Nació hace casi 1.000 años, en un olvidado pueblecito en la vecindad de Burgos, llamado Vivar. Con serena bravura en la batalla, y honestidad y sobriedad fuera de ella, se convirtió en comandante de los ejércitos de Sancho II, rey de León y Castilla. Sancho II enfrentó y venció a su hermano Alfonso en cruenta batalla gracias al valor de nuestro héroe; con tan mala suerte que tras el asesinato de Sancho, fue Alfonso quien quedó como rey y el valiente caballero de esta historia fue calumniado por celosos enemigos, despojado de todos sus bienes y enviado al exilio. Había fuertes sospechas de que Alfonso tuvo algo que ver en el asesinato de Sancho.
Casi como mercenario debió luchar en los ejércitos musulmanes, donde agigantó más su fama de guerrero. En paralelo, Almorávides norteafricanos arrasaron en batalla al ejército de Castilla, hasta el punto que el Rey Alfonso se vio obligado a tragarse su orgullo, dejar a un lado sus resentimientos y pedirle ayuda Rodrigo Díaz de Vivar. Con algo de táctica militar y mucho de sentido común logró mantenerse neutral entre cristianos y musulmanes, con lo cual recuperó Valencia del dominio moro y obtuvo así poder, tierras y gran fama.
Icónico héroe nacional de España, sus aventuras quedaron plasmadas con gran elegancia y detallada prosa en el más célebre poema medieval español, ‘El Cantar de mio Cid’. Allí se le describe como un caballero justo, leal, valiente y piadoso como el que más. Sin fisura alguna en su imagen y actitud, fue fiel incluso a su rey que lo hizo desterrar dos veces. Adquirió el rimbombante título de Campeador, un latinazgo de Campidoctor, que significa Maestro o Señor del campo de batalla. Acompañado por su fiel caballo Babieca, logró tal reputación, honor y gloria que pudo ejercer un liderazgo y control en Valencia, gobernando por igual con el apoyo de cristianos y musulmanes. ‘El Cantar de mio Cid’ apareció más de 100 años después de cuando ocurrieron los hechos, como versión escrita de una tradición oral cantada por décadas.
Es probable que en algunas cosas haya sublimado a nuestro héroe y la realidad histórica haya sido algo diferente. Parecido en algo a nuestra cruda actualidad, cuando nuestros gobernantes pretenden trastocar a su amaño y antojo la verdad histórica de cruentas guerras y masacres, para convertir en héroes a quienes en realidad son viles asesinos y violadores que aún hoy no abandonan las armas y por estas calendas asesinan y masacran, mientras los otros abusan de la corrupción para perpetuarse en el poder, en tanto que la mayoría solo baila el baile de los que sobran. Pero bueno, ya lo decía ‘El Cantar’: “Los hombres se cansan antes de dormir, de amar, de cantar y de bailar, que de hacer la guerra”.
*Profesor Universidad de Cartagena.

