comscore
Columna

Por los caminos…

“Hubiera querido recorrer el camino que trazó con gran sacrificio el famoso apóstol enterrado ahora, al final...”.

CARMELO DUEÑAS CASTELL

Compartir

Hay días en que pensamos que conocemos el camino y que no habrá cambios ni sorpresas. Por estas calendas se anda por redes sociales en rutas de una vana virtualidad, trazada más por los “me gusta” y tendencias que por quereres.

Hubiera querido recorrer el camino que trazó con gran sacrificio el famoso apóstol enterrado ahora, al final de ese duro y arduo sendero. Pero esa travesía quedó postergada para cuando me convenza y pueda convocar a quienes no saben que la vida no sabe de mañanas pues, con certeza, el año entrante aún habrá camino, pero puede que no haya caminante.

Hubiera querido recorrer las sendas y calzadas de Machado, pero solo coincidimos con él en su comienzo, ese gigantesco cruce de caminos en el cual un tierno cochinillo o el aroma de un elaborado cocido se entrelazan con la gula concupiscente. Intentando seguir sus veredas y riberas fue el vino de los soberbios y melancólicos el que a borbotones bebimos para olvidar a esa “mala gente que camina y va apestando la tierra” y en cambio disfrutar de esas “buenas gentes que viven, laboran, pasan y sueñan, y en un día como tantos, descansan bajo la tierra”.

Hubiera querido andar más por los caminos del Quijote, y mucho más los de su glotón y perezoso escudero, aquellos de pantagruélicas tapas y tortillas, tabernas y dulcineas; aquellos en que sembraban cultivos de pan coger ayudados por rechonchos y hermosos molinos que el de la Mancha en su orate travesía confundió con gigantescos enemigos. Sin embargo, por todas partes, y en contravía de nuestra Colombia inmortal, lo que encontramos fueron, y por centenares, gigantescos y esbeltos molinos que cabalgan sobre lomas y montañas y cuyas aspas convierten el viento en energía mientras abajo y acullá cultivos de vid, olivo y la radiante colza se entremezclan con extensos sembradíos de paneles solares.

Hubiera querido caminar con Sabina, y abandonar, como él, su calle melancolía para deambular por siempre en el barrio de la alegría. Eso sí, como él, siempre volvimos “allá donde se cruzan los caminos”, “donde regresa siempre el fugitivo, pongamos que hablo de Madrid”.

En cambio, recorrimos senderos desconocidos, sembrados de gozos y palabras, en los cuales dejamos huellas de una amistad con denominación de origen, rejuvenecida y agigantada en noctambulas abadías, monasterios y conventos, mientras abrevamos Verdejos y recuerdos, añejos de nostalgias, Ruedas y añoranzas; entre tanto acrecentamos la vida en un chorizo, se espantó la muerte entre croquetas y aceitunas y, finalmente, al desandar el camino y volver la vista atrás yacen sendas por regresar y otras, muchas más, quedaron pendientes, “caminante no hay camino sino estelas en la mar”.

Únete a nuestro canal de WhatsApp
Reciba noticias de EU en Google News