En 1925 aparece la película rusa ‘El acorazado Potemkin’, realizada por el mítico director Serguéi Eisenstein, considerado también uno de los padres del lenguaje cinematográfico en virtud del montaje moderno y sus técnicas. De ahí que la cinta sea de obligatorio estudio en toda escuela de cine y resulta infaltable en los cineclubes de todo el mundo.
En el Diario de la Costa del 6 de septiembre de 1970 se anuncia ‘El acorazado Potemkin’ en el Teatro Colón del barrio Getsemaní. La película se proyectó en el marco de las actividades del Cine Club Universitario que funcionaba con regularidad desde 1969. Liderados por el crítico de cine cartagenero, Alberto Sierra, y un puñado de estudiantes, la creación del cine club tuvo el acompañamiento del Departamento de Humanidades que dirigía el profesor Roberto Burgos Ojeda. De allí surgió la Cátedra de Orientación Cinematográfica, de la Universidad de Cartagena, la cual fue inaugurada por su rector Juan C. Arango.
La cátedra exigía un curso de nivelación que se denominó: ‘¿Cómo se analiza una película?’, donde ‘El acorazado Potemkin’ se analizó en varias categorías, entre las que destacan: características generales y contexto de la película; la composición del film, la estructura de la historia; personajes, orquestación de roles y el carácter del héroe colectivo en la gesta revolucionaria; y, alcance de la obra, donde se destaca el poder poético de la misma. (Diario de la Costa, 11 de septiembre de 1970). Otro curso era: ‘De Sergio M. Eisenstein a Tony Richardson, Ingmar Bergman y Lindsay Anderson’. Estuvo a cargo de los críticos Margarita De La Vega Hurtado y Alberto Sierra, y los temas abordados fueron: Lectura e interpretación cinematográfica; Lenguaje cinematográfico; Historia del cine: mudo, clásico, contemporáneo y moderno; Escuelas y estilos de cine; Teorías de la interpretación cinematográfica; Dirección cinematográfica y otros elementos del filme; La crítica de cine y las principales corrientes cinematográficas; La importancia del cine club y su papel cultural. Tenían clara la importancia de pensar el cine y reconocerlo como actividad intelectual, más allá de su aspecto instrumental y de entretenimiento. Eran los años del ‘Programa Mínimo’ como propuesta estudiantil para superar los problemas de la educación nacional. Ante la pregunta: “¿Cómo solucionaría usted el problema del hambre que padecen millones de seres humanos?”, Simón Ashook, estudiante y director del cine club contestó: “La caridad ha sido ineficaz, sería interesante probar con el socialismo” (Diario de la Costa, 10 de enero de 1971).
Se trató de una entrevista llena de irreverencias, provocaciones y de optimismo frente al proceso revolucionario y los cambios que se esperaban obtener, pues el hambre de la tripulación fue la causa principal del motín en ‘El acorazado Potemkin’.
