lunes, 12 de mayo de 2008
EDITORIAL
La tecnificación es con agua
Cada vez que se quiere criticar al campo colombiano, especialmente a la ganadería de la Costa Caribe, se habla de la falta de tecnificación. Pero, ¿qué o cuál es esa tecnificación que nos falta?
Hay que insistir en un manejo mejor de la ganadería: hacer potreros más pequeños para rotar los ganados; practicar la inseminación artificial para usar los mejores toros del mundo en la ganadería del área; llevar buenas estadísticas; insistir en tener un ternero anual por vaca, en vez de uno cada 15 ó 18 meses; vacunar oportunamente; utilizar cercas eléctricas porque son más económicas y más efectivas; entre otras cosas.
Todo lo anterior es cierto, pero si miramos a nuestro alrededor veremos que estando el mes de mayo avanzado, buena parte del campo del norte bolivarense sufre de una sequía brutal. La verdadera revolución del campo bolivarense sería la irrigación en el verano, y la protección contra las inundaciones en la época de las lluvias. Estar a salvo de los excesos de los elementos sería el factor verdaderamente decisivo para nuestro agro.
Una tecnificación de este tipo depende de la acción estatal, ya que no sólo requiere recursos enormes para cambiar zonas enteras, sino que también necesita la formulación de normas ágiles que permitan aprovechar las aguas disponibles en el verano, y erigir los diques de protección necesarios para que no se inunden durante el invierno.
Si hubiera que elegir una de estas opciones por encima de la otra, es evidente que el área que sufre de sequía es mucho mayor que la que se inunda. Bolívar y Atlántico ven pasar los 110 kilómetros del Canal del Dique sin poder aprovechar bien sus aguas, que además de no ayudar al campo aledaño, termina sedimentando a la Bahía de Cartagena y amenazando así a su puerto.
No basta entonces con repetir el estribillo crítico de la falta de tecnificación de la ganadería, como si fuera responsabilidad de los ganaderos, sino que el Estado, y en este caso el Departamento, deberían liderar todos los cambios para que los ganaderos puedan utilizar las aguas del Canal del Dique para irrigar sus tierras. Esta acción iría desde la planificación de grandes obras de ingeniería, hasta la promulgación de normas y leyes que faciliten hacerlo. El Estado no puede seguir desempeñando un papel de espectador desinteresado, sino de promotor activo.
Si hubiera la garantía de pastos verdes durante todo el año, la ganadería será lo suficientemente rentable como para soportar los costos de una verdadera revolución tecnológica. Pero mientras los ganados pierdan 30 por ciento de su peso corporal en verano y tengan que recuperarlo durante el invierno siguiente a costas del ganadero, la ganadería estará condenada a ser una actividad extensiva y de baja tecnología.
Ahora que se teme por la seguridad alimentaria, el Departamento debería estar trabajando para garantizar que su agro tenga mayor productividad y se pueda volver pujante para bien de todo Bolívar, en vez de permanecer distante e indiferente.
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