Hoy en día las democracias ya no mueren violentamente, en un día y mediante un golpe de Estado militar.
Lo de bombardear la Casa de la Moneda en Santiago, salir en tromba de una cervecería muniquesa o comenzar una guerra civil hasta que te haces con el poder ya no está de moda. En el presente, la población está mayoritariamente alfabetizada y, aunque casi todos viven cada vez más confusos y con los conceptos básicos más difuminados, tienen claro que una sociedad se ha de gobernar con aquiescencia de los gobernados.
Así que los gobernantes o aspirantes a serlo con tendencias autoritarias ya no se suben a un tanque, sino que se presentan a las elecciones. Las ganan. Y, cuando tienen el poder, comienzan una larga y concienzuda labor de desmantelamiento de la democracia liberal.

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Hans Blumenthal¿Cómo se hace esto? En primer lugar, es necesario disponer del Gobierno, es decir, del poder Ejecutivo. La manera de lograrlo es ganar las elecciones con un programa de transformación social que diga apoyarse en el pueblo (los de abajo, los maltratados, los desposeídos, la palabrería es infinita) con el objetivo de devolverle el poder hurtado por los ricos y poderosos.
Aquí da igual aparentar ser de derechas o de izquierdas, porque hoy en día cualquiera puede dirigirse mesiánicamente al ciudadano y decirle que todos, menos él, son malvados y buscan explotarlo. Una vez se tiene el poder Ejecutivo (y, si se vive en un régimen parlamentario, también el Legislativo) corresponde denunciar ser víctima de una persecución por parte de los jueces.
Esta acusación permite acosar al poder Judicial, aprobar leyes que reduzcan o eliminen su independencia y poner al líder en posición de proponer una reforma de la Constitución. O una Constitución nueva. Sin un poder Judicial (y un Constitucional) que denuncie o invalide las reformas y con un Legislativo sumiso, reformar la Constitución es algo sencillo y sumamente útil para, con la apariencia de mantener la democracia, desmontarla desde dentro en nuestro interés.
El resultado final es un nuevo modelo (populista, iliberal, como se quiera llamar) que aparenta ser una democracia, donde hay elecciones, pero donde los límites al poder, el pluralismo y, en última instancia la libertad, han desaparecido. No es ciencia-ficción. Es su país. Y el mío. Y tantos otros. Es la orgía de los tiranos y aprendices de tiranos que vemos cada día en televisión aplaudidos por hordas de asnos convencidos de su propia genialidad.
