Esos días estuvieron llenos de momentos e historias inolvidables para mí; como cuando en las primeras clases pretendiendo explicar, entre otras, las teorías contractualistas del origen del Estado para limitar libertades y crear una sociedad organizada, de inmediato fui cuestionada por ser un argumento, que en su sentir, es una justificación para el orden social y la propiedad privada, características de la sociedad burguesa; y a renglón seguido citas de Marx, Lenin, y filósofos de la antigua Grecia. Noté que les preocupaba mucho la correcta escritura, me preguntaban sobre ortografía; así como recibí la confesión apenada de quien nunca aprendió a escribir. Pero, ¿cómo que no sabe escribir?, ¿acaso no fue guerrillero? Le dijo un compañero en cuanto se enteró de la situación. Entre ellos mismos se daban discusiones sobre el proceder de las extintas Farc. Unos señalaban errores y manifestaban comprender hoy otras cosas que no les permitía seguir sosteniendo que estaba bien lo que habían hecho, otros, por el contrario, defendían porque había tenido que ser así, etc., pero siempre de manera unánime todas las reflexiones terminaban en algo como: pero hoy estamos aquí, queremos la paz en los territorios con justicia social y seguimos apostando por un liderazgo comunitario diferente.
También percibí ciertas tensiones propias de un proceso de asimilación relacionado con lo que llamamos la heteronormatividad. Como se ha afirmado en diversas investigaciones, “tanto para mujeres, como para personas de los sectores sociales LGBT, existe un continuum de violencia, es decir que, tanto en tiempos de paz como en tiempos de guerra, sufren múltiples formas de violencia estructural”1; así que “los arreglos de género” fueron objeto de discusión. Afirmaron que no se aceptaba la homosexualidad intrafilas por lo que era fuertemente sancionada. Así que la reincorporación les permitió a muchos, muchas y muches expresar libremente su identidad y orientación sexual diversa. Uno de mis estudiantes, hombre trans, no sólo me permitió conocer su increíble historia de vida, sino que de manera valiente e inteligente facilitó la reflexión sobre este punto, permitiendo a sus compañeros reconocer en la diversidad un valor necesario para la cohesión social y la convivencia pacífica. Dado que, en ese grupo de estudiantes, muchos ingresaron a las filas siendo menores de edad, solo a partir del acuerdo pudieron tener cédula, y pese a que el ejercicio de la ciudadanía en ellos fue muy tardía, percibí la inmensa valoración que dan hoy al voto popular.
1Centro Nacional de Memoria Histórica (2018), Memoria histórica con víctimas de violencia sexual: aproximación conceptual y metodológica, CNMH, Bogotá.

Biffi: el carpintero que resucitó una ciudad
Juan Sebastián Rodríguez*Abogada con especialización en Derecho Constitucional y magíster en Derecho con énfasis Empresarial y Contractual.
