Édgar Ortiz-Arellano, en su artículo ‘El arte de gobernar: razón de Estado y seguridad nacional (2022)’, sostiene que este arte surge como una serie de técnicas relacionadas con la conducción, de manera racional, del Estado. Estas técnicas trabajan para lograr los fines y los objetivos planteados por la política, y donde la defensa y la protección de los componentes estatales se resumen en tres grandes rubros: el gobierno, la población y el territorio. En ese concepto analizamos que existen numerosas metodologías para gobernar, pero que todas deben tener como metas alcanzar el desarrollo humano y bienestar común en su jurisdicción.
Luego son múltiples las competencias y habilidades que debe tener quien ejerza las tareas de gobierno como: formación profesional integral de política, finanzas, tareas de dirección, estudios sobre las funciones y responsabilidades de su cargo, estructura del estado, planeación, visión del futuro, capacidad de comunicación, experiencia administrativa, participación ciudadana y comunitaria entre otros temas. Pero sobre todo, la mayor virtud que debe ostentar un gobernante es el humanismo que lo dota de la humildad y la sensibilidad social que le permite sentir como si fueran propias las necesidades de sus gobernados.
Colombia necesita que sus gobernantes tengan el mayor número de las calidades aquí mencionadas, como seres humanos sabemos que es casi imposible que una persona posea todas estas cualidades, pero debería ser una aspiración y responsabilidad de todo aquel que se postula a un cargo de elección popular o acepta un nombramiento dentro de la administración pública contar con ellos. Los partidos políticos deben entregar los respectivos avales en las elecciones de acuerdo con el cumplimiento de requisitos éticos, nivel de experiencia y formación profesional que facilite un mejor desempeño a los elegidos o designados. Los hechos demuestran que el ejercicio exclusivo de la oposición en corporaciones públicas, no se constituye en garantía de un buen desempeño administrativo, por lo tanto cada partido político en un acto de responsabilidad debe contar con el funcionamiento de una Escuela de Gobierno que brinde a sus afiliados la posibilidad de prepararse académica e ideológicamente en asuntos gubernamentales.
En el caso de Cartagena, nuestras investigaciones sobre administración pública muestran que afortunadamente hoy cuenta con un gobierno dirigido por Dumek Turbay, que tiene la experiencia y conocimientos, aunados a una voluntad de servicio de los funcionarios que auguran grandes avances para esta urbe y su pueblo.
