domingo, 11 de mayo de 2008
EL POLLITO MONO
Dyonnel Velásquez, un rey con mucha espuela
Eran las 3:45 de la madrugada del pasado 4 de mayo; Dyonnel estaba al lado de su padre sentado en la misma silla en la que hasta hacía pocos minutos estuvo encaramado durante dos horas observando el espectáculo que el intérprete mexicano Alejandro Fernández ofreció a los asistentes del Parque de la Leyenda Vallenata.
Toda Valledupar estaba emparamada por el aguacero que se desgajó desde las 9:30 de la noche del sábado, tan sólo una hora después que hubiese empezado la final de acordeoneros infantiles del Festival de la Leyenda Vallenata; en la que Dyonnel fue el primero, de los cinco seleccionados, en presentarse ante el jurado.
El show de Alejandro fue el entretenimiento para el público mientras el jurado deliberaba quien sería el rey en este 2008.
La lluvia no se daba por saciada; los espectadores estaban empapados a merced de la intemperie, mientras que periodistas, camarógrafos, fotógrafos y varios de los mismos concursantes, algunos dormidos, vencidos por el cansancio, estaban arrumados bajo el techo de un pasillo amplio cercano a la tarima.
Desde ahí Dyonnel y su padre Nelson habían disfrutado viendo a Fernández, hijo del también legendario cantante de rancheras, Vicente Fernández. Su madre estaba con ellos, pero en profundo sueño; lo mismo que el guacharaquero Jesús David Cabarcas, para quien era su primera vez en el Festival. El cajero Alejandro Marrugo sí estaba lejos, se había quedado en el camerino charlando con otros participantes.
La poderosa voz de Jaime Pérez Parodi, conocido locutor de Valledupar, y presentador oficial del evento, sacudió el letargo en el que hubieran podido caer varios de los presentes; incluso robó la atención de muchos que iban ya saliendo del coliseo.
“Tenemos el resultado de la categoría infantil.
“Primer puesto: ...” Para cuando Pérez quiso terminar el nombre de Dyonnel Velásquez Castro; ya Dyonnel y su padre habían dado un salto de felicidad que despertó a su madre y al guacharaquero. Los cuatro se abrazaron en un gesto fraterno y en ese instante desapareció para ellos todo lo demás. Lo único que existió en esos segundos fueron ellos, para ellos. Alejandro hacía lo mismo con sus familiares a la salida del Parque. Los vivas y las felicitaciones fueron inmediatas.
Fue el momento cúspide de un sueño que había nacido 9 años atrás cuando Dyonnel apenas era un bebé travieso de tres años al que el sonido del acordeón, de la guacharaca y la caja lo atraían como un imán.
LA PREDICCIÓN DE SER GRANDE
En su casa del sector Santa Lucía del municipio de Arjona, se escuchaban las clases animadas que el conocido profesor Jaime Arrieta le impartía a varios niños de la Calle Portobelo.
“Cuando esas clases empezaban uno tenía que estar pendiente de Dyonnel porque así fuera desnudo se nos escapaba, ¿y dónde lo encontrábamos? En medio de la clase haciendo un berrinche para que le dieran una caja, situación en la que siempre se salía con la suya. El lío después era quitarle esa caja. El maestro Arrieta lo veía y nos decía (a los padres) este monito va a ser grande”, recuerda el papá Nelson Velásquez, quien ese año en Navidad quiso sorprender a su hijo regalándole una caja y matriculándolo en la clase de Jaime Arrieta.
“La gente piensa que no me acuerdo de eso, pero sí. Mi amor por el vallenato empezó con la telenovela Alejandro Durán. Yo tenía cuatro años, pero me acuerdo que no me perdía ningún capítulo, tocaba la caja que me había regalado mi papá, las ollas y todo a lo que le podía sacar sonido”, cuenta Dyonnel.
La caja y la guacharaca fueron sus primeros instrumentos, aprendió a tocar en ellos los cuatro aires vallenatos (paseo, son puya y merengué), pero con el tiempo ya estos no lo satisfacían hasta cuando el acordeón llegó a sus manos.
