comscore
Columna

“¡Abajo los Yankis!”

“En 1966 llegaron 1.500 televisores a las escuelas públicas colombianas de la mano del gringo Gerald Vagenau. A Cartagena llegaron 49 de esos aparatos...”.

Ricardo Chica Geliz

Compartir

Así, con ese grito, los estudiantes de la Universidad de Cartagena y de varios colegios recibieron al grupo de rock The Water Pipe, conformado por jóvenes norteamericanos y quienes se presentaron en el Teatro Heredia (Hoy Adolfo Mejía) en 1971 (El Universal, 4 de mayo de 1971). Después de la Segunda Guerra Mundial, “lo joven” emergió como una subjetividad política que lo cambió todo, lo que se manifestó de manera contundente en los años 60 en aspectos artísticos, culturales, económicos, políticos, sociales y tecnológicos.

Tenía 43 años John F. Kennedy cuando se hizo presidente, Fidel Castro tenía 32 años cuando entra triunfal a La Habana, Alberto Sierra Velázquez (intelectual, crítico de cine, escritor cartagenero) tenía 18 años cuando escribió su novela ‘Dos o tres inviernos’, ejemplos todos del poder juvenil. Con el término ‘Contra-cultura’ se expresó la sensibilidad revolucionaria comprometida con hacer del mundo un lugar mejor. En virtud de ello aparecieron luchas de liberación nacional antiimperialistas, que incluso convulsionaron a Estados Unidos en tanto luchas femeninas, diversas, generacionales y raciales que exigían cambios políticos.

Ese mismo año el gentío juvenil tumbó varias veces la cabina de boletas del Teatro Cartagena, cuando se presentó el documental ‘Woodstock’ (1969). El mítico concierto reaparecía en la sala de cine, cada vez que se proyectaba en la pantalla. Alberto Sierra, escribió: “Después de conocer este despliegue de técnica, ningún cartagenero tiene derecho a hablar mal de ‘Woodstock’, ni siquiera los amantes del rock o de la charanga. Es la versión no oficial de U.S.A., de la gente buena que odia el racismo y la guerra de su país” (Diario de la Costa, 3 de junio de 1971).

La prensa calificó de saboteadores a los muchachos que rechazaron el concierto de rock, programado por la Alianza para el Progreso, del Departamento de Estado, financiada por la Usaid y cuyo propósito era “conquistar mentes y corazones”. Por cuenta de ello, en 1966 llegaron 1.500 televisores a las escuelas públicas colombianas de la mano del gringo Gerald Vagenau. A Cartagena llegaron 49 de esos aparatos con la idea de impartir clases por televisión; pero, no había luz, de modo que Vagenau se apoyaba en ‘Los Cuerpos de Paz’ formados por jóvenes voluntarios (gringos también), quienes se mezclaban con las comunidades más vulnerables con el fin de prevenir rebeliones.

La gran batalla cultural y política era (y es) por la vida cotidiana de los jóvenes y su expectativa sobre el futuro. Hoy, borrada la Usaid de un plumazo, esa batalla apunta a convencernos de que el Estado social de derecho es innecesario y donde la inteligencia artificial (que no es políticamente neutra) controla los algoritmos de las redes. Que nadie se llame a engaño: los fascistas no le rinden cuentas a nadie.

Siga las noticias de El Universal en Google Discover
Únete a nuestro canal de WhatsApp
Reciba noticias de EU en Google News