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Columna

Equilibrar esfuerzos

“Creo que nos toca a todos hacer un esfuerzo para lograr los cambios anhelados en el comportamiento público del cartagenero...”.

RAÚL PANIAGUA BEDOYA

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Es evidente que desde la administración distrital se vienen haciendo valiosos esfuerzos por modernizar la ciudad, por avanzar en obras de infraestructura para tener mejor movilidad, se viene trabajando en ampliar y mejorar el sistema de transporte masivo, se están contratando proyectos como nunca se había hecho, vemos nuevas inversiones para mejorar las instalaciones educativas, deportivas y recreativas, entre otras.

Todo esto es necesario y conveniente, pero desafortunadamente no vemos los mismos esfuerzos en otros campos, en especial en la construcción de una ciudadanía más responsable, consciente de sus obligaciones y consiente con lo que se espera de cada persona para lograr una ciudad más amable, abierta, justa y moderna. El columnista Óscar Alarcón, en un texto de 2017 retoma un cuento muy viejo en el que se comenta que “hay quienes aseguran que el poeta Víctor Hugo llamó a nuestra Carta de 1863 una Constitución para ángeles. El mismo García Márquez lo pone en duda en su novela ‘El amor en los tiempos del cólera’: “Alguien dijo qué había dicho (Víctor Hugo), sin que nadie lo hubiera oído en realidad, que nuestra Constitución no era para un país de hombres, sino de ángeles” (Oveja Negra, 1985, pág. 223). Para muchas personas nuestras constituciones políticas, incluyendo la actual, de 1991, sigue pensada en un ciudadano ejemplar, casi con características de ángeles.

Es muy común escuchar cuando se conoce un nuevo proyecto desde la Alcaldía, el comentario de que esas obras parecen para Suiza o Singapur, pero no para nosotros, pues dura más la contratación y la construcción que la gente en destruir o inutilizar dichas obras. Creo que nos toca a todos hacer un esfuerzo para lograr los cambios anhelados y deseados en el comportamiento público del cartagenero, pues siguen predominando comportamientos pre-modernos, atrasados, que nos acercan más a expresiones tribales que ciudadanas. Si bien se dice que los colombianos somos alegres, cálidos, extrovertidos y atentos, también es cierto que con significativas diferencias tenemos otras características. Es fácil encontrar descripciones de nosotros como una nación llena de personas indisciplinadas, arbitrarias, insolidarios y egoístas, y con algunas variantes en cada región del país, que permiten afirmar otros comportamientos como violentos, machistas y vengativos. Igualmente para llegar a ese otro tipo de ciudadanos también se puede llegar de diversas formas, pero tiene que ser explícitamente propuesto y ejecutado, desde la educación, los medios masivos de comunicación y en especial desde el ejercicio de la autoridad. Sin una acción firme y decidida de las autoridades, no vamos a lograr algo parecido a ciudadanos merecedores de una superciudad.

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