Un año después estaba por primera vez disputándose la corona de rey infantil en el Festival de la Leyenda Vallenata, únicamente con la experiencia de tres festivales pequeños a los que había ido en Turbana, Turbaco y el mismo Arjona (todos en Bolívar). Durante ese festival Julio César Daza, quien posteriormente sería el rey de la canción inédita en 2006, lo apodó el “Pollito Mono” debido a su corta edad y el tono de su cabello.
“Ese año conseguí lo que no me imaginé y fue pasar a la semifinal. Para ser la primera vez era mucho”, explica. Para entonces Dyonnel tenía ocho años y el Parque de la Leyenda apenas estaba en construcción.
“Ese año yo lo llevé al parque y le dije: hijo algún día te vas a presentar aquí para concursar por la corona”, comenta Nelson quien admite que la devoción que siente viendo a su hijo tocar el acordeón se debe a los anhelos frustrados de su niñez en el que con varios amigos de juego conformó una agrupación vallenata que interpretaba los temas de Alfredo Gutiérrez y Aníbal Velásquez. “Nunca tuvimos acceso a instrumentos. La guacharaca era un rayo de coco, la caja, una olla vieja y el acordeón una hojita de árbol”.
LA PELÍCULA
Dyonnel es ahora, como dice su propio padre, el proyecto familiar. Alrededor de él se concentra tíos, primos, y amigos cercanos quienes durante los últimos cinco años se han trasladado a Valledupar para darle a Dyonnel apoyo en cada uno de sus intentos por ser rey.
“Los cuatro millones que el Festival da de premio en esta categoría no alcanza a cubrir todos los gastos que en familia hemos tenido estos años. En esto la plata del premio es lo de menos. Lo realmente importante es la alegría, la satisfacción y el prestigio que Dyonnel gana con esto. En Arjona quién no sabe quien es el “Pollito Mono”, y ahora lo sabrán a nivel nacional.
El padre no se equivoca. La corona ganada por Dyonnel lo ha convertido en el estandarte promocional del largometraje colombiano “El ángel del acordeón”, dirigida por María Camila Lizarazo, cuya premier será el próximo 11 de junio en Bogotá.
En la cinta, Dyonnel es Pepe, un niño caprichoso que tratará de evitar, que Poncho, el protagonista interpretado por Camilo Molina, rey infantil 2005, quien también participó en este Festival llegando hasta las semifinales, no cumpla su sueño de ser rey y conquistar el corazón de una niña llamada Sara María.
“Esa fue una experiencia brillante, y la oportunidad me la gané a través del festival. En el 2005 (era su segunda participación) la señora María Camila (la directora) me vio tocar y me llamó para un casting, lo hice, pero sólo al final de año llamaron a la casa para decir que me habían escogida. Luego pasaron unos meses y nos dieron a Camilo y a mí unas clases de actuación y después empezamos a rodar. Fue chévere porque era como jugar, conocí muchos sitios bonitos Valledupar, San Juan del Cesar y Riohacha; además de actores como Marlon Moreno, quien se hizo bastante amigo mío”.
Dyonnel se enorgullece cuando cuenta que el jurado le otorgó a él, a su guacharaquero y a su cajero calificación perfecta, de 100 puntos por individual. “Ese era el resultado que nos merecíamos después de tanto ensayar. Fueron siete meses de preparación con Omar “El zorrillo” Hernández, dos veces rey aficionado. Hubo días en los que hasta lloré”.
El tiempo ahora es para disfrutar, para aprovechar los beneficios de ser el rey y para prepararse para en el 2010 presentarse en la categoría juvenil porque la meta final es ser rey excelencia, es decir ganar todas las categorías hasta llegar a coronarse rey de reyes, una eventualidad que llegaría con su adultez, en la que se visiona como un artista integral, no sólo en el acordeón, ya que la actuación dejó su semillita en el interior del “pollito mono”.
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