domingo, 11 de mayo de 2008
NOVEDAD BILBLIOGRÁFICA
La saga de Palo Alto
Para dedicarle un libro, una canción o una pintura a la tierra en donde se nace, no sólo se necesita esto: haber nacido allí. No. También se necesita un alto de grado de sensibilidad, laboriosidad y emprendimiento para captar y materializar esa categoría superior de la inteligencia, que es la nostalgia.
Por la sensibilidad con que se sepan captar las imágenes que a cada rato nos brinda la nostalgia, es posible que se produzcan grandes portentos de la música o de la literatura, como “En busca del tiempo perdido”, del francés Marcel Proust, quien, a los pocos segundos de estar saboreando un ponqué mojado en té caliente, le vinieron a la memoria imágenes extraviadas de su niñez y adolescencia, las cuales, finalmente, resultaron siendo la clave que, desde hacía 30 años o más, andaba buscando para concebir sus célebres tomos de exquisita redacción.

PALO ALTO fue una de las poblaciones más prósperas del caribe colombiano, en cuanto a lo comercial y lo cultural.
Guardando las proporciones, es eso lo que se percibe en “Palo Alto, sendero de esperanzas”, del periodista Otto Medina Monterrosa. A través de las casi 200 páginas de este libro, se sospecha que cada frase tiene como antecedente las inquietudes del niño o del joven pueblerino atrapado en la ciudad y, para colmo, perseguido siempre por el recuerdo de los olores, los sabores, los sonidos y los calores de la tierra que dejó atrás y que regresa a ver siempre que los espacios vacacionales del año se lo permiten.
Medina no sólo tuvo la fortuna de no olvidar esto último. También supo trasmitirlo en los inicios de su relato. Por ello, la lectura atrapa desde de la primera frase, porque todos los hombres somos en mayor o menor grado nostálgicos irremediables. Todos alguna vez hemos pretendido regresar a los tiempos (agradables o no tan agradables, no importa) en que algunas situaciones marcarían para siempre los rasgos definitivos de nuestras personalidades.
En este libro, el autor no sólo pretende rescatar del pasado sus imágenes más queridas. También desnuda una proyección de sus deseos: que Palo Alto vuelva al esplendor de otros tiempos, que las nuevas generaciones se impregnen del espíritu de sus antepasados y logren que el pueblo ascienda a las alturas comerciales, sociales y solidarias de sus primeros años.
A través de la pluma de Otto Medina la historia de Palo Alto se va deshojando como una saga bíblica en la que, de alguna forma, también aparece un paraíso primigenio en el que los hombres se van adaptando a la agreste naturaleza, para producir la magnificencia que tuvo el pueblo y que terminó por convertirlo en uno de los más importantes de la región caribe colombiana, para después insinuar una especie de Apocalipsis en el que medran conflictos armados, éxodos de raizales en otros tiempos influyentes para la vida comunitaria y el fallecimiento de la substancia emprendedora que fue el arma eficaz de los primeros pobladores.
Otto Medina Monterrosa, además de periodista, tiene la ventura de contar entre sus habilidades el hecho de ser compositor, empresario de espectáculos, comerciante, locutor, animador de tarimas, impulsor de los proyectos de sus amigos y amplio conocedor de las expresiones culturales de los departamentos que componen al Caribe colombiano. Con esas charreteras, lo único que le faltaba por hacer era escribir este libro; o pintar un cuadro. Pero resulta que muchas escrituras terminan siendo verdaderas acuarelas del sentimiento, encaminadas a comunicar a los seres humanos mediante claves universales que tienen como punto de partida todo el color local de que hablaba Truman Capote.
Sería mentiroso y desacertado decir que Medina Monterrosa escribió este libro aferrado únicamente a sus nostalgias. También (y eso se ve a lo largo de la lectura) debió agregar a sus mencionadas dotes la investigación, cosa que se reconoce en la bibliografía consignada en las últimas páginas de esta historia.
Eso era necesario, por lo que se dijo al principio: Palo Alto hace parte de la historia colombiana, no únicamente como el sitio geográfico que es, sino como el emporio de riquezas que fue y en el que repercutieron hechos políticos y sociales que, en distintas épocas, estremecieron a Colombia.
Aún así, la nostalgia sigue siendo más fortaleza y más respaldo que cualquier bibliografía.
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