosa ciudad, en la que nació la gaita, se apareció la Virgen de Chiquinquirá, construyeron un puente con retazos de la Torre Eiffel y fueron los terceros de América en inaugurar el alumbrado público (1888); una normalidad, en la que los jóvenes no tengan que patrullar las calles con máscara antigas.

Ranking de noticias

DE INTERÉS

Exprese su opinión, participe enviando sus comentarios. Las opiniones aquí registradas pertenecen a los usuarios y no reflejan la opinión de www.eluniversal.com.co. Nos reservamos el derecho de eliminar aquellos que se consideren no pertinentes. Consulte los términos y condiciones de uso.

Para enviar comentarios Inicie sesión o regístrese