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Columna

Cómodo y…

“Dejo a los lectores la tarea de hurgar en nuestro reciente pasado y nuestro doloroso presente para encontrar similitudes o paradojas...”.

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Aún no despertaba el día y ya estaba en pie. El alba lo encontraba en la lectura de su fuente de inspiración: el “Enquiridión”, de Epicteto. Además de la profundidad filosófica le admiraba que tales escritos hubiesen llegado a él por el albur. Esto es que Arriano, esclavo inicialmente, recogió las enseñanzas del sabio Epicteto. Durante esa ardua labor Arriano terminó convirtiéndose en filósofo. Al tiempo que leía meditaba y escribía apuntes que se convertirían en su obra maestra. Su día continuaba inspirado en esos primeros pensamientos y en la larga lista de tareas pendientes. La vida, el deber y la naturaleza humana eran sus principales motivos de reflexión que terminaba con un buen baño seguido por vestirse con una sencilla túnica y una toga de lana que trocaba en lino para el caluroso verano. Como único lujo llevaba una banda púrpura símbolo de su majestad. Con rigurosa puntualidad, participaba en arduas audiencias, trascendentales reuniones de estado, sesudas discusiones militares, revisiones y firmas de leyes siempre consultadas con sus sabios consejeros a cuál más filósofos. Su alimentación era tan frugal como sobria era su vida diaria. Los excesos siempre le fueron ajenos. El día concluía muy tarde y lo encontraba revisando sus escritos mientras reflexionaba sobre sus decisiones y se cuestionaba si ellas habían estado teñidas por la soberbia o si por el contrario habían estado investidas de justicia, moderación y sabiduría.

Lo anterior es una sinopsis de la rutina diaria de Marco Aurelio, emperador, filósofo, estoico hasta los tuétanos. Los artífices de la era dorada del imperio romano fueron: Trajano, quien logró la mayor expansión de imperio; Adriano, que consolidó las fronteras con su famoso muro en Britania; Antonino Pío, que garantizó la estabilidad y la paz, y correspondió a Marco Aurelio mantener el imperio durante casi veinte años en los que sorteó cruentas guerras, invasiones y pestes. Dicen los que saben que el lento ocaso de Roma se inició con Cómodo, hijo de Marco Aurelio, quien gobernó en contra de las instituciones, pretendió cambiarlo todo y durante su corto reinado fueron la búsqueda del placer, el espectáculo y la corrupción herramientas de absolutismo e inestabilidad.

No pretendo posar de Plutarco en sus “Vidas paralelas” para comparar la era de los “Buenos Emperadores” con algunos de nuestros gobernantes. Dejo a los amables lectores la tarea de hurgar en nuestro reciente pasado y nuestro doloroso presente para encontrar similitudes o paradojas. Por estas calendas se promueve el caos, la confrontación y la verborrea como herramientas de poder. Decía Epicteto: “Cualquier persona capaz de hacerte enojar se convierte en tu amo”.

*Profesor en la Universidad de Cartagena.

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