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Columna

Nanoplásticos en nuestro cuerpo

“Los nanopalásticos se acumulan con facilidad en el tubo digestivo, vía respiratoria y hasta en el cerebro, mostrando propiedades inflamatorias”.

Gonzalo J. García

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Sabemos que la vida moderna no se conduce ni por la moderación en el comer ni por comer como necesidad. La sociedad en la que vivimos, que pasa por la mayor abundancia histórica en las grandes ciudades, come por placer, pero lo que asombrosamente desconocemos es que comemos cinco gramos de plástico por semana (cifras USA). Es grave la alarmante sospecha científica que produce esta afirmación. Este y otros factores dañinos entran voluntaria e involuntariamente en nuestro cuerpo.

La obesidad es una epidemia, es una enfermedad y factor de riesgo para el desarrollo de otras patologías crónicas como el cáncer y las cardiocerebro - vasculares. Es sencillo evidenciar la obesidad en la población general, basta con ver fotografías de personas de las décadas del 70 hacia atrás y compararlas con fotografías actuales. Lo anterior lo agrava el sedentarismo propiciado por la falta de movilidad (caminar), producido, entre otros, por la abundancia de medios de transporte usados en distancias cortas: motos, carros, motocarros y taxis. Como esta epidemia, ya se vislumbra científicamente otro riesgo en salud pública: dos amenazas propiciadas por la vida moderna.

Días atrás el doctor David A. Johnson titulaba así un comentario en una revista científica de alto impacto: ‘Una pesadilla epidemiológica: microplásticos y salud digestiva’. El autor es profesor de Medicina, jefe de Gastroenterología en la Eastern Virginia Medical School de Norfolk (USA) y expresidente del American College of Gastroenterology. El plástico se encuentra prácticamente en todas partes: aire, agua y suelo; inclusive en fármacos, cosméticos, productos de cuidado personal.

No es posible ver los nanopalásticos en un informe patológico estándar. Se acumulan con facilidad en el tubo digestivo, vía respiratoria y hasta en el cerebro, mostrando propiedades inflamatorias. Estudios en animales demostraron la estrecha relación con el hígado graso, asociado a disfunción metabólica y hallazgos de depósitos importantes en pacientes con cirrosis. Recordemos que el proceso inflamatorio se implica en el desarrollo de casi todas las entidades crónicas. En su comentario, Johnson cita una reciente investigación en humanos (2024), que demuestra que el 58% de pacientes a los que se les realizó un procedimiento para remover un ateroma (placa de grasa-calcio) de la carótida, tenían nanopalásticos identificables en su placa y presentaban 4,5 veces más riesgo de sufrir una complicación cardiaca, ictus o muerte por cualquier causa que a los que no se detectó nanopalásticos en la placa. En cuanto a lo digestivo, se altera la integridad intestinal dando sentido a la asociación emergente con la enfermedad inflamatoria intestinal, aumenta la disbiosis y disminuye la diversidad de la flora bacteriana, estableciendo un desequilibrio.

¿Qué se puede hacer? Como la legislación apenas comienza, en particular con micro y nanoplásticos, mientras se diseñan e implementan normas toca luchar desde el nivel individual, llamando la atención de médicos y pacientes: reducir la exposición al plástico (botellas y bolsas de agua, contenedores de comida), mejorar las prácticas de procesamiento y su devolución al medio ambiente, y continuar la investigación científica para corroborar mejor los efectos nocivos.

Termino con esta frase del experto: “La evidencia aún no se ha determinado, pero este momento es muy alarmante”.

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