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Derek Walcoot

Derek Walcoot, degustador incansable de los tabacos, a quien las Fiestas de San Fermín le hicieron amar a España como ningún otro: “aquellos que han visto España en el horno de agosto tendrán por siempre su corazón quemado como las manadas de toros como polvo a la deriva...”. Departía con su amigo africano, también premio nobel como él, Wole Soyinka, quien nunca ocultará su fervor litúrgico hacía sus santos orischas del Sagrado Panteón africano, y declarara abiertamente un Wole Soyinka, ser hijo del sagrado orischa negro, hermano de Shangó el orischa Oggún de los metales y la guerra. El poeta Derek Alton Walcott, siempre llegó a ser admirador del criticado y perseguido tanto por su antisemitismo, como por su ferviente apego a Benito Mussoline, el poeta norteamericano Ezra Weston Loomis Pound. El de la famosa definición del provincianismo no llegar a ser otra cosa sino” envilecido obstruccionista empecinado a toda hora momento y lugar en imposibilitar armonía civilizada entre los seres…” Entonces Derek Walcott, quiso un día abordar una nao en tránsito por entre las estrellas llamada Cartagena, a la cual, pobrecita, por no llegar a ser…y de Castilla le abandonaron a su suerte hasta hacerla estrellar contra los escombros de la moral. Quiso abordarle por aquello de lo que tanto le hablaron acerca de la misma, de que era de negros. Y ya me imagino a Derek Walcott tropezarse con la ridiculez y lamentable padecimiento de blanqueamiento en crisis de hispanidad cargándola por lustros Cartagena. Durante mis días de navegación por mar, que a bordo del legendario vapor Don Niki, de la flota del acaudalado armador  Julio Zarzuk Villadiego, siempre estuvimos en las salidas acompañados del administrador de la “Caja Menor en dólares” el oficial hijo del armador, Gustavo Zarzuk. Uniéndose a dicha camada los marineros “el corbacho”,”elhamburgojorgecabezas” “luchocuesta” y “el kilombo”; unos y otros como tradición de marinería cartagenera del intramuros Getsemaní y Sandiego. E infaltable el Capitán de Altura, un holandés Dick Wieck. Todos en correría por entre la extensidad de la vida nocturna de los puertos del caribe, la West-Indiams. Pero llega a ser de nuestra mayor predilección bajarnos la estrella por torcer brújula hacia los delirios ofrecidos por la isla de Santa Lucía, la del poeta y nobel de literatura Derek Walcoot. Alguien como Derek Walcoot, teniendo el privilegio de nacer en el prisma inapagable con fuselajes de música brindándolos siempre la isla San Lucía, muy probable sea el que no se le dé por partir jamás de aquella estancia del sonreír de sagrada orischa negra madre Yamayá, o esa santísima majestad africana, asomando pubis de su Monte Niger en mitad de los océanos. La santa orischa de vientre y ovarios en salinidades de donde vinimos todos. Madre del mundo con sus faldas de maretas, siendo a su vez santa paridora de peces. Pues sin sombrero de yarey, andan diciendo por ahí, los de la cultura occidental, esos que le tienen pavor a la muerte, que el poeta Derek Walkoot, dizque ha partido. No, para nada, puesto que si se llega a nacer, repito, dentro de tales dimensiones como en las que nace el poeta Derek Walkoot, no dan ganas de irse nunca de allí. Viéndosele a una grandiosa cúspide festiva como la de Derek Walker, el rotar entre territorios de las repúblicas negras de la West Indiams, de entre las cuales hallándose la Trinidad y Tobago, trono del  sacrosanto orischa negro padre Shangó rey del baile rey del tambor. La Trinidad de los famosos Steel Band o Tambores de Acero, tambores de marfil, tambores de diamante, tambores de oro. Pero ante todo en su islote donde se halla incólume la fuerte tradición enteramente africana bailando y cantando junto con la muerte, puesto que el negro no le tiene miedo a la muerte, como los occidentales, sino que permanece en bailoteo y cantares con la misma. Y en la Santa Lucía de Derek Walcoot, la zona de los rumbiadero, la tal Zona Rosa, va siendo es en los cementerios. Tan similar a lo de Brasil. Y ha de ser aquí en sus mausoleos de discotecas y bailaderos donde cada trago de ron, cada bebida debes compartirlos con los muertos, ¡oye! Ritual tan parecido a lo de nuestra costa caribe colombiana. Que así mismo el baile se le va tributando a estos, a los muertos, puesto que las baldosas del suelo sobre el que bailas, como a lado y lado de aquellos mausoleos de discotecas y bailaderos, se encuentran colmados de tumbas con restos de ---mfumbes-- (muertos). Pero una vez el hallarse por fuera de los mausoleos estarán la tumbas a ras de tierra, donde gentíos se sientan cerca a las lápidas con respectivos grupos de música, una que otra orquesta, y vehículos con equipos de sonido, y radiolas con música a todo volumen dándole tributo de bebidas y música  a esos –mfumbe—en sus tumbas a ras de tierra. Al ser la cultura religiosa africana completamente muertera. Y estuvo de paso por Cartagena Derek Walkoot, donde la misma antipatía de provincianismo obstruccionista, dentro de la cosa usual hermética muy propio de aldeucha, y entre su preferencialismo, se estuvo empecinando en que no lo viéramos, ni el ver a su gente, acerca de la cual le estuvieron hablando. La Cartagena que esconde al alcalde negro cuando percibe llegada del amo blanco de la conquista, no estuvo sintiéndose apta para recibir a un no-blanco universalmente poderoso en poesía, artes plásticas y dramaturgia. Pero, maldita sea, esto fue lo que trajo el barco. Mucha fiesta le deseamos al poeta Derek Walkoot, en su tierra del inapagable festín luctuoso con muertos al lado de la vida, tan similar al África suya.
 

Nombre: 
Pedro
Apellidos: 
Julio
Cédula : 
9.070.771 de Cartagena.

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