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Transgéneros musulmanas desafían la discriminación en Indonesia

Un grupo de musulmanas transgénero se lavaron la cara, se pusieron sus vestidos blancos y rezaron. Esta escena, que era habitual en una escuela religiosa única en Indonesia, se ha vuelto un acto de resistencia desde que el centro fue cerrado.

La escuela Al Fatah, que se presentaba con la única institución islámica en el mundo para transgéneros, fue considerada durante mucho tiempo como un símbolo del islam tolerante en el país musulmán más poblado del mundo.

El centro acogía mujeres transgénero para proporcionarles una educación musulmana. Pero la situación ha cambiado estos últimos meses a raíz del recrudecimiento de los ataques contra la comunidad LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transgéneros), y sobre todo, con las amenazas del Frente de la Yihad Islámica, una milicia que quiere curar "los males de la sociedad".

Desafiando la prohibición y las posibles represalias, unas diez antiguas estudiantes siguen acudiendo cada semana al centro, en Yogyakarta, una ciudad en la isla de Java, para rezar y estudiar el islam.

"Queremos probar que el islam acepta a los transgéneros, que el islam es una bendición para todos los géneros humanos", explica a la AFP la jefa del grupo, Shinta Ratri.
   
La policía acusada de complicidad 

El cierre de esta escuela, fundada en 2008 y que tuvo que cerrar sus puertas el pasado febrero, es una de las pruebas más visibles del aumento de la intolerancia en la región de Yogyakarta, centro cultural de Java que antes era citado como ejemplo de tolerancia, donde la comunidad transgénero podía, hasta hace poco, llevar a cabo sus actividades. Pero últimamente los actos discriminatorios se han multiplicado.

En abril, partidarios de una línea dura del islam y un grupo de policías interrumpieron un festival de arte, organizado por mujeres, en la región de Yogyakarta. Las organizadoras se quejaron de haber sido acosadas a nivel verbal y varias participantes fueron detenidas por varias horas.

Los adeptos más radicales también atacan a la minoría cristiana, víctima de reiterados actos violentos desde 2011, y hacen todo lo posible para cerrar las iglesias.

La policía local es criticada por mantenerse al margen o incluso por ser cómplice. La indulgencia de las autoridades ha contribuido al aumento de la intolerancia, según los críticos.

Ahmad Suaedy, investigador sobre el islam y defensor para los problemas culturales y religiosos, vinculado al gobierno, reconoce el fracaso de las autoridades para impedir los actos de intolerancia "en detrimento de las minorías".
   
'Recitar el Corán es mejor que beber' 

De hecho, "desgraciadamente, durante estos últimos años, grupos intolerantes impusieron sus rígidas creencias a la población", lamenta Agnes Dwi Rusjiyati, coordinadora local de la Alianza nacional Bhinneka Tunggal Ika, cuyo nombre significa "Unidad en la diversidad".

El objetivo de Bhinneka Tunggal Ika es poner de relieve la increíble diversidad del archipiélago de 17.000 islas e islotes donde conviven una multitud de etnias, culturas y grupos religiosos.

En Yogyakarta, esta diversidad está en el punto de mira de los sectores más conservadores, que atacan a todos los frentes: la comunidad gay, el consumo del alcohol, la pornografía...  

La escuela Al Fatah está situada entre las callejuelas del distrito histórico de Kotagede. Es una antigua casa, donde se rezaba y se recitaba el Corán.

A pesar del cierre, tres predicadores siguen no obstante dando clases a unas diez alumnas de las 42 que había en el centro.

"Es tan difícil para estas transgénero rezar en la mezquita por culpa de la estigmatización", explica a la AFP Arif Nuh Safri, un predicador de 32 años.

"Cuando llegué a esta escuela, la primera cosa que les dije es que ellas tenían el derecho de rezar porque forman parte de la creación de Dios", recuerda.

"Quieren aprender a recitar el Corán, quieren hacer el bien y, esto, es mejor que beber. Pero Abdurahman, un dirigente del Frente de la Yihad Islámica, no lo ve así: no podemos ser tolerantes respecto a una cosa que está mal", insiste un vecino, Aris Sutanto.

Este islamista afirma que sus partidarios se ponen siempre de acuerdo con la policía antes de cometer acciones contra lo que él juzga inmoral.

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