Cuando falleció la Hermana Dorita, Elisa, compañera de misión, guardó en la casa de su hermano Popo García Badel, un baúl con los hábitos de la difunta. Tentados por el demonio, Germán Martínez Pizarro, vecino de la Avenida Miramar de Manga, con la complicidad de las hijas de Popo, hurtaron un hábito y lo escondieron en la casa de doña Zoila Cabrales de Martínez, madre de Gustavo Martínez y cuñada de Luz Marina Martínez Lugo. Zoila y Luz Marina solían pedir por el alma de la Hermana Dorita. Un día en el cuarto contiguo al comedor, donde estaban rezando, Gustavo le ensambló a Germán el hábito de la difunta. Luz Marina advirtió una silueta de monja que caminaba por el corredor y cuando levantó la voz mencionando a la Hermana Dorita, Germán apareció frente a ellas. Zoila quedó en shock y Luz Marina se privó. Gustavo muy preocupado le arrancó el velo a Germán y le soltó el hábito, quedando este en un penoso moruno de santidad.
Mas tarde en las Fiestas del 11 de Noviembre, Gustavo llamó a Germán y a Emigdio Morales para adecuar un viejo Jeep bautizado ‘Apolo 11′, que un tiempo sirvió a don Gabriel Martínez en la Finca la Santa María, por el Sinú. En él llegaron a la Base Naval, de dónde salía el bando. Emigdio conducía el ‘Apolo11′. Gustavo se encargaba del ron, mientras Germán, disfrazado con el hábito de la Hermana Dorita, bailaba batiendo el faldón con coquetería. Tenía un enorme corpiño y en el trasero sembró dos almohadillas que lo hacía ver respingado.
‘El Apolo 11′ se varó y Emigdio lo parqueó en el Castillo San Felipe. Allí unos carretilleros de Bazurto acosaban a la monja, Gustavo empezó a repartir trompadas. Todos fueron detenidos por la Policía. Se decía, que entre ellos había una monja con cara de hombre que se negaba al examen médico general.
Gracias a Dios, Popo García estaba viendo RCN TV y salió hasta la Cárcel de San Diego. El director resultó ser amigo, le dijo a la monja dudosa e indocumentada que se fuera y con ella salieron todos.
Cuando murió Popo, sus hijas pusieron en el ataúd los hábitos de la Hermana Dorita. Decían que solo en el cielo quedarían a salvo de Germán, Emigdio y Gustavo, quienes planeaban irse en el ‘Apolo 11′ para los Carnavales de Barranquilla con hábitos de la difunta. Que ironía, una mujer dedicada a Dios y a la oración, jamás podía imaginar que sus inmaculados hábitos fuesen profanados en fiestas, carnavales y parrandas. Pero así era Manga en la inolvidable década de los años 60.
