Cartagena de indias - Colombia
viernes, 04 de julio de 2008
 
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PERFIL

Inspiración en cuero

HEIDI LLANES, REVISTA VIERNES -
, ROBERTO GRANGER
, FOTO ROBERTO GRANGER /MAQUILLAJE Y PEINADO:JAIME CASTAÑEDA

La industria marroquinera en Colombia está en pleno florecimiento, sus artículos además de variados, tienen calidad y pequeñas empresas se alistan para el crecimiento del mercado.

Cartagena no ha sido ajena a este mercado y dos jóvenes diseñadoras se adentran en el mismo con seguridad y una propuesta innovadora que se acerca a un producto con características ideales para la exportación.

Son ellas Virginia Martínez y Ana María Vélez, profesionales en otro ramo, pero que se dejaron llevar por un sueño que cultivaron desde niñas y que coincidía con el diseño de modas.

Virginia Martínez

El llamado de la moda

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Aunque inicialmente Virginia estudió Administración Industrial en la Universidad de Cartagena, su sueño de ser diseñadora se impuso, al punto de cursar un nuevo aprendizaje en la Escuela de Modas de Arturo Tejada en la ciudad de Medellín.

Desde pequeña le gustaba el mundo del modelaje, pero su baja estatura fue uno de los impedimentos, sumado a la negativa de su padre, quien consideró siempre que su hija debía estudiar una carrera con fundamento.

El tiempo libre de Virginia era dedicado a la moda y siempre contó con personas que la apoyaran, por lo que empezó su historia con unos bolsos en tela que fueron estampados por una amiga y que resultaron un éxito en ventas.

Este proceso empezó hace más de cuatro años y su pasión por los bolsos y el calzado, la llevó a investigar el mercado en Medellín, lo mismo que los proveedores de insumos en esa ciudad. De allí partió la carrera que más tarde se trasladó a la sede de Bogotá.

Virginia dice que por instinto y algo de astucia, sacó una primera colección bajo la marca VRG Bags, que en los últimos diseños se abrevió a VRG.

Nada ha impedido el tránsito de Virginia Martínez por el difícil camino de la empresa marroquinera, que empezó con la compra de sus amigos, pero que más tarde tomó fuerza con su gestión personal en los principales almacenes de Cartagena como Gabi Arenas, de quien recibió su apoyo incondicional.

Después de ese “amparo” profesional, tuvo la oportunidad de participar en la Feria del Cuero Gabi Arenas, logrando presentar una colección de calidad que bien cabía en ese competido mundo.

Fue un gran aprendizaje, indica Virginia quien entendió que allí, justo en ese evento, empezaba a tocar su sueño y lo mejor, con la aceptación de muchos compradores que se hicieron a sus bolsos a sabiendas que eran productos con alta calidad y diseño.

Ser administradora industrial le ayudó a enfrentarse a los negocios sin miedo y con el mínimo riesgo de pérdidas, toda vez que tiene pleno conocimiento de procesos productivos y gerenciales.

Ella ha ocupado todos los cargos en su naciente empresa, comenzando por el diseño, venta, mensajería y hasta la publicidad de sus bolsos, que se enmarcan en un esquema bastante moderno y de fina marroquinería.

Su mamá Cecilia Osorio fue la primera persona que creyó en ella y con un a capital y algo de valor, le dio el impulso para empezar y continuar en un negocio que crece día a día y que presenta cinco colecciones.

Los bolsos de VRG son muy vanguardistas. En su formación de diseñadora se ha nutrido de investigación, por lo que los temas universales que va tomando la moda no son ajenos a ella, por lo que al final se presenta un producto de fácil aceptación.

La más reciente colección de Virginia Martínez fue inspirada en las cantadoras del Caribe, una investigación que tomó su tiempo y que incluyó todas las vivencias de esas hermosas mujeres, sin parecer una artesanía, de la que no tiene nada en contra, pero que no era su finalidad.

