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Columna

Hormigas y aliens

“Desde tiempos inmemoriales, han venido del espacio seres a visitarnos, a hablarnos y a enseñarnos cosas...”.

José Henrique Rizo Delgado

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“Señoras y señores, esto es lo más terrorífico que he presenciado... ¡Espera un minuto! Alguien o algo está saliendo de la máquina… Puedo ver ojos negros brillando como serpientes… Algo está emergiendo de la sombra. Como tentáculos… Es como cuero mojado. Pero la cara... es indescriptible. ¡Casi no puedo soportar mirarla!”.

El 30 de octubre de 1938, la radio difundía la noticia de una supuesta invasión extraterrestre. Con la alta tensión de ese momento previo a la segunda guerra mundial, EE. UU. se debatía en la decisión de inmiscuirse directamente o no a esa mortandad. La noticia causó pánico en la población. “La guerra de los mundos” era el nombre del programa, convertido después en libro y en película, del actor y escritor Orson Wells.

Casi 100 años después seguimos esperando la confirmación de la existencia de extraterrestres. Testimonios e investigadores van y vienen, pero nada que aparece la prueba reina que le diga al mundo: “Sí, aquí están y esto es lo que van a hacer y lo que nos quieren decir”.

Para mí, que llevo estudiando el tema desde que uso mi razón de homo sapiens adolescente, no se trata de creer o no en ovnis o en la vida en otros planetas. Esa parte de la curiosidad y la fantasía ya no está. Se trata de observar la infinidad de estudios, testimonios y evidencias que hay, con una mirada más trascendente. Sobre todo las investigaciones de expertos en el tema orientadas al estudio de las sagradas escrituras de todo el mundo, incluida nuestra Biblia, en la parte que narran la creación del mundo y el relacionamiento de los hombres con entidades espirituales, donde vemos que la mayoría coincide en que el universo fue creado por “seres que bajaron del cielo”. O sea que, desde tiempos inmemoriales, han venido del espacio seres a visitarnos, a hablarnos y a enseñarnos cosas, incluyendo “ángeles”, “arcángeles”, “mensajeros” y “dioses”.

Sin sesgos culturales ni religiosos, creo que hay un plan divino del que ellos, los aliens, nosotros y toda la creación, hacemos parte, diseñado y echado a andar por una gran inteligencia, un ser superior. Ese plan consiste en que todas las cosas, desde el polvo del desierto hasta el objeto sideral más grande; desde la criatura más pequeña y simple, hasta la más compleja y de gran tamaño; y desde el ser más omnisciente hasta el menos consciente de la naturaleza, estamos entrelazados en un proceso de evolución y perfeccionamiento, físico, mental y espiritual.

Y ahora viene la pepa del misterio: ¿por qué dejaron los aliens de presentarse abiertamente y, en cierta forma, por qué se escondieron? Porque ya estamos tan despiertos y peligrosos que están evitando una confrontación con nosotros. Esa lucha ya no sería como la de Jacob con el ángel (Génesis 32, 22-32), pues ya no sería con espadas, sino con ojivas nucleares. Y nuestra civilización es, para ellos, lo que las hormigas son para nosotros, por ahora.

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