Con añoranza recuerdo las bongas de la segunda avenida del barrio. Sus flores expanden un aroma que nos recuerda las fiestas novembrinas y las carrozas de Antonio Víctor Araújo. Hoy existe una urbanización donde estuvo su casa y su taller. Solo las bongas son testigos de esos tiempos.
Manga ha cambiado, no es el barrio donde jugábamos en las calles y alcanzábamos mangos, icacos, nísperos, guindas, mamones y ciruelas. Los cangrejos desaparecieron, aún quedan unas cuantas iguanas en la Casa Román y en el Colegio Montessori. La bahía huele distinto, su olor natural se fue junto con las caracuchas y caracoles. Dicen los niños de ahora que partieron a otros mundos. Las bongas, como el Fuerte del Pastelillo, parecen ser archivos de recuerdos. En el robusto y espigado espacio del cuerpo de las bongas, como en las piedras del Fuerte del Pastelillo, se guardan millones de páginas que cuentan la vida del barrio y la ciudad. Cuánta alegría me da que aún las flores de las bongas nos regalen un poco de su aroma.
Son las últimas fragancias que animan la prosa que los mangueros llevamos en el alma. La demolición más cercana de una mansión me produjo mucho dolor, la casa de don Dionisio Vélez Torres se caía a pedazos y el loro bilingüe que él tenía le mentó la madre al arquitecto urbanizador en inglés y en español cuando se lo llevaban en una jaula.

La cosa: Próximas elecciones presidenciales
José William PorrasComo a unas de mis poesías, le compuse una canción. Hoy provisto de un sombrero canotier y en traje de lino, la canto animado por el recuerdo de las acuarelas de Roy Valenzuela, vecino del Callejón Dandy, quien falleció en la pandemia. Esas expresivas pinturas nos recuerdan la hermosura de Manga.
Componer poesías y canciones a Manga da mucha nostalgia. Hoy escribo algunas que están en mi libro, “Manga en el portal de mis recuerdos”. Mientras ustedes están leyendo, yo estoy cantando. “Manga” :
¡Manga!, donde los mangos le hablaban al amor/Y los icacos cantaban románticos boleros/Junto a los pájaros que estaban y se fueron// ¡Manga!, alojo de iguanas inocentes/Bella especie que saluda por los patios/Y vive tranquila entre la gente//
¡Manga!, aquel barrio de muelles y marinas/de bongas florecidas /que vistieron las carrozas los días alegres de las fiestas novembrinas// ¡Manga!, isla de puentes seductores/estampas de ayer/Cuando era la época del sombrero canotier/ y el traje de lino planchado en el vestier//
¡Manga!, la Manga de otros años /Donde todo se fue sin despedida /Unas acuarelas nos recuerdan/Lo hermosa que fuiste, Manga mía/.