Entre los más recientes logros alcanzados en Cartagena para la atención a personas con movilidad reducida, se destaca sin lugar a dudas la adecuación de la Playa 5 en Bocagrande, un espacio que se convierte en referente nacional de inclusión social.
A pesar de ser la primera ciudad turística de Colombia, la Heroica ha convivido por años con falencias en el manejo de sus playas, con una infraestructura de servicios limitada para los usuarios, pero especialmente para esas personas que por sus condiciones físicas no podían contemplar el plan de “arena, mar y sol” entre sus posibilidades recreativas.
Con el propósito de superar tales vacíos, en los últimos años se han dado pasos significativos para el reordenamiento de playas y su acondicionamiento, procurando hacer más cómodo y placentero su disfrute por parte de cartageneros y turistas, como Playa Azul, en La Boquilla, pero lo logrado recientemente en esta zona de Bocagrande, recuperada con los trabajos de Protección Costera, y gracias a las intervenciones realizadas por el Distrito a través de Distriseguridad, generan grandes impactos que la ubican ya como la mejor playa de Colombia.

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Hans BlumenthalNo es una playa exclusiva para personas con discapacidad, pero su equipamiento con rampas, senderos especiales, sillas anfibias, baños adaptados y la atención personalizada que ofrecen los brigradistas, representa para este sector de la población local y visitante una especie de oasis marino.
La experiencia de la Playa 5 es la primera en Colombia, replicada inicialmente en Puerto Mocho, Barranquilla; muy seguramente se extenderá a otras regiones del país, sumándose a los avances que en ese campo registran algunas ciudades turísticas de México, Chile y Uruguay, en Latinoamérica.
En simultánea con los esfuerzos que lidera el director de Distriseguridad, Jaime Hernández Amín, para garantizar acceso en condiciones de autonomía, y confortabilidad, con estándares que aseguren un desplazamiento fácil y seguro a las personas con movilidad reducida o con discapacidad, se genera en esta playa una oferta amplia para la comunidad en general, que el pasado puente festivo incluyó actividades deportivas, culturales, lúdicas, y hasta el amanecer dominical con una sesión de yoga a cargo de la profesora Natalia Lequerica.
Reconociendo que se trata de una experiencia inclusiva icónica, que impacta positivamente a la ciudad y proyecta una oferta atractiva como destino turístico, los buenos resultados no se deberían quedar en la satisfacción del deber cumplido por parte de sus promotores; pensar en grande implica que Cartagena no puede conformarse con una sola muestra de playa inclusiva, sino que esta se debe convertir en el espejo que se refleje a corto y mediano plazo buena parte del litoral costero de la ciudad.
*Escritor y asesor en comunicación política y de gobierno.