La quiebra de Lehman Brothers y sus catastróficos efectos en los mercados mundiales, propinó su primer golpe a la economía colombiana, con la pérdida de $55.000 millones que tuvieron los fondos de pensiones y cesantías, y una muy leve merma en las reservas internacionales por un título del citado banco estadounidense de inversión.
Son los riesgos de la globalización y la liberación de los flujos de capital, operando en un contexto en que la riqueza mundial está representada en papeles en lugar de respaldarse en la producción real de bienes y servicios.
La globalización implica que se articulan economías poderosas a economías que no tienen suficiente crecimiento, haciendo que países como los latinoamericanos participen en una situación de desventaja.
Por eso, cuando hay crisis en las potencias, el efecto llega multiplicado hasta nosotros, sobre todo porque la dinámica económica global se basa en el capital financiero, a tal punto que el crecimiento de los intercambios financieros supera al del comercio internacional, y es más de 30 veces el valor del PIB mundial.
Un banco de inversiones como Lehman Brothers centra su actividad en la financiación del desarrollo de grandes empresas y sus recursos dependen exclusivamente del mercado interbancario, a diferencia de los bancos comerciales, que tienen la posibilidad de convertir en créditos los depósitos de los particulares.
Cuando quiebran, arrastran consigo su cotización en bolsa y la de títulos en los que han invertido, en un efecto dominó.
¿Cómo se afectarán los trabajadores colombianos que aportan a los fondos de pensiones recursos que sustentarán su vejez? Algún menoscabo sufrirán sus ahorros, puesto que parte de las pérdidas anunciadas por el Superintendente Financiero corresponden a esos ahorros, que son invertidos por los fondos en títulos extranjeros, especialmente en títulos del Tesoro de Estados Unidos, considerados valores seguros.
Según el presidente de Asofondos, Santiago Montenegro, lo que han perdido los fondos de cesantías y pensiones es muy poquito, afirmación discutible si se tiene en cuenta que ese “poquito” equivaldría, haciendo un cálculo rápido, a unos 650 mil pesos de pensión mensual para 7.051 colombianos.
A diferencia de Estados Unidos, en Colombia los fondos de pensiones no tienen muchas alternativas de inversión, como tampoco hay muchas opciones para que el ciudadano común invierta a través de la compra de acciones.
En ese país, el Gobierno ofreció garantías a los fondos que invierten en el mercado monetario (que proporciona capital a corto plazo y a bajo interés a los bancos). Este salvamento no podría mantenerse indefinidamente en Colombia, porque nuestro mercado financiero es muy precario y sus actores restringidos.
Así que la mejor alternativa para la gente común es reducir al máximo los gastos, evitar el uso de tarjetas de crédito o préstamos de consumo y guardar la mayor cantidad de plata que se pueda, aunque ahorrar para muchos es una misión imposible.