Actualmente trabaja en su próxima colección basada en el Río Magdalena, aunque algo lento por encontrarse en la dulce espera de Valentina, su primera hija. Sabe que los cuatro primeros meses de gestación son muy importantes y por esto su esposo Camilo Rey la apoya y le ayuda en el trabajo.

Tiene una persona de plena confianza en Bogotá que actúa como su asistente y que se encarga de la compra de insumos y aunque no participará en ningún evento nacional por recomendación médica, si se alista para los próximos días presentarse en la Feria Internacional del Cuero Gabi Arenas en esta ciudad.

Ana María Vélez

Dignificando la cultura

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La historia de Ana María Vélez se empezó a escribir desde cuando era muy niña y su interés por la cultura indígena la llevó a investigar y a pensar que si tenía la oportunidad los visitaría en su propio hábitat.

Al llegar a la adolescencia descubrió que podía diseñar sus atuendos y hasta le colaboró a algunas amigas con su talento innato y hasta escuchó de algunos allegados el ánimo para estudiar esa carrera que para entonces no despuntaba en el país, ni se le veía futuro.

Nunca visualizó la posibilidad de esa profesión, porque su vida estaba guiada por la medicina y sus ramas, como se dio con la bacteriología, carrera que a la final culminó con éxito en la Universidad Metropolitana de Barranquilla.

La bacteriología no era vista por Ana María como un negocio, era su pasión, había mucho por investigar y eso era realmente lo que deseaba, pero la realidad era otra y el mercado no le ofreció posibilidades de un desarrollo decoroso, por lo que decidió inicialmente desempeñarse en Bogotá.

A este trabajo le siguieron otros, mientras hacía más estudios de especialización y su sueño de tener un Banco de Sangre crecía, pero a la vez se postergaba por múltiples razones ajenas a su voluntad.

Regresó a Cartagena en busca de nuevas plazas y tras varias licencias, tomó la determinación de adentrarse en nuevos horizontes, que se vislumbraban en Estados Unidos. Allá logró homologar el título, aprender inglés, trabajar y demostrar su profesionalismo.

Entre Nueva York y Nueva Jersey transcurrieron dos años de intenso trabajo, involucrada en medio de tecnología que facilitó su labor y le dio más peso a su carrera.

La espontaneidad y alegría de Ana María se hace evidente cada vez que recuerda esos episodios de su vida. Buscando legalidad en el extranjero, regresó a Bogotá y en medio de una frustración por ver que en Colombia la bacteriología no avanzaba lucrativamente, empezó a buscar un nuevo modo de vida.

El sueño del diseño, hasta entonces dormido, despertó y se unió a la pasión por los indígenas. Un viaje a la Sierra Nevada de Santa Marta fue el preámbulo para esta nueva aventura en la que Ana María Vélez se embarcó con su ideal.

Tras una pequeña y complicada convivencia con los indios Arhuacos, logró encontrar a una de las integrantes de esa etnia residente en Valledupar y con ella empezó el proceso que culminó con un producto de fina marroquinería, que a su vez involucra el tejido ancestral de esa tribu.

Ana María Vélez actualmente vende la cultura de su país, su trabajo busca dignificar la labor de esos indígenas y la apoya en cuero que ha tenido un manejo especial, para entregar un bolso de primera calidad y apetecido en el exterior.

El tejido de lana virgen de oveja se enmarca en un diseño novedoso en cuero, colores llamativos y herrajes especialmente diseñados para tal fin, ese es el sueño de Ana María cristalizado y que en su primera aparición ha logrado beneplácito.

Ya con una colección, la nueva diseñadora tuvo contacto con la experta en el tema Gabi Arenas, quien le brindó su apoyo y le dio la oportunidad de estar en un desfile y hacer su debut.

La marca Ana María Vélez honra la cultura Arhuaca, es un trabajo con elementos reales, elaborados con un significado propio y con la calidad de un diseño que busca expandirse al exterior.