El saludo de León XIV a las personas entusiasmadas y expectantes reunidas en la plaza de San Pedro el día de su primera aparición como papa fue el mismo del Resucitado a los discípulos temerosos: “¡La paz con ustedes!”, y su exhortación desde ese día ha continuado en las audiencias pidiendo la urgente escucha de los clamores por un mundo en paz; contraste evidente con el ambiente de guerra que pulula por un país y el otro y que entre nosotros pareciera un clamor sin oyentes.
Nos mantenemos en una situación de violencia en sus diversas expresiones que agudiza el temor, la incertidumbre y la desesperación de campesinos, habitantes de sectores populares, líderes y lideresas promotores de la protección del medioambiente, animadores de la defensa de los derechos humanos y todos los que, de alguna manera, se van comprometiendo a fondo con la convicción de la carencia de sentido de unas guerras que el papa Francisco luchó por su superación a través de mediaciones de funcionarios vaticanos por aquí y por allá. De igual manera, los obispos colombianos han seguido firmes en sus clamores por la paz y las propuestas del diálogo y la concertación como opciones de fondo, para no seguir matándonos entre hermanos de un mismo pueblo.
La complejidad de las causas de las guerras urge la interpretación de estos signos del tiempo. Es irónico que mientras se propugna por una humanización de los animales y se pregona su respeto porque tienen sentimientos y son capaces de amar, no se luche con la misma intensidad por el fin de toda lesión al derecho a vivir en paz en los sectores pobres de las grandes ciudades, en los campos y veredas. Este clamor pide oyentes y pide priorizar diálogos y discusiones con sentido porque mientras no haya justicia no habrá paz y mientras no haya paz no hay desarrollo ni vida tranquila.
El resucitado envió a los discípulos nuevamente a la Jerusalén donde se había desarrollado el conflicto mayor que condujo a la ejecución del Maestro, y allí, se organizaron en comunidades que por su testimonio fueron diseñando un perfil y provocando la adhesión de muchos y muchas a ser como ellos. Esta misma llamada que hace tantos años nos ha hecho la Iglesia latinoamericana y caribeña a unirnos en comunidad para enfrentar la vida y unir nuestros clamores por la paz, la concertación y la defensa de los sin voz, sin descansar ni temer.
Quiera el Señor que las llamadas del papa León, en continuidad con las proféticas llamadas de Francisco, encuentren eco igualmente en un país como el nuestro cada día más y más acosado por la violencia y una polarización que impide que la paz esté con nosotros. Y quiera igualmente el Dios de la paz que los clamores de los que luchan por la paz, el diálogo, la concertación y las acciones concretas, encuentren los oyentes que tienen en sus manos las soluciones posibles.
*Teólogo salvatoriano.
