La decisión de un grupo de personas que, actuando en representación de la comunidad de Playa Blanca, establecieron un retén para impedir que los visitantes al balneario ingresaran alimentos y bebidas, y la posterior incursión al gramado del estadio de fútbol Jaime Morón de un grupo de fanáticos con el propósito de agredir a los jugadores del equipo local por su pobre desempeño en el partido, evidencian preocupantes comportamientos sociales en Cartagena.
Si bien en el primer episodio no hubo acciones de violencia física y su aparente motivación era la de contribuir a la dinámica económica local y a preservar el balneario en la zona insular, lo que se dio fue un intento de usurpación de la autoridad, por fortuna neutralizada a tiempo con la presencia de directivos de varias entidades del Distrito y de organismos de seguridad.
Acatar normas nacionales y distritales que prohíben el ingreso y uso de plásticos de un solo uso a los parques naturales con vocación turística y de alimentos y bebidas a sus áreas de playas debe ser orientado por la autoridad legítimamente constituida y no por la libre interpretación de particulares, que en algunos casos responden a intereses no propiamente filantrópicos.

Menos resoluciones, más seguridad jurídica
Iván Martínez IbarraEntre las razones de muchos cartageneros y turistas para llevar sus propios alimentos a Playa Banca está la desmedida especulación en los precios por parte de algunos comerciantes y nativos que ha generado escándalos de trascendencia nacional e internacional. Corresponde a la comunidad velar por su sustento económico, pero no mediante acciones de fuerza, sino contribuyendo a generar consensos para lograr un tratamiento respetuoso y digno a sus visitantes, que fidelicen el destino, y no sometiéndolos a arbitrarias requisas y prohibiciones.
De otra parte, la irrupción de desadaptados al terreno de juego del estadio con la pretensión de castigar a técnicos y jugadores por el resultado adverso ante el equipo visitante fue un episodio más irracional y vergonzoso. Independientemente del declive deportivo que exhibe el Real Cartagena, a pesar de los grandes respaldos recibidos por parte de la Gobernación, la Alcaldía y de la afición, la frustración por sus deprimentes resultados no puede motivar acciones absurdas y violentas que atentan contra la integridad física y moral, al tiempo que desdibujan los esfuerzos institucionales y colectivos por consolidar a la ciudad como destino deportivo.
Los hechos del domingo seguramente serán abordados con la responsabilidad y carácter que la ciudad espera de sus autoridades. El estadio Jaime Morón, recientemente intervenido con recursos públicos, tiene que ser preservado para la integración familiar y social en torno al fútbol, y no como escenario de degradación del deporte. El sistema de videocámaras de seguridad en el estadio permitirá identificar a quienes por su comportamiento representan una amenaza pública, para que reciban las correspondientes sanciones.